La procuradora socialista, Patricia Gómez Urbán, negó el saludo en 2022 a Carlos Pollán en el Pleno de constitución de las Cortes de Castilla y León ICAL
De los desplantes a los besos
En el primer pleno de esta legislatura cada cual ha empezado a representar su papel: PP y Vox, el de socios inevitables. El PSOE, el de partido que todavía no ha decidido si prefiere aparentar o acertar.
La sesión constitutiva de las Cortes de Castilla y León ha dejado algo más que la foto inaugural de la legislatura.
Sobre todo, la primera gran escenificación del entendimiento entre PP y Vox y el allanamiento del terreno para un pacto de gobierno que, vista la aritmética parlamentaria, no debería hacerse mucho de rogar más allá de la cita electoral en Andalucía.
Lo ocurrido este 14 de abril en el hemiciclo no ha sido solo un reparto de cargos, sino el preludio bastante nítido de una alianza de poder que aquí, como también en Aragón y Extremadura, parece escrita por los números.
La clave política de verdad estaba en la Mesa. Y ahí PP y Vox hablaron con una claridad mucho mayor que en sus declaraciones posteriores.
El acuerdo previo entre ambos permitió aupar al popular Francisco Vázquez a la Presidencia de las Cortes, y situar a Carlos Menéndez en la Vicepresidencia Primera y colocar a Susana Suárez en una de las secretarías, dos puestos para Vox.
Asistimos, pues, a la primera escenificación del entendimiento entre populares y voxistas.
En román paladino: el pleno de constitución ha allanado el terreno para un pacto de gobierno entre PP y Vox, aquí y también, por pura necesidad matemática, en territorios como Aragón y Extremadura.
No deja de tener gracia que, al abrir la sesión, José María Eiros recurriera a Pericles para recordar, en boca de Tucídides, que no es el debate el que impide la acción, sino el hecho de no ser instruido por el debate antes de que llegue la hora de la acción.
La cita era impecable. Y quizá también involuntaria: a la vista de cómo se repartió la Mesa, había decisiones que no necesitaban ya mucha discusión en el hemiciclo porque venían bastante habladas de casa.
Especial relevancia tiene la votación de la Secretaría Primera de las Cortes. Ese puesto recayó, de forma inopinada, en el secretario de Organización del PSOECyL, Daniel de la Rosa, cuando por pura lógica parlamentaria debería haber acabado en manos del PP.
¿Qué ocurrió? Que los populares habían contemplado todos los escenarios, incluida la jugada de que el Grupo Mixto presentara un candidato propio y, con votos prestados del PSOE, pudiera birlar a Vox una de las tres secretarías.
Por eso el PP prefirió curarse en salud y mantener el plan pactado con Vox incluso cuando finalmente no hubo candidaturas alternativas: cedió seis votos a Susana Suárez para blindar su elección y aceptó como daño colateral que Daniel de la Rosa se quedara con la Secretaría Primera. La operación da una idea bastante precisa del nivel de desconfianza que existe en el entorno de Mañueco hacia el PSOE.
Es decir, el PP estaba dispuesto incluso a regalar al PSOE un puesto más vistoso del previsto con tal de evitar cualquier eventual cambalache de última hora entre socialistas y Grupo Mixto que perjudicara a Vox y descosiera el acuerdo. Eso revela una certeza política: los populares no se fían ni un pelo del PSOE cuando hay poder institucional en juego.
Y es ahí donde la mañana adquiere una segunda lectura, más plástica, casi costumbrista. Porque el hemiciclo ha ofrecido una imagen radicalmente distinta a la de 2022, y no solo por las mascarillas. Entonces hubo un mal rollo pospandémico formidable; esta vez, en cambio, todo ha transcurrido en un clima de normalidad casi sorprendente.
Conviene recordarlo. En la constitución de las Cortes de marzo de 2022, varios procuradores del PSOE negaron reiteradamente y con vehemencia el saludo al entonces presidente de Vox, Carlos Pollán, durante la promesa del cargo y en la entrega de medallas.
Fue una escena bochornosa, impropia de la cortesía parlamentaria más elemental, que retrataba bien el cordón sanitario emocional con el que los socialistas querían envolver a Vox.
Hoy, en cambio, todo ha discurrido sin incidentes, con saludos, cordialidad e incluso besos cruzados entre socialistas y voxistas. A los del PSOE se ve que ya no les repelen tanto los que durante años tacharon de fachas.
Y no deja de tener su ironía. Después de una legislatura entera en la que PP ha denunciado que PSOE y Vox han coincidido en más de cien votaciones, la solemnidad de la sesión constitutiva ha servido para visualizar que entre unos y otros ya no queda ni rastro de aquel aspaviento moral de 2022.
La hemeroteca vuelve a ser cruel: donde antes había desplantes, ahora hay sonrisas; donde antes algunos fingían escándalo institucional, ahora se reparten cortesías.
También cambió el tono en los detalles: un Vox más aclimatado ya a la política autonómica de Castilla y León. Entonces, los procuradores de Vox juraron “por España”. Esta vez han jurado sin más, como es tradición en la Cámara. UPL, en cambio, mantuvo su liturgia habitual: alusión a la autonomía leonesa y rechazo de la medalla, que a estas alturas ya no sabemos si acaba en un cajón, en un archivo o en el cielo de las medallas.
La Cámara, además, presume de más color femenino que nunca. Las nuevas Cortes están integradas por 82 procuradores, con 39 mujeres y 43 hombres, lo que dibuja un hemiciclo mucho más equilibrado y con una composición inédita hasta ahora. Pero ni siquiera ese dato, llamativo en sí mismo, evita que una de las imágenes más reveladoras de la mañana vuelva a estar en el PSOE.
Carlos Martínez se ha estrenado como jefe de la oposición dejando una imagen bastante elocuente de sus equilibrios internos, pero también de su escasa consistencia. El 10 de abril aseguró que el PSOE no presentaría candidato a la Presidencia de las Cortes; cuatro días después, proponen sorpresivamente a Nuria Rubio.
Un cambio de criterio tan rápido no contribuye precisamente a proyectar seriedad ni fiabilidad, y vuelve a situar al PSOE de Castilla y León en esa incómoda impresión de improvisación y volantazo permanente.
Rubio ha terminado encumbrada a la Vicepresidencia Segunda de la Mesa, mientras Daniel de la Rosa, secretario de Organización del PSOE, se ha tenido que conformar con la Secretaría Primera.
No deja de llamar la atención que la procuradora leonesa haya obtenido el puesto de mayor rango de los dos, precisamente el mismo escalón institucional que ocupó en la pasada legislatura Ana Sánchez, predecesora del burgalés en el organigrama socialista.
Los puestos de la Mesa se mueven en el entorno de los 95.000 euros brutos al año. Una responsabilidad muy bien remunerada, desde luego, como para que pase desapercibido que Nuria Rubio haya quedado por encima orgánicamente de Daniel de la Rosa en el reparto.
Queda por ver si en esa decisión han pesado más los equilibrios orgánicos del nuevo PSOE, donde la influencia de Javier Alfonso Cendón sigue siendo evidente, o los criterios de paridad.
O quizá para equilibrar el sacrificio femenino que el PSOE llevará a cabo en el Ayuntamiento de Soria, huérfano tras la marcha de Martínez. Entre los invitados al pleno estaba el que será nuevo alcalde de Soria, Javier Antón. O, mejor dicho, quien lo será a fuerza de hacer dimitir a una concejala para que corra la lista. Un detalle ilustrativo del momento interno que vive el PSOE y de la naturalidad con la que el aparato administra sus relevos. Todo muy democrático.
Así que la primera fotografía de la legislatura deja varias certezas. La primera, que PP y Vox han empezado a comportarse como socios inevitables y que el acuerdo de gobierno parece cuestión de tiempo.
La segunda, que el clima en las Cortes ya no se parece en nada al de 2022: donde hubo desplantes, hoy hay besos; donde hubo demonización, ahora hay trato ordinario; donde algunos fingían espanto moral, hoy reina la normalidad.
Y la tercera, quizá la más reveladora, es que el PSOE sigue empeñado en desacreditarse solo, faltando a su palabra, exhibiendo sus jerarquías internas y confirmando por qué inspira tan poca confianza en sus adversarios.
En política, un pleno constitutivo sirve también para repartir papeles. Y en el primero de esta legislatura cada cual ha empezado a representar el suyo. PP y Vox, el de socios inevitables. El PSOE, el de partido que todavía no ha decidido si prefiere aparentar o acertar.