Ignacio Guillem, en la sede de The Recirculars en Ibi.
I. Guillem (The Recirculars): “Nuestra solución es el radar de tráfico de la basura: solo paga quien contamina”
The Recirculars, ‘start up’ vinculada al Parque Científico de la Universidad de Alicante, integra siete patentes en una solución de pago por generación que convierte la bolsa de basura en dato verificable.
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Ignacio Guillem, CEO de la startup The Recirculars, ubicada en Ibi, ha diseñado un sistema tecnológico que permite seguir la fracción orgánica de la basura desde cada hogar hasta la planta de tratamiento, utilizando esferas trazadoras reutilizables, rayos X e IA.
El objetivo es conocer con datos fiables quién separa bien los contenidos orgánicos de su basura y quién los contamina, para aplicar bonificaciones o recargos en el recibo y hacer real el principio europeo de “quien contamina paga”.
The Recirculars fue fundada en 2019 por Guillem. Desde entonces ha desarrollado TR Recapture, una solución de economía circular que convierte la bolsa de basura en una fuente de datos trazable y verificable.
El sistema se apoya en nueve patentes registradas o en curso, de las que siete se integran en este modelo de pago por generación que abarca desde el diseño del contenedor inteligente hasta los equipos de clasificación en planta y el software de gestión.
“Es un proyecto sistémico”, resume Guillem, “va desde la naturaleza jurídica y las ordenanzas hasta todo el hardware necesario para completar el ciclo completo”. Su objetivo es claro: que los municipios puedan implantar tasas de basura diferenciadas, premiar al ciudadano que separa bien en casa y cargar el coste real a quien genera residuos mezclados.
El CEO de The Recirculars explica el espíritu de la herramienta con una metáfora: “Nuestra solución es como un radar de tráfico: no se ha hecho para multar a todo el mundo, sino para que paguen quienes van por encima de la velocidad permitida; aquí quien más basura mezclada genere es quien más debe pagar”.
Maqueta de todo el sistema TR Recapture a escala.
La clave es que, por primera vez, ayuntamientos y gestores disponen de medios técnicos para certificar qué hace cada unidad de generación -viviendas, restaurante, comercios, hoteles- con sus residuos, algo que hasta ahora impedía aplicar de verdad el modelo de pago por generación (PAYT).
Cómo funciona
El elemento principal de TR Recapture son unas esferas trazadoras con tecnología RFID, reutilizables y lavables, que el ciudadano introduce en su bolsa cada vez que deposita la fracción orgánica. “Nuestra solución va en tu mano, desde tu casa hasta la planta de tratamiento”, resume Guillem, que recalca un matiz central: “No trazamos a la persona; operamos sobre números, un número de catastro encriptado, que es el que nos va a dar esa trazabilidad”.
El circuito arranca cuando el Ayuntamiento implanta el sistema y el ciudadano se da de alta a través de una app o una tarjeta inteligente pensada para personas mayores sin teléfono móvil. A partir de ahí, el usuario acude a un dispensador automático situado en supermercados o edificios públicos, se identifica y recoge un número de esferas asignado según los parámetros que marque la ordenanza municipal para su unidad familiar.
“La idea era hacer algo mínimamente intrusivo en la vida del ciudadano”, explica el emprendedor. “Tú te llevas las bolitas a casa y cada vez que tiras el residuo orgánico metes una bolita dentro; ahí tenemos la trazabilidad”.
Ignacio Guillem explica el proceso.
Cuando el camión de recogida vacía los contenedores, un sistema de lectura detecta las esferas presentes en las bolsas y anota la participación de cada catastro encriptado. Esta primera capa de información es similar al conteo de aperturas de los contenedores inteligentes actuales, pero va un paso más allá al llegar a la planta.
Allí, las esferas actúan como “la matrícula del residuo”: se detectan de nuevo antes de que la bolsa entre en un escáner de rayos X gestionado por inteligencia artificial, que revisa peso, volumen y contenido para localizar impropios -pilas, envases, vidrio, pesticidas- que no deberían estar en la fracción orgánica.
Con esa información, el sistema emite un veredicto instantáneo: bolsa “OK” o “NO OK”. Si es “OK”, la bolsa se dirige directamente a procesos de biogeneración o compostaje, donde deja de ser residuo para convertirse en subproducto destinado a producir biogás, fertilizantes o compost de alta calidad.
Si el algoritmo detecta un impropio crítico —por ejemplo, una pila—, toda la bolsa se descarta para no contaminar el trabajo del resto de ciudadanos, y se clasifica como “NO OK”. En ambos casos, las bolsas se abren, las esferas se recapturan magnéticamente, se lavan en equipos diseñados por la propia empresa y vuelven al circuito a través de los dispensadores.
Educación y tasas diferenciadas
Cada vez que una bolsa asociada a su catastro se analiza en planta, el usuario recibe en su móvil una imagen del interior de la bolsa y un mensaje que le felicita o le advierte de que ha introducido residuos incorrectos, generando una especie de tutoría ambiental personalizada y continua. “Estamos realizando una educación ambiental acelerada a toda la ciudadanía”, subraya Guillem. “No esperamos que el ciudadano lo haga todo de manera gratuita; lo que queremos es que reciclar le salga a cuenta”.
Las máquinas de Recirculars a tamaño real.
El modelo económico se articula alrededor del principio europeo de que “quien contamina paga”, recogido en la Ley 7/2022 y en la Directiva 2018/851. Hasta ahora, los sistemas de identificación solo podían saber si alguien había abierto o no un contenedor, pero no si lo que dejaba dentro estaba bien separado.
Con la trazabilidad de las esferas y el análisis en planta, los ayuntamientos pueden por fin implantar tasas diferenciadas: bonificar en el recibo a quienes obtienen un alto porcentaje de bolsas “OK” y cargar los mayores costes a quienes aportan residuos mezclados.
Guillem defiende que, bien dimensionado, el sistema no debería suponer un sobrecoste para la administración ni para “quien lo hace bien”. “Nuestra solución hoy en día para el ayuntamiento no tiene que tener ningún coste; el que paga la factura es aquel que no quiere reciclar”, afirma.
Los estudios internos con escenarios de municipio tipo indican que, al alcanzar niveles de participación elevados, se generan ahorros significativos en tasas de vertido y tratamiento -más de 200.000 euros anuales en algunos modelos- que permiten reducir el recibo a los hogares cumplidores y, al mismo tiempo, incrementar la tasa para el pequeño porcentaje que persiste en no separar.
Para los gestores de residuos y las plantas de tratamiento, la propuesta abre un nuevo modelo de negocio asociado a la reposición, limpieza y recirculación de esferas, la automatización de la recogida y la mejora de la calidad de la fracción orgánica (FORSU).
Al llegar las bolsas con la orgánica bien separada, la fracción se vuelve más homogénea, con menos lixiviados y menos impropios, lo que reduce la necesidad de compactaciones extremas que generan problemas de corrosión, mantenimiento y seguridad en la flota de camiones.
En términos ambientales, la empresa subraya que la fracción orgánica representa el 42% en peso de los residuos municipales, por lo que su correcta separación y valorización es clave para cumplir los objetivos europeos de reciclaje y reducción de vertidos.
Al transformar la orgánica en recurso, disminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero como el metano, mejora la calidad del aire y se facilita la producción de biogás, electricidad o compost de alta calidad para usos agrícolas. The Recirculars se alinea así con la Agenda 2030 y los criterios ESG, al tiempo que ofrece a los municipios una solución homologable para evitar sanciones por incumplimiento normativo.
Parque Científico de la UA
El proyecto de Guillem está estrechamente ligado al ecosistema de innovación de Alicante. “Con el Parque Científico iniciamos colaboraciones y hasta el momento está siendo una experiencia interesante en todos los aspectos que hemos trabajado con ellos”, explica.
Desde 2019, The Recirculars ha utilizado las instalaciones y el entorno del Parque Científico de la Universidad de Alicante como laboratorio real para pruebas, validación de prototipos y desarrollo del cuadro de mando que visualiza en tiempo real indicadores como participación ciudadana, porcentaje de bolsas “OK/NO OK” o reducción potencial de residuos orgánicos enviados a vertedero.
Detrás de TR Recapture hay un proceso de I+D+i iniciado en 2020 que ha movilizado una inversión de 1,9 millones de euros y un equipo de 25 personas, incluidos perfiles especializados en electrónica, mecánica, inteligencia artificial y transformación digital para administraciones públicas.
La estrategia de fabricación de The Recirculars pasa por no producir internamente todos los componentes, sino licenciar sus patentes a empresas especializadas en cada ámbito -IA, rayos X, robótica, dispensadores- muchas de ellas radicadas en la Comunidad Valenciana. “No quiere decir que lo fabriquemos nosotros”, puntualiza Guillem.
“Involucramos a muchísimas empresas del tejido industrial, y donde vamos es a que esto también pueda generar muchísimos puestos de trabajo en su implantación”. La compañía ya ha licenciado algunas patentes no estrictamente necesarias para su línea principal y ha contado con apoyos públicos, como una ayuda del MITECO para construir y desarrollar el proyecto, mientras negocia la implantación con varios municipios, incluidos territorios insulares donde la gestión de la fracción orgánica es especialmente crítica.
Guillem se apoya en el precedente del sistema de retorno de envases implantado en Lituania en 2016, donde la tasa de reciclaje pasó del 34% al 74,3% en un año y al 91,9% en dos. TR Recapture aspira a replicar ese “efecto acelerador” sobre la orgánica y otras fracciones clave, logrando que los municipios puedan recorrer en pocos años el camino que, sin trazabilidad y sin incentivos económicos, llevaría décadas.
La Generalitat Valenciana apoya la difusión de contenidos informativos sobre los emprendedores y startups del Parque Científico de Alicante.