El Papa León XIV reza el Ángelus desde el balcón de su despacho con vistas a la Plaza de San Pedro.

El Papa León XIV reza el Ángelus desde el balcón de su despacho con vistas a la Plaza de San Pedro. Efe

Paz: un propósito muy lejano

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Aún resuenan los ecos de las palabras del papa León XIV pidiendo una paz desarmada y desarmante, cuando entre la nebulosa de los chascarrillos de las campanadas, nos despertamos con el asalto de Trump (cristiano no denomicial y antiguo presbiteriano) al palacio de Miraflores. Autoproclamado aspirante al Nobel de la Paz, cuyo curriculum es haber bombardeado 7 países en menos de un año (Venezuela, Nigeria, Irán, Irak, Siria, Somalia y Yemen) e iniciado una guerra económica mundial con los aranceles. No debemos olvidar la frase de Eduardo Galeano: "Cada vez que Estados Unidos "salva" a un país lo convierte en un manicomio o en un cementerio".

Soy de la generación que creció aprendiendo lo que eran la Convención de Ginebra, la ONU y los Derechos Humanos. La vida, posteriormente nos ha mostrado continuas violaciones de lo propuesto por estos convenios y organismos. Lo que en la práctica los convierten en papel mojado. Hoy el mamotreto de Derecho Internacional es un buen recurso como papel higiénico. Cuando Putin invade Ucrania unos se quejan y otros lo amparan. Sin embargo, cuando Trump ataca Venezuela y secuestra a su "presidente" (fijensen en las comillas) las protestas van a la inversa. Es una consecuencia del relativismo y del olvido del significado matemático del valor absoluto. No somos nada ecuánimes. Lo que está mal, está mal ya sea en Kiev o en Caracas. Mal Hamás por provocar y mal Netanyahu con una respuesta desmedida.

Viendo las reacciones internacionales, se acercan nubes muy negras de una gran tormenta. Los nuevos "payasos de la tele", y aspirantes a longevos centenarios con ayuda de la tecnología, Trump, Putin y Xi Jinping, no me hacen ninguna gracia. Y tengo la sensación de que este triunvirato de gerontócratas se ha repartido el mundo. En su primer bocado, Putin se va a quedar con Crimea, Donbás, y gran parte de Donetsk y Lugansk. En una peligrosa nueva adaptación de la invasión de los Sudetes por Hitler. ¿Se conformará con eso? No lo creo. Tampoco lo hizo el cabo y mediocre pintor y escritor alemán.

Trump de momento accede al control del petróleo de Venezuela, y se olvida de momento del viejo lema de Roma no paga a traidores, repitiendo los errores de Irak (Sadan Hussein) y Afganistán (Bin Laden). Es curioso que la viajera Delcy, y su voluminoso equipaje, estuviera en Rusia durante el ataque norteamericano. Y que alguien de dentro hubiera informado previamente de los detalles a los asaltantes. Blanco y en botella. Los exiliados venezolanos han pasado de la alegría inicial a poner cara de convidados de piedra ante el gatopardismo de los EEUU. Ahora, el chico (79 años) del tupe y amigo de Epstein insiste en Groenlandia.

Xi Jinping sigue avanzando en la colonización económica de África y quiere Taiwan. Isla que cada vez tiene más boletos para ser la protagonista no deseada de la próxima invasión internacional.

Mientras en Europa estamos cogiéndonasla con papel de fumar. Aguantando injerencias en el espacio aéreo por parte de Rusia. Putin está jugando con la presa y aprendiendo nuestro tiempos y mecanismos de reacción. Hace tiempo que debiéramos haber actuado como Erdogan en 2015. La primera un aviso, la segunda derribo del Su-24.

El americano continua con sus bravuconadas acerca de Groenlandia y la OTAN, en su estrategia de mafioso de Atlantic City que le ha valido para sus negocios. Más un país no es una empresa. Aunque a veces haya que gestionarlo como tal.

Es cierto que hay que abogar por la paz. Aunque no es menos cierto que ante matones de patio, que sólo atienden a la razón de la fuerza, únicamente queda marcar terreno para no ser avasallado.

Cuando era más joven bailábamos a ritmo de Polanski y el Ardor, ¿Qué harías tu ante un ataque preventivo de la URSS?. Hoy debemos preguntarnos que vamos a hacer ante un ataque preventivo de Putin y/o Trump. No parece que lo tengamos muy claro. Y ellos sí, pues siguen jugando con el ratón, que como en la película Un puente lejano (1977), está atrapado en Arnhem. Mientras, la paz se ha convertido en un propósito muy lejano.