Un grupo de turistas atiende al guía en uno de los puestos del Mercado Central, este martes.

Un grupo de turistas atiende al guía en uno de los puestos del Mercado Central, este martes. M. H.

Alicante ciudad

Aida Roque, mercado central: "Me gusta que vengan turistas, pero necesito que la señora o el joven tengan su espacio"

La presidenta de la asociación de los cuatro mercados municipales de Alicante exige dar prioridad al comprador del día a día.

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Alicante
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La ciudad de Alicante está registrando sus mejores datos de visita en el turismo internacional. ¿Cómo se adaptan espacios emblemáticos a estos visitantes? En el Mercado Central son muy habituales los grupos guiados que pasean por los puestos y se sorprenden con la venta de productos locales que les parecen atractivos. Ante esta nueva realidad, la presidenta de la asociación que agrupa a los cuatro mercados municipales, Aida Roque, analiza el delicado equilibrio entre ambos.

"Para nosotros, toda la persona que venga al mercado siempre es positiva y el turista también aporta", señala a EL ESPAÑOL al evaluar la afluencia de viajeros. E inmediatamente puntualiza cuál es la verdadera columna vertebral de sus establecimientos: "Lo que realmente queremos potenciar es el cliente de toda la vida, el que viene día a día, o sea, el vecino".

Y ese es un punto que subraya, la importancia de la constancia del comprador local frente al consumo esporádico del visitante de paso. "Muchos pocos hacen uno grande y eso es lo que nosotros necesitamos", explica la presidenta al argumentar la relevancia del consumo diario.

En esa línea propone un ejemplo muy claro con el que valora las compras rutinarias de barrio: "Prefiero que vengas tú todos los días y te compres tu barra de pan a que venga alguien de fuera dos días y se compre tres".

La visión de la asociación abarca a los cuatro recintos municipales gestionados en Alicante: Central, Benalúa, Carolinas y Babel. Aunque recintos como Carolinas mantienen un perfil de barrio más acentuado, la preocupación por mantener el tejido vecinal es común a todos ellos.

Eso sí, recalca que su mensaje respalda la llegada de visitantes al mismo tiempo que resalta la urgencia de proteger la comodidad del comprador de siempre. "A mí me gusta que vengan turistas, pero necesito que esa señora que viene con su carrito o el chico joven que se ha escapado un momento de la oficina tengan su espacio y compren a gusto", argumenta.

Y para que eso sea posible hace falta espacio, uno de los puntos más sensibles para quienes pagan al Ayuntamiento por tener su puesto de venta. Con fachadas de ventas que apenas rondan los cuatro metros, la presencia simultánea de varias personas bloquea el paso: la acumulación de grupos guiados en pasillos.

Gestionar los grupos

"Si en mi parada hay 20 personas y solo me compra ese grupo, ¿cuánta gente pasa por detrás de ellos que viene todos los días y se va por no hacer cola?", reflexiona la presidenta sobre los inconvenientes generados.

Actualmente, las visitas de estos grupos no responden a una normativa regulada desde la asociación o el Ayuntamiento, sino a acuerdos independientes con puestos concretos. Esta falta de planificación previa provoca molestias en paradas cuyo espacio visual queda tapado.

"El grupo invade un espacio y al final a ti no se te ve", admite Roque, que descarta tomar una postura destructiva hacia las agencias de viajes. "No lo veo mal, pero creo que hay que ponerse de acuerdo entre todos para ver qué es lo mejor".

¿La solución estaría en marcar un cupo de visitas de grupos? Roque descarta categóricamente tratar el mercado como un punto de interés turístico tradicional. "Nosotros no somos un museo; no puedo decir que no entra nadie más y que tú, que eres el cliente del día a día, no entres porque el cupo está lleno".

Si con el tardeo fueron muchos los puestos que adaptaron su oferta para vender a quienes acudían a la plaza, ahora también hay otra adaptación al turista. "Actualizarse no significa no ser tradicional; adaptarse es imprescindible para seguir creciendo y evolucionando, si no te quedas obsoleto", afirma.

Esta adaptación se refleja en servicios como el envasado al vacío o formatos listos para regalo, demandados por los turistas. Roque concluye garantizando que estos cambios no perjudican a la vecindad: "Eso no supone un aumento de precios ni desplaza al comprador tradicional".