La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, durante su rueda de prensa de este miércoles en Bruselas
La Unión Europea, en crisis
La crisis que atraviesa la Unión Europea en 2025 no se mide solo en cifras económicas o en debates diplomáticos. Se mide en la incertidumbre de millones de ciudadanos que ven cómo la guerra en Ucrania, la tensión con Estados Unidos y la fragilidad interna del proyecto europeo afectan a su vida diaria. La encrucijada de Europa es, ante todo, una cuestión humana.
La guerra que se siente en casa
Aunque el conflicto en Ucrania se libra a miles de kilómetros, sus consecuencias se perciben en cada hogar europeo. El miedo a la escalada militar, los ciberataques que afectan a servicios básicos y la llegada de refugiados recuerdan que la paz no es un concepto abstracto, sino una condición indispensable para la vida cotidiana. Las familias europeas viven con la sensación de que la seguridad ya no está garantizada.
La fragilidad económica y sus rostros
La inflación y el crecimiento débil no son solo indicadores macroeconómicos: son la dificultad de llegar a fin de mes, la renuncia a proyectos vitales y la angustia de quienes ven cómo sus ahorros pierden valor. La crisis económica europea se refleja en la mirada de los jóvenes que retrasan su emancipación, en los trabajadores que encadenan contratos precarios y en los mayores que temen por sus pensiones.
La desconfianza política
El auge de populismos y euroescepticismo no es un fenómeno abstracto: es la expresión de ciudadanos que sienten que las instituciones no les escuchan. La fragmentación política se traduce en parálisis institucional, pero también en frustración social. La crisis de confianza es, en última instancia, una crisis de representación: millones de europeos dudan de que Bruselas pueda responder a sus problemas
Conclusión
La crisis de la Unión Europea en 2025 no es solo geopolítica ni económica: es profundamente humana. Europa debe decidir si quiere ser un proyecto que protege a las personas o un entramado institucional que se pierde en sus propias tensiones. La respuesta marcará no solo el futuro del continente, sino la vida de millones de ciudadanos que esperan que la Unión vuelva a ser sinónimo de esperanza.