Manifestación del Sindicato Médico por el Estatuto Marco.

Manifestación del Sindicato Médico por el Estatuto Marco. CESM-CV

Salud

El acuerdo de Sanidad con los médicos de la Comunitat reabre la pugna por la representación sindical de los sanitarios

CESM reivindica avances históricos para los médicos mientras que UGT denuncia propaganda y alerta de un agravio para el resto de categorías.

Más información: Los profesionales sanitarios de la Comunitat Valenciana, nuevamente divididos por razones políticas y no laborales

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“Saña, envidia o animadversión hacia el colectivo médico”. Con estas palabras define el secretario general de CESM-CV (Sindicato Médico de la Comunitat Valenciana), Víctor Pedrera, el comunicado hecho público ayer por UGT respecto a los acuerdos alcanzados por los facultativos con la Conselleria de Sanidad dirigida por Marciano Gómez (PP). Un acuerdo que “no merma los derechos ya adquiridos por otros colectivos sanitarios”, como celadores, auxiliares, enfermeros o administrativos, que es donde UGT tiene su representación.

El contracomunicado de UGT al acuerdo del Sindicato Médico es el principal síntoma de una guerra sindical soterrada durante años, pero que empieza a dibujar el escenario de la próxima batalla de representación en la sanidad pública valenciana. De un lado, CESM-CV se presenta como un sindicato profesional que habla exclusivamente por los médicos y que exige condiciones laborales acordes con la responsabilidad asistencial, la sobrecarga y la fuga de profesionales. Del otro, UGT se reivindica como una organización generalista, de clase (de izquierdas), con implantación en múltiples categorías de la sanidad y que libra una batalla mayor, contra cualquier gobierno autonómico del PP.

El choque se venía cociendo desde hace tiempo. Las últimas grandes movilizaciones del sector sanitario en la Comunitat Valenciana ya mostraron una fractura nítida entre sindicatos profesionales y sindicatos generalistas. CESM-CV ha insistido en que los médicos quedan sistemáticamente fuera de las grandes plataformas de protesta y de los discursos que articulan CCOO, UGT o Intersindical cuando se habla de sanidad pública. Para el sindicato médico, esa exclusión no es accidental, sino una prueba de que las prioridades de los facultativos no siempre coinciden con las del resto del personal. Para UGT, en cambio, el problema es el contrario: los acuerdos específicos para médicos corren el riesgo de romper el equilibrio entre categorías y de mejorar a unos a costa de dejar intactas las carencias estructurales del sistema.

CESM-CV defiende que el acuerdo suscrito con la Conselleria el pasado 17 de julio supone uno de los mayores avances logrados por la profesión médica en décadas. Entre sus ejes, el sindicato subraya la implantación de la jornada ordinaria de 35 horas de lunes a viernes, una nueva regulación de la guardia del sábado como guardia de 24 horas con descanso posterior, la limitación progresiva de agendas, mejoras en Atención Primaria y Hospitalaria, cobertura de ausencias, gestión compartida de la demanda, apertura progresiva de Puntos de Atención Continuada de 24 horas y medidas específicas para los MIR.

Para los médicos, no se trata de un gesto cosmético, sino de una corrección largamente esperada en un sistema que ha exprimido al facultativo durante años. “No es un acuerdo para echar cohetes porque es algo que se debería haber firmado antes. No haber tenido la jornada de 35 horas en la Comunitat Valenciana era claramente una discriminación, pero ahora la Consellera lo ha aceptado y debemos congratularnos”, dice Pedrera.

UGT responde con un diagnóstico radicalmente distinto. A su juicio, el acuerdo no aporta cambios estructurales reales, sino que convierte en novedad lo que ya estaba reconocido por ley, pactado en acuerdos previos o derivado de resoluciones judiciales. El sindicato subraya que la implantación de las 35 horas formaba parte del Acuerdo del Siglo XXI firmado en 2022, y que la regulación de guardias y descansos ya estaba prevista en la normativa desde hace años.

Sin embargo, ese acuerdo alcanzado en 2022 por los sindicatos de clase con el entonces Gobierno de Ximo Puig (PSOE-Compromís-Podemos) y rubricado por la socialista Ana Barceló, introducía la jornada laboral de lunes a sábado, perjudicial para los médicos que no tenían el sábado una guardia pagada de 24 horas, sino de 17 horas, entre otras cosas.

Por esta razón, el CESM-CV habla desde la fatiga del colectivo médico, desde la sensación de haber sido invisibilizado en el debate sanitario y desde la convicción de que sin mejores condiciones laborales no habrá manera de retener a los profesionales ni de sostener la asistencia.

UGT, por su parte, habla desde la lógica de la sanidad como sistema colectivo, en el que cualquier acuerdo que privilegie a una categoría puede percibirse como un gesto de desequilibrio frente a enfermeros, auxiliares, celadores o administrativos, que también cargan con la presión diaria de una red asistencial tensionada. A esto se añade que el sindicato afín al PSPV-PSOE no se "congratula" de ningún acuerdo alcanzado con una Conselleria en manos del PP, y menos a un año de las elecciones sindicales, sino también de las autonómicas.

El contexto electoral da aún más sentido a este pulso. En las elecciones sindicales anteriores, SATSE se impuso en la representación de la sanidad valenciana con 100 delegados, mientras UGT sumó 83, CCOO 90, CSIF 89, CESM-CV 64, Intersindical 59 y SIMAP 20. Ese reparto confirma que la sanidad valenciana no vota como un bloque homogéneo, sino como un mosaico de intereses profesionales donde el voto médico se organiza de forma distinta al de enfermería o al del personal de gestión y servicios. En ese tablero, cada conflicto tiene una lectura inmediata: quién capitaliza el malestar, quién logra parecer más útil y quién consigue convertir una negociación sectorial en una bandera de fondo.

Por eso la pelea actual importa más allá del acuerdo concreto. La sanidad valenciana entra en una fase en la que la representación sindical ya no se mide solo por la capacidad de firmar un texto, sino por la habilidad de construir relato. CESM-CV quiere ser el altavoz de una profesión que se siente desbordada y que reclama reglas propias. UGT quiere evitar que una negociación singular con los médicos se convierta en un precedente que desarme la defensa del resto de categorías.