El núcleo deshabitado de Llombai, situado en el municipio de Vall de Gallinera.
El pueblo fantasma que se puede visitar con 15 casas vacías desde los años 60: una sola calle y una fuente con tres chorros
El municipio llegó a tener alrededor de una quincena de viviendas y carece de iglesia y cementerio propios, al depender de Alpatró.
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Visitar lugares abandonados siempre atrae una mezcla de curiosidad, miedos y muchas preguntas, teniendo a veces como única respuesta el paso del tiempo.
En pleno interior de la Marina Alta, en la Vall de Gallinera, queda un rincón detenido en el tiempo, un pequeño núcleo rural que hoy parece más un recuerdo que un pueblo.
Con apenas una calle, una quincena de casas y una fuente de tres chorros junto al antiguo lavadero, la localidad de Llombai quedó casi vacío a partir de los años 60 y terminó de deshabitarse oficialmente en 1977, cuando murió su último vecino.
Lejos del bullicio de la costa, Llombai conserva la huella de la vida sencilla que lo sostuvo durante décadas. Sus casas de piedra, algunas ya en ruinas, se alinean sobre una franja mínima de terreno, mientras el paisaje de montañas y bancales lo envuelve todo con una belleza serena, especialmente en primavera, cuando florecen los almendros y los cerezos.
Un despoblamiento lento
La historia de Llombai se resume en la ida paulatina de vecinos, hasta quedar reducido totalmente al silencio. Según las referencias turísticas y periodísticas disponibles, el abandono comenzó en los años 60, cuando sus habitantes fueron marchándose a núcleos cercanos con más servicios, como Alpatró, sin dejar de trabajar las tierras.
El pueblo llegó a tener alrededor de una quincena de viviendas, organizadas en una sola calle, y carece de iglesia y cementerio propios, al depender de Alpatró. Ese aislamiento, unido a la falta de servicios, fue empujando a la despoblación hasta convertirlo en un lugar casi fantasma.
La fuente como corazón
Si hay un punto que resume el alma de Llombai, ese es su fuente con tres chorros. Junto al lavadero y la antigua almazara, forma el pequeño conjunto más reconocible del pueblo y el espacio que mejor conserva la memoria de lo que fue la vida cotidiana allí.
Alrededor de la fuente todavía se percibe la relación entre agua, huerta y subsistencia que marcó la vida de la aldea. El agua sobrante se conducía hacia los cultivos cercanos, una muestra de aprovechamiento tradicional que hoy añade valor patrimonial al conjunto.
Mito y silencio
Como ocurre con muchos despoblados, Llombai también arrastra su cuota de misterio. Durante años estuvo ligado a la figura de Stefan Gregor, el último habitante del pueblo, un personaje de pasado opaco que murió allí en 1977 y que alimentó todo tipo de relatos en la Vall de Gallinera.
Esa mezcla de abandono, paisaje y leyenda ha convertido a Llombai en una parada llamativa para quienes buscan rutas con historia en el interior de Alicante. Hoy, además de su valor etnográfico, forma parte de un paisaje más amplio que invita a recorrer la Vall de Gallinera con calma, entre patrimonio rural, senderos y floraciones de temporada.