Gema Payà con un grupo musical en la Albufera para 'Valencians sobre rodes'.

Gema Payà con un grupo musical en la Albufera para 'Valencians sobre rodes'. À Punt

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La joya verde de la Comunitat Valenciana que enamora en bici: 15 km de huerta, horchata y templos del 'esmorzaret'

'Valencians sobre rodes' se adentra en la Vía Xurra, un antiguo trazado ferroviario convertido en el edén del turismo lento y la gastronomía.

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El alicantino acostumbrado a pedalear entre las escarpadas sierras del sur y las rutas costeras de la Costa Blanca al llegar a las llanuras infinitas de l'Horta Nord valenciana siente un impacto inmediato: el paisaje aquí no se eleva, sino que se extiende plano, verde y fragante. Gema Payá descubre con el programa de À Punt Valencians sobre rodes una ruta llana, luminosa y cargada de historia: la Vía Xurra.

Esta escapada verde de 15 a 16 kilómetros conecta la capital del Turia con Puçol, discurriendo sobre los raíles de un pasado ferroviario fascinante y adentrándose en el corazón de la huerta más fértil de la región.

Para entender esta ruta, primero hay que conocer su curiosa historia. El camino que hoy recorremos en bicicleta nace del antiguo trazado del ferrocarril de la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón, inaugurado en 1901 para conectar Valencia con Calatayud a través de Teruel. La cabecera original del tren se situaba en la hoy desaparecida Estación de Aragón (inaugurada en 1902), obra del arquitecto Joaquín María Belda Ibáñez, quien la diseñó con un elegante estilo clasicista.

Pero, ¿de dónde viene su singular apodo? Vulgarmente, a esta estación se la conocía como La churra. En la ciudad de Valencia, se apodaba cariñosamente "churros" a aquellas personas procedentes de zonas del interior que no hablaban valenciano. Como la gran mayoría de los viajeros de esta línea procedían de Aragón y Teruel, el tren y su vía acabaron adoptando ese popular nombre.

La estación de Aragón fue finalmente demolida en 1974, dando paso a la actual avenida homónima, mientras que la vía ferroviaria dejó de funcionar definitivamente en 1985. Hoy, convertida en un idílico paseo cicloturista de asfalto y tierra compactada, es una de las rutas más transitadas y queridas de España por su cercanía a la capital.

El recorrido propuesto por Valencians sobre rodes es una lección de vida, esfuerzo y tradición que comienza en el pintoresco Puerto de Catarroja, cuna del mítico allipebre y la vela latina. Tras pedalear hacia la capital, el viajero se adentra de lleno en la Vía Xurra y en l'Horta Nord, descubriendo paradas obligadas como la Ermita de Vera y el centenario restaurante El Famós, un histórico refugio de agricultores situado entre acequias.

Siguiendo el trazado, el aroma a chufa nos guía hasta Alboraya, donde es imprescindible saborear una horchata artesanal. Un poco más adelante, en Meliana, emerge el majestuoso Palauet Nolla, célebre por sus mosaicos cerámicos que fascinaron al mundo entero en el siglo XIX.

La ruta continúa atravesando pueblos de l'Horta Nord como Foios, la cuna del goleador de la final del Mundial Ferran Torres, Albalat dels Sorells, Almàssera, Museros, la Pobla de Farnals y Rafelbunyol. Entre campos de cítricos y hortalizas, el viaje nos invita a desviarnos ligeramente hacia El Puig de Santa Maria para contemplar su monumental Monasterio, erigido en 1240 por Jaume I tras la histórica batalla de la conquista de Valencia.

El broche de oro de este itinerario industrial y marinero se sitúa en el Puerto de Sagunto. Allí, bajo la imponente sombra del Alto Horno número 2, un gigante de hierro de 60 metros de altura, y la decadente belleza de la Ciudad Jardín de la Gerencia, se revive la época dorada de la siderurgia que transformó este litoral en un coloso industrial.

El templo del 'slow food'

Un buen cicloturista sabe que no hay ruta completa sin un buen esmorzaret o una comida memorable para saborear la gastronomía local. En la Vía Xurra, la parada gastronómica sagrada se realiza en el barrio de Roca, en Meliana. Aquí, dos establecimientos tradicionales han abanderado la reivindicación de la huerta, dándole la espalda al asfalto para mirar de frente a los campos que los nutren.

Ca Pepico: Este emblemático local, capitaneado por los hermanos Pep y Ana Ferrer, comenzó en la década de 1920 como un pequeño colmado de ultramarinos que regentaban sus abuelos, Carmen y Pepico.

Con los años, pasó de servir porrones de cerveza y cacahuetes a convertirse en una institución de la cocina tradicional valenciana. Su menú es un tributo a la honestidad culinaria: un soberbio esgarrat, titaina, croquetas de bacalao, verduras frescas recién recolectadas y unos arroces tradicionales memorables. "No somos de kilómetro cero, somos de metro cien", presume Pep con orgullo.

'Napicol': Dirigido por Chemo y Ana, este restaurante se encuentra rodeado por cuatro hanegadas de huerto propio y una parcela de hierbas aromáticas que perfuman sus platos con lavanda, salvia, menta y tomillo.

En su frondoso patio, dominado por una gigantesca morera que regala una sombra perfecta al atardecer, se pueden degustar guisos tradicionales, hamburguesas de sepia, albóndigas de vaca vieja y espectaculares paellas de sepia, rape y trigueros. Además, los jueves y viernes por la tarde, el espacio se llena de vida con pequeños conciertos de blues y rock al aire libre.

La Vía Xurra destaca por su dificultad muy baja y su perfil totalmente llano, lo que la hace ideal para disfrutar con niños y en familia. De hecho, si se viaja con los más pequeños, una opción excelente es pedalear hasta la estación de Rafelbunyol (completando unos 12 kilómetros de ruta) y regresar cómodamente a Valencia utilizando la línea 3 de Metrovalencia.

La conexión con la vía más larga

Pero para aquellos ciclistas que busquen un desafío mayor, la Vía Xurra ya no es un camino aislado. Gracias a las recientes inversiones de la Generalitat Valenciana, se ha completado la esperada conexión entre la Vía Xurra y la Vía Verde de Ojos Negros, la más larga de España.

A través de un nuevo tramo de 8 km entre Albalat dels Tarongers y Sagunto (que incluye un túnel y una espectacular pasarela de arco atirantado de 30 metros de metal y madera) y una conexión de 7,4 km mediante caminos rurales hasta Puçol, se ha consolidado un itinerario continuo de 215 kilómetros hasta Teruel.

Esta cifra asciende a unos espectaculares 285 kilómetros de ruta ininterrumpida si sumamos la conexión con el antiguo ferrocarril Santander-Mediterráneo hasta Murero (Zaragoza). Se trata, sin lugar a dudas, del trazado ciclopeatonal sobre antiguas líneas de tren más largo de todo el país.

Una escapada imprescindible que demuestra que, a veces, para descubrir horizontes infinitos y sabores de siempre, solo hace falta coger la bicicleta y dejarse llevar por el espíritu del slow mood en el corazón de l'Horta Nord.