Trump durante su intervención en el Trump-Kennedy Center. Reuters
El día en que el chavismo empezó a caer
El pasado 3 de enero, a las siete de la mañana, hora española, se produjo un hecho que ya había adelantado en un artículo previo para esta casa: el inicio del fin del régimen de Nicolás Maduro. Una operación de la Delta Force logró penetrar en Caracas con el objetivo de arrestar al dictador venezolano.
Según explicó el presidente estadounidense, Donald Trump, en su comparecencia ante los medios, Maduro estuvo a punto de escapar hacia uno de sus búnkeres antes de ser finalmente capturado por las fuerzas norteamericanas. Tras su detención, fue trasladado en helicóptero con los ojos vendados y los oídos tapados hasta Manhattan. Allí se le leyeron los cargos que pesan en su contra y, posteriormente, fue llevado en avión a Nueva York, donde permanece detenido en la cárcel de Brooklyn.
La cuidada escenografía organizada por la cadena CBS para mostrar al mundo la bajada del avión del exdictador no fue casual. Refleja con claridad el mensaje que Donald Trump quiso lanzar a la comunidad internacional: ningún ser humano está por encima de la ley y, por imposible que parezca, quienes cometen actos criminales acaban sentándose en el banquillo.
Sin embargo, el proceso de transición en Venezuela será largo y complejo. Aunque haya caído la cabeza visible del régimen, resulta evidente que aún queda por desmantelar toda la estructura chavista: sus jerarcas políticos, su entramado militar, judicial e institucional. María Corina Machado y Edmundo González son los gobernantes legítimos del país, pero entregarles el poder de forma inmediata sería un grave error.
Ese poder apenas duraría unos minutos. En cualquier momento podría producirse un nuevo golpe de Estado ejecutado por los resortes chavistas que todavía siguen activos. Los supuestos "manifestantes" que dicen apoyar a Maduro y exigen su liberación no son más que apesebrados que viven del régimen, es decir, de la sangre de las víctimas del chavismo.
Desde España, partidos como Podemos y el PSOE reclaman el cumplimiento de los derechos humanos mientras esgrimen como argumento los presuntos intereses petrolíferos de Estados Unidos en Venezuela. Sin embargo, Marco Rubio ha sido claro al afirmar que la intervención no responde al petróleo, recordando que "Estados Unidos tiene petróleo de sobra". Además, subrayó una obviedad que muchos prefieren ignorar: la venta de oro venezolano a China y Rusia, una práctica que fortalece a dos de los principales enemigos de las democracias occidentales.
Venezuela ha iniciado, por fin, su camino hacia la libertad. Será un recorrido lento y lleno de dificultades, pero confiemos en que pueda completarse sin un nuevo derramamiento de sangre.