Ignacio Lacosta.
Ignacio Lacosta, el español que trabajó con Ridley Scott y se gana la vida en Hollywood: "Es una industria subvencionada"
El zaragozano es experto en efectos visuales, ganó un Goya con Eva y ha trabajado en series como Galerías Velvet y El Barco.
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El mundo del cine está rodeado de un aura de glamour, un brilli-brilli celestial que más que pisar, flota sobre una alfombra roja como si de la Vía Láctea se tratara.
La cara visible son las estrellas, los actores y actrices; de vez en cuando también hay algún director que puede llevarse una entrevista. No obstante, este mundillo es como un iceberg: solo se ve un 10%, el 90% restante permanece oculto, sumergido bajo el mar.
En ese 90% de lo que rodea una película entre maquillaje, guión, vestuario, atrezo y sonido también están los muy necesarios efectos visuales; y ahí, en los VFX (de Visual Effects o Efectos Visuales) con más de 25 años de experiencia encontramos a un zaragozano.
Ignacio Lacosta (Zaragoza, 1973), es supervisor senior de efectos visuales en XReality Studios. Cuenta con más de 60 proyectos en cine y ficción para la industria española, europea y estadounidense. Hollywood tiene algo que siempre despierta la atención.
Ganó el Goya a los Mejores Efectos Visuales por Eva (2011) y este fin de semana vuelve a aparecer en la ceremonia con Tierra Baja, en la que ha participado en el color.
Ignacio nos atiende desde Islandia por videollamada. Está cansado y aún le queda trabajo por delante, "estamos a menos 4 días para empezar". Están grabando una película (Hólmavík, próximamente en cines) y la cuenta atrás, más que unas campanadas de fin de año, son un tik-tak de una bomba de relojería.
Nos hace un hueco para charlar sobre cine, pero su carrera profesional antes de trabajar con Hollywood, comenzó por otros derroteros.
Lacosta empezó en los años noventa haciendo infografías para arquitectos en Zaragoza. "Los tiempos eran antidiluvianos. Un render podía tardar horas y horas", recuerda. Aquellos trabajos fueron su escuela técnica. Poco después fundó su propia empresa y entró de lleno en la publicidad.
Llegó a participar en más de 300 anuncios, algunos tan populares como campañas de la Lotería de Navidad "hice como siete calvos" o el de la campana de Balay que succiona a un pajarito, "que ganó varios premios".
Comienzo en el cine
El salto al cine, a finales de los noventa, no fue tan épico como podría parecer. "Cuando empezamos ya habíamos hecho 300 o 400 spots. Para nosotros era más complejo producir ciertos anuncios que una película con pocos planos de efectos", afirma.
De hecho, en aquel momento los presupuestos publicitarios para efectos visuales superaban con frecuencia a los del cine español. "Los productores todavía no entendían por qué había que invertir tanto en VFX".
Con el tiempo llegaron las series, la consolidación del sector y proyectos cada vez más ambiciosos. El reconocimiento llegó en 2012, cuando subió al escenario a recoger el Goya por Eva. Aquel premio marcó un antes y un después. "Más que cambiar mi carrera, cambió la percepción. Te coloca en el mapa y te da una cierta autoridad para defender decisiones", admite.
¿En qué consiste exactamente su trabajo? Lacosta lo explica con sencillez: "Diseñamos y supervisamos todo lo que no existe, pero tiene que parecer real". A veces se trata de crear entornos digitales completos; otras, de borrar elementos, extender decorados o integrar efectos invisibles. "El mejor efecto visual es el que no se nota. Si el espectador lo detecta, algo ha fallado", como en el iceberg, la clave está en lo que no se ve.
Sin embargo, el problema de los VFX no siempre es técnico, a menudo es de planificación. "Un efecto puede estar perfectamente ejecutado, pero si no se ha pensado bien desde el rodaje, no encaja. Muchas veces el fallo no está en el ordenador, sino en cómo se ha planteado la escena", señala. El público, además, tiene el ojo cada vez más entrenado. "Consumimos muchísimo audiovisual. La gente sabe cuándo algo no funciona".
En los últimos años se comenta que en algunas películas los efectos son peor que los de hace una década. Lacosta no rehúye el debate. "En la industria hablamos de un triángulo: tiempo, dinero y calidad. Solo puedes elegir dos. Si quieres calidad con poco tiempo, necesitas mucho dinero. Si no tienes dinero, necesitas tiempo. Las tres cosas a la vez no existen", el cine es un auténtico show, y el espectáculo no se da solo en la pantalla, el juego de malabares comienza mucho antes.
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Un show en el que participan muchas (muchas) personas, y requiere muchos (muchos) recursos. "Es una industria que está subvencionada, fuertemente subvencionada, esa es la verdad", afirma con naturalidad.
Las plataformas necesitan alimentar sus catálogos y las salas siguen programando estrenos, “Hay que llenar muchas horas porque hay demanda", explica. Y plantea una posibilidad: "Pero a lo mejor no hay que hacer 200 series y películas al año; igual hay que hacer 80, no lo sé".
Por otro lado, las plataformas han alterado los calendarios. "Antes una película podía estar meses en salas. Ahora las fechas de estreno son inamovibles y la postproducción se comprime. Si tienes ocho semanas para terminar todos los efectos, son ocho semanas", explica. Esa presión, admite, puede afectar al resultado final.
Un tik-tak, tik-tak agobiante que se transforma en campanadas cuando llegan los reconocimientos. Barcelona repica este fin de semana con los Goya.
En su categoría, los efectos visuales comparten premio con los efectos especiales físicos, una herencia de cuando lo digital apenas tenía presencia. "El glamour va con los actores y es lógico, pero hay muchísima gente imprescindible que no sale en la foto", reflexiona el profesional. Directores de producción, equipos de arte, sonido, maquillaje, montaje.... "Sin ellos no hay película".
Proyección internacional
En su trayectoria figuran colaboraciones nacionales e internacionales con nombres conocidos (de esos que están en el 10% del iceberg): Ridley Scott, Michael Fassbender, David Victori, William Levy, Kike Maíllo, Ramón Campos, Manuel Uribe, Julio del Álamo y un largo etcétera.
Entre esas colaboraciones un proyecto vinculado a Ridley Scott en 2015. "Fue un experimento curioso”, explica. El director catalán David Victori ganó un premio en el Festival de Venecia cuyo impulso incluía la producción de una miniserie por parte de Scott y Michael Fassbender.
De aquel reconocimiento nació Zero, una miniserie de cuatro capítulos cortos que puede verse en YouTube y en la que el equipo de Lacosta se encargó de la parte de efectos visuales. "Estuvimos en Londres y en Los Ángeles presentando el proyecto. Fue una experiencia muy enriquecedora", resume.
¿Cómo es trabajar con los americanos? "No es muy distinto, España es de los pocos países donde se rueda exactamente igual que en Los Ángeles", afirma.
La estructura de rodaje, los partes diarios, los call sheets y la dinámica de los equipos técnicos son prácticamente idénticos. "Eso no pasa en Francia o en Italia, e incluso en Reino Unido hay diferencias. Aquí utilizamos el mismo sistema que en Estados Unidos, y por eso cuando vienen a rodar se sienten muy cómodos. En el set todo funciona igual".
La diferencia, matiza, está en el mercado. "En Estados Unidos tienes 300 millones de espectadores potenciales. En Europa cada país es un mundo. Las películas viajan menos". Esa fragmentación condiciona presupuestos y ambiciones.
Pese a su proyección internacional y sus trabajos con Hollywood, los destellos de las estrellas no le han cegado ni hipnotizado. Lacosta mantiene su base en Zaragoza. La ciudad aspira a convertirse en polo audiovisual y él participa activamente en ese impulso. "Hay muchísimo talento en Aragón. Si conseguimos traer rodajes y crear infraestructuras estables, puede florecer una industria potente", asegura.
La industria del cine puede parecer un territorio inalcanzable, reservado a unos pocos elegidos. Hollywood se percibe como un lugar lejano y competitivo, y desde fuera cuesta imaginar que alguien que ha estudiado Comunicación Audiovisual en Zaragoza, por ejemplo, pueda terminar trabajando en grandes producciones internacionales.
Sin embargo, no es misión imposible, la trayectoria de Ignacio Lacosta lo demuestra. Más de dos décadas en la industria, proyectos dentro y fuera de España, premios y colaboraciones internacionales... es la prueba de que el origen no determina el techo.
Eso sí, no hay varita mágica (y eso que él se dedica a los efectos especiales). "El secreto es el esfuerzo, se habla mucho de formación, pero saber no lo es todo, hay que esforzarse, dedicarle tiempo... si tienes capacidad de esfuerzo, tienes el 50% del trabajo hecho", explica.
Asegura que él sigue aprendiendo cada día, que cada película plantea retos nuevos y que muchas veces se enfrenta a problemas que no sabe cómo resolver hasta que se sienta a estudiarlos. "Aprender es sencillo; lo que cuesta es dedicarle tiempo. De conocimientos se habla mucho, pero del esfuerzo que hay detrás, poco. Y sin ese esfuerzo no hay carrera que aguante".
Lacosta fue de Zaragoza a las estrellas, y ahora como Senior Visual Effects Supervisor (en inglés suena más glamouroso) pone su granito de arena para que las estrellas brillen en Aragón.