El papa León XIV observa en el centro de migrantes "Las Raíces", en San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, Islas Canarias, España, el 12 de junio de 2026, donde se reúne con migrantes y organizaciones humanitarias, en el marco de un viaje apostólico de siete días a España, con visitas a Madrid, Barcelona y las Islas Canarias.
Empecemos sólo con un ejemplo: Nigeria es, estadísticamente, el lugar más peligroso del mundo para ser cristiano. La violencia no es solo un conflicto religioso, sino una compleja mezcla de terrorismo, tensiones étnicas y disputas por recursos: grupos armados, incluyendo milicias de pastores fulani y grupos terroristas como Boko Haram e ISWAP (Estado Islámico), realizan incursiones en aldeas cristianas. Estas acciones suelen implicar el incendio de iglesias, la quema de cultivos —dejando a las comunidades sin sustento— y asesinatos selectivos. En este 2026, se han documentado masacres donde han muerto más de 200 personas en un solo ataque, utilizando armas que van desde machetes hasta fusiles de asalto.
Además de la violencia terrorista directa, existen países donde la persecución es institucional y sistémica, dificultando cualquier expresión de la fe, como Eritrea, Somalia o Sudán.
No, no, Santidad, la “dignidad humana” no es infinita: hay quien tiene más, y hay quien ni siquiera la tiene. Simplemente, en este mundo real, es más una cantidad fija a repartir entre todos: a veces, toca muy poca… o nada.
Apelar al concepto de “dignidad humana”, en el mundo real, para apoyar fenómenos como la inmigración ilegal masiva en Europa, es un ejercicio muy peligroso.
Y a alguien le ha tocado tener poca o ninguna, sin más rodeos. Si nadie prueba lo contrario, tanto la dignidad como la falta de ésta está repartida uniformemente entre todo el mundo. Se esté donde se esté, o se venga de donde se venga.
De entrada, los negreros de los barcos que dejan muchas veces los cayucos cerca de la costa, parece que, como mínimo, se las han dejado toda toda al salir de su casa.
Y en los emigrantes que llegan, también los hay que andan algo escasos de ella, salvo prueba contraria de cómo se reparte. Ejemplos de “migrantes” que han dado ejemplos de ello, hay multitud… aunque las autoridades quieran mirar hacia otro lado para no ver el problema.
Y entre los que estamos aquí y los recibimos, también los hay que andan algo escasos de ella, desde los que hacen simple trata de blancas hasta los que hacen mano de obra casi esclava de los que no vienen preparados para la sociedad en la que van a estar.
E incluso entre nosotros, la "indignidad humana" también se practica, que no se dude: y, como muestra, un simple botón, que habría muchos…
La situación laboral en los muelles y centros logísticos de Ámsterdam (y en las zonas industriales circundantes, como el puerto de IJmuiden o los nodos de distribución de Schiphol) ha sido objeto de investigaciones y denuncias por parte de sindicatos y organismos de derechos humanos en los últimos años. Desde ahí, nos llegan productos que consumimos a diario.
El modelo que describe no es estrictamente "esclavitud" en términos legales clásicos, sino una forma de explotación laboral severa y precariedad extrema facilitada por la subcontratación en cascada. Fraude y explotación similar a la practicada con los inmigrantes, contra europeos por derecho.
Y todo esto se mezcla: desde algunos migrantes y sus descendientes que no se dejan asimilar por las nuevas sociedades en las que están hasta quienes estando “de origen” siguen tratando de abusar de los más desvalidos. Todo un mundo para la sociología.
Esa dignidad, escasa, que no da para todos, tan uniformemente distribuida, tan sumamente falta en según quienes casi independientemente del mundo en que se esté…
Y esa moralina de quienes defienden “ir al mar para salvar a los migrantes” dado que los europeos somos, simplemente, todos, indignos de ser humanos y les damos un trato indigno, simplemente no se sostiene: somos capaces de practicar esa misma “indignidad” entre nosotros mismos, a la mínima que no se vigile o consienta.
Cuando organizaciones humanitarias como Open Arms, SOS Méditerranée con el Ocean Viking, o Salvamento Marítimo Humanitario con el Aita Mari argumentan la obligación moral y legal de rescatar, se les olvida muy convenientemente que están apoyando el aumento del nuevo tráfico de esclavos de esta época. Al final, tras la buena o mala fe detrás, es un trabajo autoasumido, y, ¿quién cuestiona el derecho al trabajo?
Santidad: mal ejemplo de dignidad humana, el elegido en sus discursos…
Pero, claro, usted pertenece a otro mundo.