León XIV pronuncia un discurso en el Salón de las Columnas durante el acto de bienvenida oficial al Sumo Pontífice en el Palacio Real.
El Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid ha sido el escenario de un encuentro histórico y de un profundo diálogo institucional. En el arranque de su visita oficial a España, Su Santidad el papa León XIV y Su Majestad el rey Felipe VI han protagonizado este mediodía un intercambio de discursos complementarios, entrelazando las raíces espirituales de la nación con los desafíos del siglo XXI. Ha sido una mañana marcada por la llamada a la concordia, la mística cristiana y una lúcida reflexión sobre el impacto de la tecnología.
El monarca español ha abierto el acto con calidez, recordando los lazos del Pontífice con el idioma español. Ha destacado la "enorme labor social" de la Iglesia y ha hecho una firme mención al dolor causado por los abusos, subrayando que estos "ni son, ni pueden ser, representativos de la inmensa comunidad eclesial" y valorando la claridad del Papa como pilar esencial en el proceso sanador.
El Rey ha conectado este humanismo con el presente tecnológico, rememorando la formación científica del obispo de Roma. Ha citado la encíclica "Magnifica Humanitas" y ha advertido que la inteligencia artificial no puede ser monopolio de unos pocos, exigiendo mantener a la persona en el centro, "jamás reemplazada, jamás subyugada o coaccionada por ningún algoritmo". Para el monarca, en tiempos de incertidumbre, la dignidad humana debe ser nuestro "número primo", sosteniendo la aritmética de la libertad y la justicia.
León XIV ha tomado el testigo, centrando su discurso en un mensaje inclusivo y universal. Ha enraizado su alocución en los casi dos mil años de tradición cristiana de la península, vinculando la primera evangelización a la predicación del apóstol Santiago. Desde ese origen, ha reivindicado a España como un territorio forjado en la convivencia interreligiosa, evocando a Alfonso X el Sabio y su Escuela de Traductores como "lugares de mediación entre lenguas, religiones y saberes". Con este espíritu, ha invitado a abandonar las narrativas divisivas, abrazando una "apreciación fecunda de la complejidad".
Alineándose con la mención real a los místicos españoles, el Pontífice ha profundizado en su legado mediante sentencias literales. Ha apelado a San Juan de la Cruz y la "noche dichosa", a Santa Teresa de Jesús y su Castillo Interior, y a San Ignacio de Loyola, quien "prefirió la paz a las armas y los santos a los poderosos".
El Santo Padre ha mirado hacia el mañana, ligando el concepto de la juventud al porvenir europeo: "Veo aquí una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y fundamental. Es el regalo que el viejo continente puede hacer al mundo si quiere permanecer joven. Pues joven es quien siente que tiene un futuro y una misión que aún interpelan". Ha exhortado a "apreciar la complejidad", huyendo de los enfoques identitarios que "pueblan el mundo de fantasmas y enemigos".
Esta vitalidad se ha hecho patente tras los discursos. Durante su salida en el papamóvil, el pueblo de Madrid y multitudes llegadas de toda España han arropado al Pontífice con entusiasmo. Juntos han hecho retumbar las consignas que se seguirán oyendo durante la visita: “¡Papa León, te queremos mogollón!” y “¡Papa León, te queremos un montón!”. Una muestra de cariño que transmite gran frescura y cercanía.
El cruce de discursos ha trazado una brújula clara. Al invocar la vocación de una Europa que quiere permanecer joven, el mensaje papal se ha unido a la defensa real de los derechos fundamentales en la era digital. Este encuentro confirma que, al apostar por una Europa vital, abierta a la complejidad y fiel a su historia, nuestro continente tiene el regalo de ofrecer al mundo un horizonte de esperanza. Con este diálogo y la herencia común como guía, España y Europa reafirman su misión de trabajar unidas por la paz, la libertad y la dignidad de cada persona.