Asun Córcoles y Miguel Ángel Giménez ante el local de La Orquídea, abierto en 1961.

Asun Córcoles y Miguel Ángel Giménez ante el local de La Orquídea, abierto en 1961. M. H.

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El adiós de un icono en Alicante: La Orquídea cierra sus puertas tras 65 años: "Hemos casado a tres generaciones"

Asun Córcoles y Miguel Ángel Giménez se retiran dejando un vacío emocional en sus clientes pero con la satisfacción del deber bien hecho.

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El pasado 1 de mayo, la persiana de la floristería La Orquídea bajó por última vez en el centro de Alicante. Tras 65 años de historia, un periodo en el que el negocio ha visto cambiar el nombre de su calle hasta en tres ocasiones, de Teniente Álvarez Soto a Tío Cuc y, finalmente, a Cándida Jimeno Gargallo, sus propietarios han decidido iniciar una nueva etapa vital.

Miguel Ángel Giménez, quien ha dedicado su vida al oficio, reconoce el desgaste de una profesión tan hermosa como exigente. "Son 44 años en un oficio complejo. Es un trabajo muy estresante porque, aunque te encarguen algo con antelación, nos movemos con género perecedero y hay que hacerlo y entregarlo todo en el momento", explica sobre la presión de la inmediatez que marca la sociedad actual.

Para Miguel Ángel, el cierre llega en un momento de necesidad personal: "Llevo un momento que estoy cansado, física y psicológicamente. Esto iba a hacerlo el año que viene, pero se ha adelantado y adelante".

Por su parte, Asun Córcoles, su compañera de vida y de mostrador durante tres décadas, admite que su corazón pedía seguir un poco más. "Yo no era partidaria del cierre, pero somos un tándem y una persona sola no podía llevarlo", confiesa. La complejidad administrativa y la formación necesaria para el relevo fueron determinantes: "Necesitaríamos una persona para la administración porque se nos dan bien las flores y el cliente, pero no el papeleo".

La Orquídea no solo vendía flores; acompañaba a los alicantinos en sus hitos más relevantes. "Hemos casado a tres generaciones", señalan con orgullo. Tal es el vínculo con su clientela que incluso tras el cierre oficial, han tenido que atender compromisos ineludibles: "Hay una boda que no hemos podido decir que no porque se la hicimos a su madre y a su hermana; la cubrirán desde la otra tienda de la familia, Orquídea Haus".

El anuncio del cierre, aunque llevado con la discreción que siempre ha caracterizado al matrimonio, provocó una oleada de afecto. "La gente venía a agradecernos y se sentían huérfanos", relata Asun emocionada. "Ese ha sido el alimento y el nutriente que nos llevamos: ser conscientes de que hemos realizado bien un trabajo".

Sobre el futuro del local y la transformación del centro de Alicante, Miguel Ángel reflexiona sobre la "selección natural" de los negocios históricos como su vecino Pepe Presencia o los cercanos hermanos Fernández Pardo de Eutimio frente al auge de la hostelería: "Esta zona se está quedando prácticamente para el ocio y eso es lo que se va imponiendo".

A partir de ahora, el jardín de su casa en el campo será su nuevo escenario, cambiando las rosas de la tienda por las de su hogar. "Estamos empezando a disfrutar de nosotros, que no sea el trabajo el que nos vaya llevando", concluye Asun, mientras Miguel Ángel bromea sobre las nuevas heridas de guerra: "Ahora nos estamos pinchando más las manos en el jardín que trabajando todo el día con rosas".

Aunque el local de Cándida Jimeno Gargallo cierra, la tradición familiar no muere, ya que Marisa, la hermana de Miguel Ángel, continúa al frente de Orquídea Haus, manteniendo vivo el legado floral de la familia en la ciudad.