Un campo de alcachofas en la Vega Baja, en imagen de archivo.

Un campo de alcachofas en la Vega Baja, en imagen de archivo. Asociación de Alcachofas de la Vega Baja.

Vega Baja

La realidad oculta de los trabajos forzados en el campo de Alicante: "Amenazan de muerte a sus familiares"

La asociación FIET denuncia que cada vez reciben más casos de trata con fines de explotación en hombres.

Más información: Asensio, el sargento que libera víctimas de trata en Alicante: "La Guardia Civil es su última esperanza"

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En las fincas agrícolas de la provincia de Alicante se oculta una preocupante realidad propia de otro siglo y desconocida para la mayoría de ciudadanos.

Los casos de trabajos forzados en el sector agrícola siguen siendo una pesadilla que envuelve a personas vulnerables, en muchos casos migrantes, engañadas por organizaciones que las retienen amenazadas tras prometerles un empleo que termina convirtiéndose en un encierro.

Si bien la explotación y la trata son más habituales y conocidas por la sociedad en su vertiente de explotación sexual, el campo alicantino también es un punto negro donde los tratantes ocultan a sus víctimas para someterlas a interminables jornadas bajo el sol.

Muchos de ellos conviven en condiciones tercermundistas en naves industriales, donde viven hacinados con otras víctimas y perciben salarios ínfimos.

Esta fue la situación que se encontró la Policía Nacional de Alicante a finales de 2025, cuando destapó el caso de un grupo de jornaleros migrantes en situación irregular en España que estaban siendo explotados laboralmente en fincas agrícolas de Villena.

Allí, los migrantes trabajaban sin contrato por entre 50 y 70 euros al mes y tenían que dormir en colchones y colchonetas ubicados en dos naves industriales, donde fueron localizados una docena de afectados.

Pese a la gravedad de este tipo de casos, Carolina Lara, coordinadora de FIET, asociación que lidera un teléfono de ayuda pionero y gratuito que ofrece asistencia en más de 200 idiomas para víctimas y ciudadanos que detecten indicios de explotación, asegura que "son más comunes de lo que parecen".

"Estas cosas pasan en Alicante y en todas las provincias. Este tipo de casos son comunes en este sector y en muchos otros; aunque nos imaginemos que son películas o que suceden en países muy lejanos, la realidad es que esto pasa constantemente. En nuestro teléfono de ayuda vemos este tipo de casos, y las estadísticas del Ministerio del Interior hablan de que cada vez hay más casos de trata con fines de explotación laboral en hombres", lamenta.

Engañado y vigilado

Uno de los casos más llamativos llegó a la asociación hace dos años. Fue el de un hombre latinoamericano que se había quedado sin trabajo a causa de la pandemia y consiguió lo que parecía ser un empleo en la agricultura.

Según relata Lara, el hombre llegó a la estación de tren, donde le estaban esperando. No desvelar la ubicación exacta del lugar al que van a trasladar a sus potenciales víctimas es uno de los métodos que utilizan los tratantes para confundirlas. Lo llevaron en una furgoneta y, al llegar, le pidieron el pasaporte.

"La retirada de la documentación es uno de los métodos de control más utilizados. El hombre no confió mucho y ahí ya vio señales de que algo no andaba bien desde el principio", comenta la coordinadora.

Al no querer entregar su pasaporte, la actitud del encargado cambió totalmente hacia él, volviéndose muy agresiva e incluso intentando forcejear para quitarle el documento.

"Las alarmas se le encendieron aún más y no lo entregó. Estuvo allí casi una semana intentando entender la dinámica, pero trabajando muchísimas horas durante todo el día. Dormían en espacios hacinados, en unas condiciones pésimas, sobre colchonetas en el suelo, y muchas de las personas que estaban allí hablaban diferentes idiomas. Eso le dificultaba mucho la comunicación con los compañeros para entender qué estaba pasando y si era normal", relata.

La organización lo tenía todo bajo control y contaba con turnos de vigilancia para impedir que salieran o accedieran a las zonas exteriores.

A pesar del férreo control, la víctima se fijó en los turnos de las personas que vigilaban y detectó pequeños intervalos sin guardias que le permitieron escapar.

Acabar con la esclavitud

Como muchas otras víctimas, el hombre acudió a la asociación para pedir asesoramiento y saber cuáles eran los siguientes pasos tras escapar de estas organizaciones, ya fuera para denunciar o para acceder a algún tipo de recurso. Incluso hay quienes contactan con FIET para saber cómo escapar de estos trabajos forzados.

La asociación FIET ha puesto en marcha una herramienta crucial en la lucha contra la explotación humana con su Teléfono de Ayuda contra la Trata (900 759 759), un proyecto que nace de un modelo internacional exitoso en países como Grecia o Sudáfrica y que ahora FIET opera y financia en España.

"La forma en la que contactan con nosotros varía mucho. Tenemos casos de personas en situación de trata que no tienen acceso a sus teléfonos móviles o que vienen de fuera con una especie de contrato y no tienen líneas telefónicas del país, por lo que es casi imposible que puedan contactar", explica Carolina Lara.

Pero la realidad es que, en muchos casos, sí conservan sus teléfonos móviles porque, como destaca la coordinadora, el mecanismo de control no se basa en cadenas físicas ni en un encierro total.

"La manipulación viene por otras vías: retirar la documentación, vigilancia constante del personal, cámaras de seguridad o amenazas de muerte a ellos y a sus familias. Al principio, la gente que tiene el móvil no se va porque tiene miedo. Pero cuando pierden el miedo, que suele pasar después de que la explotación es muy fuerte, el pago nunca llega y las promesas no se cumplen, entonces sí que pueden llamar", sostiene.

La respuesta integral que ofrece el servicio incluye la verificación de datos para alertar a las fuerzas de seguridad, atención psicológica y asesoría legal para las víctimas.

La mayoría de las llamadas que reciben son de víctimas de explotación sexual debido a la alarmante normalización de pisos y chalets prostíbulo que operan en la provincia, así como de la mencionada explotación en fincas agrícolas, aunque también les llegan casos de trata en la construcción, la hostelería, el montaje de ferias y otros sectores.

La trata no está vinculada a un oficio, pues "es ajena a un sector u otro", aunque, según aclara, la agricultura concentra buena parte de los casos porque "es más fácil esconder a una víctima que está encerrada que a una que está constantemente en la calle", concluye la experta.