Paco Sáez, cuando ganó el Goya al mejor corto de animación por 'Madrid 2120'.

Paco Sáez, cuando ganó el Goya al mejor corto de animación por 'Madrid 2120'. Cedida

Cultura

De un pueblo de Alicante a la cima del cine de animación: Paco Sáez desnuda la industria en un nuevo libro

El director de San Miguel de Salinas, ganador de un Goya y partícipe en éxitos como 'Tadeo Jones', combina biografía y manual técnico: "Ha sido una terapia".

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Alicante
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El niño nacido y criado en un pueblo del sur de Alicante se convirtió en un adulto que ganó el Goya al mejor corto de animación. Orgulloso de sus raíces en la Vega Baja, Paco Sáez cuenta en Diario de un dibujante cinematográfico el camino desde ver Mazinger Z en su casa hasta dibujar para éxitos del cine en España.

El objetivo de este libro es claro: ayudar a los que vendrán después. "Si puede servir para generaciones futuras, gente que se quiera dedicar a esto para saber un poco por dónde tienen que ir", cuenta a EL ESPAÑOL.

Así satisface la necesidad de reunir "todo lo que he estado haciendo durante todos estos años". Para él, este libro representa un "legado" y una "pequeña recopilación de lo que he sido capaz de poder hacer".

Escribir esta obra no ha sido un camino sencillo. Sáez confiesa que el proceso ha tenido un fuerte componente emocional. "Reabres cosas de tu infancia, incluso del mundo profesional, que no te gustan nada", admite.

Para el director, poner estos recuerdos por escrito "ha sido para mí también una terapia". En el libro, relata momentos en los que pensó que los ánimos del joven que sale de Alicante y llega a Madrid para hacer cine se desvanecerían.

"Piensas que es el final de todo, el fin de tu ilusión", recuerda sobre unos inicios duros que no dejó que le amilanaran. El tiempo ahora le da otra perspectiva. "Todas estas cosas valen para crearte profesionalmente", sentencia.

De un pueblo a la gran industria

El libro es también un retrato generacional, el de los nacidos en los años 70. En sus páginas, Sáez reivindica con orgullo sus orígenes en su pueblo, San Miguel de Salinas, y cómo se fue formando en su ocio en Torrevieja y en la escuela de arte de Orihuela.

No olvida los obstáculos familiares. Sus padres no veían con buenos ojos su vocación debido a que la situación económica "no era boyante".

"Si me hubieran apoyado y nunca me apoyaron, pues no sé, igual no hubiera tenido tanta ilusión con llegar a conseguirlos", reflexiona el artista. Esa resistencia alimentó su determinación. "Fue un poco también por indisciplina", confiesa, "me decían que no querían, pues yo sí que quería".

La lección de Mazinger Z

El arranque del libro sitúa al niño transformando su mundo gracias a Mazinger Z. Y aquel recuerdo, la que considera una serie "piedra angular" de su carrera, le sirve para explicar cómo aprendió a dibujar y transmitir sus errores y aciertos para los que quieran hacerlo ahora.

A los ocho años, el pequeño Paco analizó por qué los dibujos de la televisión le impresionaban tanto. "Descubrí que no solamente hay que dibujar y que tienes que saber dibujando bien, sino que cada encuadre tiene detrás una composición", explica con entusiasmo.

Aprendió conceptos técnicos como la perspectiva y el lenguaje cinematográfico de forma autodidacta. "Ponía papel vegetal encima de los dibujos para descubrir esas líneas de perspectiva", apunta. Gracias al robot gigante de Gō Nagai, entendió que "cada encuadre tiene detrás una carga psicológica hacia el espectador".

Protagonista

Paco Sáez sigue viendo la vida con la ilusión de un niño. "Yo me veía realmente como un protagonista de una película", indica risueño.

Esta mentalidad le ha ayudado a superar los constantes rechazos de la industria cinematográfica. "Cuando tocaba las puertas y me decían que no, pues yo pensaba que había una audiencia que me estaba mirando", relata.

A pesar de su éxito y de haber ganado un Goya por Madrid 2120, siente que aún le queda mucho por recorrer. "No considero que estoy en una fase madura de mi vida", afirma, "pienso que sigo en el segundo acto de la película".

El libro concluye con un emotivo agradecimiento a sus orígenes y a su propio esfuerzo. Sáez recuerda cómo caminaba kilómetros para perseguir su sueño. "Ese niño fue el que tuvo todo realmente", reflexiona al mirar atrás. Su mensaje final es de gratitud absoluta. "Hay que darle siempre las gracias a ese niño que nunca dejó de soñar", concluye el director.