Rosa Bernal en Plaza España.

Rosa Bernal en Plaza España. E.E

Zaragoza

Begoña, vendedora de palmas en Semana Santa: "Los tiempos han cambiado, son las abuelas quienes lo llevan por dentro"

Este 29 de marzo Zaragoza se llenará de palmas, tradición y dulces por el Domingo de Ramos.

Más información: La Semana Santa de Zaragoza provincia presume de personalidad y tradición: 12.300 cofrades y 60 cofradías

Zaragoza
Publicada

La Semana Santa empieza a asomarse tímidamente por las calles de Zaragoza. La ciudad ya comienza a transformarse en un escenario de cofrades, tambores y tradiciones que regresan, año tras año, con la fuerza de lo que nunca termina de irse.

Entre todas ellas, hay una que anuncia de forma inconfundible la cercanía del Domingo de Ramos: la venta de palmas decoradas, pequeñas obras cargadas de simbolismo, dulces y memoria.

La historia de esta costumbre hunde sus raíces en los primeros siglos del cristianismo. Según la tradición, el pueblo recibió a Jesús en su entrada en Jerusalén agitando ramas de palma como signo de triunfo y de honor.

Con el paso del tiempo, la Iglesia incorporó este gesto a la celebración del Domingo de Ramos, primero con palmas y ramas de olivo y, más tarde, como una costumbre especialmente ligada a los más pequeños.

En Zaragoza, esa tradición ya se deja ver. En enclaves como la plaza de España, varios puestos se han instalado y conforme avanzan los días, el trasiego de personas va en aumento.

Caramelos para decorar las palmas de Semana Santa.

Caramelos para decorar las palmas de Semana Santa. E.E

Sin embargo, son los mayores quienes mantienen viva la llama. Abuelas y abuelos que siguen sintiendo el Domingo de Ramos como algo propio y que no quieren que la tradición se pierda. “Los tiempos han cambiado, son las abuelas quienes lo llevan por dentro”, resume Begoña Beitia, una de las vendedoras de palmas.

Aun así, este símbolo continúa siendo capaz de unir generaciones. “Se decoran, por ejemplo, con caramelos, que son un incentivo para los niños”, explica Beitia. Y es que cada palma es distinta: algunas lucen chucherías, otras pequeñas figuras, flores o lazos.

Begoña Beitia en Plaza España.

Begoña Beitia en Plaza España. E.E

Pero detrás del adorno hay también un trabajo artesanal y una logística que no siempre se ve. Begoña se instala cada año en Zaragoza durante una semana para vender estas palmas, elaboradas tanto en la capital aragonesa como en Elche, una de las cunas de esta tradición. “Yo no las hago, pero aquí también se confeccionan y se trenzan”, explica.

En cuanto al precio, varía en función del tamaño y la decoración. Las más sencillas rondan los cuatro euros; las más grandes y elaboradas pueden alcanzar los 15.

Desde 1995

Unos metros más adelante se encuentra Rosa Bernal, otra veterana de esta cita con Zaragoza. Lleva desde la década de los 90 regresando a la ciudad para vender palmas y vivir de cerca estos días. Lo hace, dice, por convicción y por sentimiento. “Soy cristiana y vivo el Domingo de Ramos con mucha emoción”, cuenta.

Pero no solo para en la capital aragonesa, también recorre distintos municipios del entorno. “Estos días he estado viajando por Aragón”, relata.

Rosa reconoce que las ventas marchan bien, aunque el verdadero impulso llega cuando se acerca la fecha señalada. “Los últimos días siempre se vende más”, explica. Entonces llega el momento culminante: el Domingo de Ramos, cuando el pulso de la jornada se acelera y ella se traslada a la plaza del Pilar, uno de los epicentros de la celebración.

Es ahí, entre familias, niños y ramas adornadas, donde la tradición alcanza su plenitud. “Es el día de vivir la experiencia con ilusión y de ver a los niños y niñas contentos con los dulces en las ramas”, asegura.

Zaragoza, de mientras, sigue preparándose para una de sus semanas más reconocibles. Las palmas vuelven a abrirse paso como cada primavera, a través del hilo invisible que une fe, costumbre y recuerdos de infancia.