Ángel Hernández con su coche en Marruecos.

Ángel Hernández con su coche en Marruecos.

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El coche Frankenstein con el que dos hermanos de Alicante se enfrentaron al desierto de Marruecos

Ángel y Cristina Hernández compitieron en la carrera Maroc Challenge en un Renault 5 único con dos motores creado a base de ingenio.

14 abril, 2024 06:06
Alicante

El desierto de Marruecos no está hecho para todo el mundo. Tampoco los coches están pensados para surcar dunas, recorrer descampados, soportar rocas y aguantar el duro clima del norte de África. A pesar del tamaño de la empresa, dos jóvenes hermanos de Alicante crearon un vehículo único desde cero para poner a prueba sus habilidades y resistencia en la dura carrera Maroc Challenge.

Ángel Hernández, el piloto, y su hermana, Cristina, la copiloto, fueron los aventureros que decidieron participar en la competición para recorrer cerca de 2.000 kilómetros y atravesar Marruecos en seis etapas de más de ocho horas de duración cada una.

A diferencia de otros eventos que discurren cerca de zonas turísticas para conductores que buscan una forma alternativa de conocer el país, la Maroc Challenge, celebrada a finales de marzo, está más enfocada "para gente que quiera poner su coche y a ellos mismos a prueba", comenta Ángel.

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"Aquí te mandan a la frontera con Argelia donde no hay ni lagartijas, por eso mucha gente que va 'de paseo' sale decepcionada, pero yo voy por eso, porque no es un evento normal", confiesa el piloto.

Tierra, piedra y arena retan las habilidades de manejo y de mecánica de los participantes. "Eso es el desierto, no hay nada real, si hace viento, el camino se mueve y va desapareciendo. Tienes que saber por donde vas", añade.

El coche antes de ser modificado.

El coche antes de ser modificado.

Cualquier persona se refugiaría en un gran todoterreno para superar el desafío, o al menos intentarlo. Sin embargo, los hermanos alicantinos escogieron un Renault 5 con más de 100.000 kilómetros para competir en la categoría de turismos.

Ángel asegura que es un coche de la marca francesa, pero ni su anterior dueño reconocería su viejo vehículo tras pasar por el laboratorio y las operaciones a las que se sometió para ponerlo a punto.

El proceso le llevó a él y a su equipo, formado por dos amigos mecánicos, a transformar "un coche para ir a trabajar" en una especie de Frankenstein que monta dos motores y piezas de diferentes fabricantes bajo una pintura de mandalas hecha a mano en la chapa por su hermana.

Con el conocimiento adquirido de sus dos primeros intentos en pasadas ediciones, donde destrozaron los anteriores vehículos, le dieron vueltas y vueltas para "reforzar todos los elementos del coche".

"El proyecto fue muy apretado porque cogimos el coche en octubre. Trabajé todos los fines de semana desde las 8 de la mañana hasta las 19 horas, y después de trabajar hasta las 23 de la noche", recuerda.

El coche antes de partir a la prueba.

El coche antes de partir a la prueba.

La hazaña es aún mayor si se tiene en cuenta que Ángel no es mecánico, sino tornero fresador. Su afición por los engranajes surgió a los 16 años, cuando empezó desmontando motores de motos. A base de desarmar piezas y montarlas, fue adquiriendo los conocimientos que luego plasmó en su invento para la prueba.

El alicantino siempre ha tenido un ingenio fuera de lo común y desde niño ya creaba aviones de varios metros y ciudades sin haber salido del colegio. Aunque las aeronaves eran de papel y el urbanismo plasmado en la tierra solo podía ser disfrutado por hormigas, ya daba una idea de su creatividad.

El vehículo bimotor es su última obra. Dos motores de Renault alimentan un coche con dos cajas de cambios, doble embrague, tracción a las cuatro ruedas y que consume 35 litros a los 100 kilómetros. "No quería los dos motores todo el rato, por carretera pongo uno y cuando entras a un terreno que exige se puede encender el otro desde un botón", explica.

El coche tiene dos cajas de cambios y un sistema de electrónica propio.

El coche tiene dos cajas de cambios y un sistema de electrónica propio.

La creación tiene el diferencial y el puente trasero de Mercedes, la transfer de Suzuki, el embrague de un Ford Fiesta y la caja de cambio de un Ford Focus. Las piezas no están ahí por ser las mejores posibles, sino porque "era lo que había". "No me paga ninguna marca, si me sale una pieza de debajo de las piedras, voy a cogerla. El coche se adapta a la pieza y no al revés", resalta.

El competidor afirma que todo lo tuvo que hacer él. Las piezas las consiguió gracias al desguace Rufete de Alicante, adonde se dirigía hasta para examinar vehículos siniestrados en busca de algún elemento que aprovechar. "Se ha sacrificado mucho en calidad por culpa del tiempo, o lo hacíamos así o no llegábamos a Marruecos", señala.

Desafío en el desierto

Con el coche listo, empezaba la parte final del camino, competir junto a otros nueve coches en Marruecos. La parte de atrás del vehículo funcionó bien, el problema vino en la delantera. Desde la primera etapa comenzaron las dificultades. Una piedra que golpeó de mala manera en la varilla de cambios hundió el eje hacia arriba: "Justo dio donde no debía, si hubiera golpeado al lado, no hubiera pasado nada".

Al poco de comenzar, se vieron sin caja de cambios y sin nada con lo que repararlo a falta de cinco etapas. "Nos la vimos negras porque no te entiendes con la gente. Encontramos una caja de cambios, pero de camino al hotel reventó y no pudimos correr la segunda cita", cuenta.

Ángel reparando el vehículo.

Ángel reparando el vehículo.

La siguiente caja de cambios, también de cuatro velocidades y no de cinco como la que montaban, volvió a romperse en la tercera etapa al no tener la misma relación de velocidades y tener que soportar tanto esfuerzo.

La exigencia de la Maroc Challenge hizo que, como ellos, otros seis coches se rompieran y solo finalizaran cuatro. El piloto aficionado explica tan alto porcentaje de abandono por "el agresivo terreno, con zonas en las que si parabas de acelerar, te hundías en la arena y tenían que venir a sacarte". Además, afirma que era muy estresante física y mentalmente.

A diferencia de sus anteriores dos coches, que quedaron "como una servilleta", este piensa volver a exprimirlo el próximo año. El objetivo es que su invento pueda terminar, porque el mero hecho de hacerlo ya es un éxito para él.

"Ha sido muy duro, pero disfrutas del proceso. Arriesgas mucho y ganas poco, pero ver que lo que has creado funciona supera cualquier premio que me puedan dar", sostiene el alicantino, quien está profundamente agradecido a sus patrocinadores y a las personas que le han ayudado a hacerlo posible.

@rafasgarage Segunda parte de del R5 bimotor.al final del video lo arranca #therafasgaraje #mecanicos #talleres #garage #mecanicodeltiktok #renault #cochesclasicos #al ♬ sonido original - RAFA