Jaime Martínez Valderrama y Jorge Olcina en la presentación del Atlas en Alicante.

Jaime Martínez Valderrama y Jorge Olcina en la presentación del Atlas en Alicante. M. H.

Economía

Jaime, científico del CSIC contra el "trasvase de agua para tirarla", frente a José, agricultor que critica la "guerra de tontos"

El debate en 2026 sobre el futuro del campo en España y Europa enfrenta posturas que alertan de la sobreexplotación y la defensa de la soberanía alimentaria.

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Alicante
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La gestión del agua en España tiene en la provincia de Alicante uno de sus campos de batalla más claros. Agricultores y científicos contraponen sus argumentos y se cruzan mensajes que van del "estás trasvasando para tirarla a la basura" a la necesidad de la "soberanía alimentaria de Europa" frente a terceros países.

"España no puede permitirse ignorar la desertificación". Con esta contundente afirmación se expresa en el Atlas de la desertificación de España uno de los mayores expertos del mundo, el alicantino Fernando Maestre. "Más del 70% de su territorio se encuentra en riesgo de sufrir procesos de degradación del suelo, y una parte significativa ya muestra síntomas preocupantes", recuerda.

Profesor universitario en Arabia Saudí, Maestre destaca en este trabajo que "es más urgente que nunca comprender la desertificación en toda su complejidad" en un entorno con "la presión sobre los recursos naturales y la necesidad de una transición ecológica justa".

Jaime Martínez-Valderrama, autor del mencionado atlas y miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Almería, es aún más contundente en sus mensajes. "Estamos en una forma de producir esquizofrénica, como prueba el desperdicio alimentario", por eso cree que el precio que tiene el agua "es demasiado bajo".

En ese análisis, señala que "la agricultura consume el 80 % de los recursos hídricos" y eso es porque "hay un peaje importante por una agricultura hecha para exportar".

Un punto que Maestre sabe bien y que ya popularizó en redes cuando presentó el precio de la sandía española en Alemania, donde también impartió clases, y que estaba a menos de un euro cuando se vendía aquí a tres. En la zona del sudeste español "nos quedamos sin agua para que en el extranjero tengan fruta y verdura barata. ¿Eso es lo queremos?", se preguntaba.

Ese debate no se cierra porque Almería, Murcia y Alicante, autoproclamadas la huerta de Europa, lo son efectivamente. Así lo recuerda José Andreu, presidente del sindicato agrario Asaja en Alicante.

José Vicente Andreu, esta semana en un campo de naranjas en la Vega Baja.

José Vicente Andreu, esta semana en un campo de naranjas en la Vega Baja. Laurine Maurice

"Ahora estamos en plena campaña de nuestras hortalizas, cuando está toda Europa congelada, somos los que nos encargamos de abastecerlos de verduras en periodo invernal, cuando en ninguna otra parte se puede hacer", remarca.

La guerra arancelaria abierta por Trump en los Estados Unidos recuerda la importancia de las estrategias comerciales entre países. Un factor que ahonda en lo que puso en evidencia la pandemia del coronavirus en 2020 con la dependencia de los suministros sanitarios de China. Y a eso se agarran los agricultores.

"Esa es nuestra gran ventaja, nuestra nuestro punto fuerte. Tenemos las condiciones de clima y suelo óptimas para producir alimentos", señala orgulloso Andreu. "Lo que pasa es que para conseguir esa soberanía alimentaria hay que concentrar la agricultura", añade.

El futuro de Europa

La Comunitat Valenciana está entre las regiones españolas con explotaciones agrarias más pequeñas y con mayor fragmentación de la propiedad. Eso se traduce en muchas parcelas de muy poca superficie y alto abandono de tierras. A pesar de ello, la agricultura tiene mucho peso en el sur de la provincia de Alicante y consigue ese éxito de la exportación.

Una salida también forzada, como apunta Andreu: "Hemos perdido el mercado americano, hemos perdido el mercado de Latinoamérica, prácticamente hemos perdido el mercado asiático, solo podemos vender nuestro producto en el mercado europeo".

Ahora la nueva propuesta de la Política Agraria Común, la PAC, aprobada en diciembre trata de simplificar la aplicación de la misma en el periodo 2023‑2027. Y en él, Bruselas promete que "la reforma introduce medidas para dar prioridad a las ayudas a las explotaciones agrícolas de jóvenes agricultores, pequeñas y familiares".

¿Y los trasvases?

Pero para eso hace falta agua. Y hay poca. La Confederación Hidrográfica del Segura indica que este diciembre el volumen almacenado se situaba en torno a 270 hm³ sobre una capacidad total de unos 1.140 hm³, es decir, alrededor del 23‑24 % de llenado.

¿Qué soluciones hay y qué plantean científicos y agricultores? La demanda de trasvases es una de las líneas prioritarias de la política de la Generalitat. Una que se encuentra con el freno que se impone desde la Moncloa a la llegada procedente del río Tajo, cada vez con un cupo más reducido.

Andreu se muestra especialmente duro en este tema que considera "un gran engaño político" en el enfrentamiento nada soterrado entre comunidades como Castilla-La Mancha y la Valenciana, lo que denomina "una guerra para tontos".

Jorge Olcina, catedrático en la Universidad de Alicante y presidente de la Asociación de Geógrafos Españoles, ve más fácil que se mantenga el que tiene lugar en la propia Comunitat Valenciana, el del Júcar al Vinalopó porque tiene "un consenso amplio, pero hacer los grandes viajes de agua lo veo difícil" aunque "el Tajo-Segura se mantendrá".

Solución: reutilizar

En lo que coinciden ambas partes es en la importancia de la reutilización del agua, un concepto casi desconocido para Europa. La Unión está estudiando nuevas formas de mantener el abastecimiento, especialmente en las grandes ciudades, y para eso está atenta a lo que se hace en la provincia de Alicante, líder en este concepto.

Andreu se muestra totalmente a favor de esta tecnología en la que "el agua se usa en las casas, se depura, se regenera y vuelve al ciclo". Por eso recalca que "la reutilización debe estar incluso por delante de la desalación. La reutilización hace que cada metro cúbico de agua tenga una mayor tasa de aprovechamiento".

Y en eso se está trabajando intensamente por parte de las empresas y las administraciones públicas con prometidas inversiones millonarias. Andreu confía en que eso se cumpla porque "luego llega un proyecto que se archiva y no se desarrolla por motivos simplemente políticos, no podemos tener ese comportamiento absurdo".

Como concluye Olcina, "el mundo es complejo también en lo ambiental y soluciones fáciles no va a haber, si no, vamos a vivir en la queja constante. No hay que tomar partido entre desaladoras y trasvase, van a hacer falta soluciones múltiples".