Imagen de Nicolás Maduro compartida por Trump.
Madura un nuevo orden internacional
Estados Unidos ha atacado Venezuela y ha capturado a Nicolás Maduro sacándolo del país junto a su consorte, con lo que, la primera potencia del planeta se suma a la actuación fuera del orden internacional, la que iniciara Rusia, con la invasión de Ucrania, y que es previsible ya que prosiga China invadiendo Taiwán, con lo que se delimita un nuevo orden internacional fuera de los pactos internacionales alcanzados tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial.
Woodrow Wilson, presidente demócrata de Estados Unidos tras la terminación de la Primera Guerra Mundial, declinó la propuesta de Inglaterra de repartirse el mundo por porciones. Por primera vez en la Historia, la primera potencia decidió no ocupar los territorios de los perdedores, con lo que no se convirtió en un Imperio sino en una Hegemonía política (el último imperio de la historia lo ha sido la URSSS).
Al propio tiempo, W. Wilson impulsó la creación de la Sociedad de Naciones (precursora de la ONU), impuso el derecho de autodeterminación de las naciones y la desaparición de las colonias, lo cual era coherente con el hecho de que Estados Unidos había sido colonia de Inglaterra, nación que, al finalizar la Primera Gran Guerra, mantenía su apetito colonialista.
Tras la conflagración, el mundo cambió algo con respecto al orden internacional imperialista que Europa había impuesto en el mundo. Años más tarde, finalizada la Segunda Gran Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones fraguó la creación de la ONU y el mundo pareció alcanzar un acuerdo globalista de mantenimiento de la paz.
Tras estos antecedentes, el presente nos muestra una dinámica muy diferente en el que la decadencia de Estados Unidos –continua siendo Primera Potencia pero no tan determinantemente desde el Great Awakening de China (llamémosle así)– y la pujanza de potencias no democráticas en derredor, determinan un nuevo reparto territorial del mundo, este determinado, a su vez, por el nuevo equilibrio de bloques que parece tener su dinámica si consideramos las necesidades de expansión de Rusia y la necesidad de China de expandirse por lo que actualmente no domina, esto es, el mar de China.
De alguna manera, minimizar el impacto de la invasión de Ucrania primero, y luego la invasión de Palestina, por parte de Israel, algo más local ciertamente, puede obedecer a la necesidad de justificar hacer lo propio por parte de Estados Unidos. Y el presidente ya ha amenazado invadir Canadá –país demócrata plenamente constituido como tal–, Méjico le queda al lado, y Latinoamérica forma parte de un continente que Estados Unidos no puede dejar en manos de China y Rusia. Es posible (no es seguro) que las tres naciones tengan un pacto tácito no verbalizado de respetar las invasiones territoriales que serían compatibles con las invasiones propias, de tal modo que, de esta forma, atendiéramos al derrumbamiento de la ONU como pacto de respeto a la autonomía de las naciones, por un nuevo orden internacional de reparto del mundo entre gigantes.
Woodrow Wilson fliparía si levantara la cabeza, pero Churchill quizás se daría cuenta de que había más leones dormidos a punto de despertar y que, por otra parte, no deja de ser una pesadilla que la colonia occidental del rey Jorge abandone los exquisitos principios de su constitución en 1776, de no injerencia en la política exterior, dejando a Europa, como ya parece, a expensas de la invasión de Rusia, y dando por sentado que permitiría esa ocupación si a Estados Unidos se le permite invadir el continente americano. Como he dicho antes, Taiwán se quedará sola frente a China y China dominará la parte Este del planeta más allá de Europa y más abjo de Rusia.
Una dictadura comunista en Venezuela, y el petróleo, sirven de pretexto para un ataque que muchos, incluidos los venezolanos, verán con buenos ojos, siendo obvio, por otra parte, que todo el mundo obviara, claro, que, si el pretexto es una dictadura, el planeta está lleno de ellas para ocupar.
Que Estados Unidos deponga a un dictador por la fuerza militar no es un medio legalmente justo, si bien tal cosa deviene incoherente con el hecho de que el presidente atacante no se enfrente militarmente a la más amenazante dictadura de todas, representada por China. Lo que prueba que esto ya no va de derecho internacional y legitimidad de una Organización de Naciones que ni está unida ni tiene peso específico ni fuerza coactiva (¿de qué nos vale un derecho internacional no coactivo?). Esto va de que hay grandes que se reparten el patio y que medianos y pequeños estaremos a expensas de la pelea de gigantes. Este plan, tan básico, que parece de discoteca de barrio, es el orden internacional que se avizora en el mundo, una muy mala noticia, que confirma la decadencia de la civilización europea nacida de la Ilustración por la ley del más fuerte.