Pilar y Javier dibujan un corazón con sus manos tras colocar el pañuelo rojo al Torico en el inicio de las Fiestas de La Vaquilla de Teruel Europa Press
Teruel estalla de emoción y amor en las Fiestas de la Vaquilla: el Torico ya luce su pañuelo rojo
Miles de personas han abarrotado la plaza del Torico para dar el pistoletazo de salida a las Fiestas de la Vaquilla.
Más información: Pilar y Javier se enamoraron en la Vaquilla de Teruel hace 35 años y hoy son los protagonistas de las fiestas: "El broche de oro"
Hay instantes capaces de detener el tiempo. En Teruel, uno de ellos llega el sábado de la Vaquilla, cuando miles de miradas convergen en la pequeña figura del Torico y la plaza contiene la respiración durante apenas unos segundos. Es el momento en que un pañuelo rojo asciende entre aplausos, emoción y tradición para anunciar que la ciudad vuelve a entregarse a sus fiestas más queridas.
Este año, el reloj marcó a las 16.30 horas el comienzo de una nueva Vaquilla bajo un sol implacable. Después de dos ediciones en las que la lluvia quiso ser protagonista y obligó a desafiar paraguas, chubasqueros e incertidumbres, el calor se adueñó de la plaza del Torico. El cielo, limpio y azul, acompañó una jornada en la que el único chaparrón fue el de los aplausos y los gritos de alegría de una multitud entregada desde mucho antes del mediodía.
Entre ese mar de pañuelos rojos, cánticos y emoción, Pilar y Javier escribieron una página que ya forma parte de la memoria colectiva de la ciudad. No eran unos protagonistas cualquiera. Hace 35 años, estas mismas fiestas cruzaron sus caminos por primera vez.
La Vaquilla los presentó cuando eran jóvenes y, desde entonces, la vida de ambos ha girado siempre alrededor de este fin de semana de julio. Lo que comenzó entre música, cuadrillas y calles abarrotadas terminó convirtiéndose en una familia. Hoy, el destino les devolvía al mismo escenario donde empezó todo.
Minutos antes, puntual a las 16.30, la alcaldesa de Teruel, Emma Buj, al grito de “Que bote Teruel, que bote Teruel”, hacía sonar el campanico del Ayuntamiento para dar el pistoletazo de salida a las fiestas de la Vaquilla.
Tras el repique del campanico, el pañuelo emprendió el camino a través de la calle Los Amantes y hacia la plaza del Torico. Ahí lo esperaban Pilar y Javier. A su alrededor, miles de personas seguían cada movimiento con el corazón acelerado, y se convirtió en una explosión de júbilo cuando el pañuelo quedó anudado al cuello de la escultura.
Como no podía ser de otra forma en la ciudad de Los Amantes, Pilar y Javier se fundieron en un beso en lo alto del Torico. Entonces, estalló la plaza. Volaron los abrazos, los cánticos, el vino y la alegría. La ciudad volvía a reconocerse en uno de esos rituales que, año tras año, consigue emocionar como si fuera la primera vez.
“Es una locura, una nube. Un amor eterno hacia toda la gente de Teruel. Me he acordado de toda la familia, de los que están, los que no. No hay palabras para describir este sentimiento”, contaba Pilar, en los micrófonos de Aragón TV nada más bajar del Torico.
No era únicamente un gesto simbólico. Era la confirmación de que la tradición sigue encontrando nuevos protagonistas sin perder su esencia. Pilar y Javier no solo colocaban un pañuelo; también cerraban un círculo que comenzó hace tres décadas y media entre el bullicio de una Vaquilla cualquiera, sin imaginar que algún día serían ellos quienes darían el pistoletazo de salida a la fiesta más esperada por todos los turolenses.
La plaza del Torico volvió a convertirse en el corazón de Teruel. Allí donde generaciones enteras han celebrado, reído, cantado y compartido recuerdos, comenzó una nueva edición de la Vaquilla del Ángel. Desde ese instante, la ciudad cambió de ritmo. Las peñas abrieron de par en par sus puertas, las charangas tomaron las calles y el sonido de la fiesta se extendió por cada rincón del casco histórico.
Porque hay tradiciones que se explican con palabras, pero solo se comprenden cuando se viven. La puesta del pañuelo es una de ellas. Es el instante en que Teruel se mira a sí misma, celebra lo que fue y abraza lo que está por venir. Y este año, bajo un intenso sol de julio y con la historia de amor de Pilar y Javier como símbolo de una fiesta capaz de unir destinos, el Torico volvió a lucir de rojo para recordar que, una vez más, la Vaquilla ya está en la calle.