Agentes de la Policía Nacional en el aeropuerto Miguel Hernández.

Agentes de la Policía Nacional en el aeropuerto Miguel Hernández.

Alicante

El nuevo control biométrico del aeropuerto de Alicante pone al límite a los policías: "Se forman colas de 500 personas"

La implantación del Sistema de Entrada y Salida para viajeros de fuera de la UE está aumentando la carga de trabajo de los agentes a niveles insostenibles y multiplicando los retrasos.

Más información: El aeropuerto Alicante-Elche, en la diana del nuevo control biométrico: el turismo británico alerta de posibles colapsos

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Los fallos, la falta de personal y la escasa información sobre los nuevos sistemas de control biométrico en el aeropuerto de Alicante-Elche Miguel Hernández están multiplicando las colas y la carga de trabajo sobre los policías nacionales que custodian las fronteras.

La implantación del Sistema de Entrada y Salida (Entry/Exit System, EES), el nuevo control de fronteras de la Unión Europea (UE) para viajeros de terceros países, está siendo un caos en una infraestructura donde el principal pasajero procede del Reino Unido.

Lo que iba a ser una tecnología destinada a agilizar el trámite fronterizo ha resultado en el detonante de largas colas, dobles controles y pasajeros enfurecidos.

El objetivo del EES es sustituir el tradicional sellado de pasaporte mediante un registro biométrico de cada entrada y salida de los pasajeros que no pertenezcan a la UE.

En el primer cruce de frontera se toman huellas dactilares, fotografía facial y datos del documento, lo que incrementa notablemente el tiempo de tramitación por pasajero respecto a un control manual convencional.

Fuentes del sindicato Jupol señalan a este diario que "el sistema está implementado, pero se encuentra en una fase inicial, por lo que da muchos errores".

Las máquinas dan problemas especialmente con la gente mayor, que tiene las huellas desgastadas por los años o por el uso de productos de limpieza.

Esto provoca que la máquina los rechace y tengan que ser derivados a los policías para hacerlo a mano, lo que resulta en que los pasajeros hagan una cola para la máquina que falla y luego otra cola para hablar con el policía, todo para llevarse el mismo sello en el pasaporte que se trataba de sustituir, pero con el doble de espera.

Agentes fronterizos aseguran que "en vez de quitar trabajo, lo ha aumentado, tenemos mucha presión. Pero quien paga las consecuencias al final es el viajero".

Este sistema empezó a implementarse en otoño del año pasado y el plan es ir ampliando su uso en los aeropuertos europeos.

Sin embargo, su pobre desempeño está llevando al límite a los agentes, que se ven sobrepasados especialmente en días críticos como los martes o los fines de semana.

"Las compañías suelen poner los vuelos a ciertas horas y pueden formarse colas de 500 personas en los controles, no pudiendo ni levantarte a mear, por así decirlo, o abandonar la cabina para no dejar colgado al compañero", relatan fuentes de Jupol.

"Además, no dejamos de ser policías; si hay una pelea, un desmayo o una urgencia, tenemos que dejar de sellar y cerrar la frontera para atenderla porque faltan agentes", indican.

Falta de agentes

Otro problema es que las llegadas se producen por tres puntos diferentes del aeropuerto, lo que les obliga a dividirse, provocando más colas.

Actualmente, en un turno habitual puede haber unas 20 personas que tienen que repartirse entre quienes controlan las entradas y las salidas.

La plantilla total del aeropuerto ronda los 130 agentes, y aproximadamente el 80 % está en la "primera línea" de sellado y control de pasaportes.

"Como las nuevas máquinas, en vez de aligerar el trabajo, generan más, necesitas más policías. Harían falta, a lo mejor, entre 10 y 15 agentes más para poder repartirlos en todos los turnos", afirma el agente.

La desinformación suele acompañar a las largas colas que se forman y esto provoca que los viajeros no sepan adónde dirigirse y a qué se deben estos retrasos.

A pesar de que hay personal auxiliar civil contratado para indicar a la gente dónde poner la huella, no son especialistas policiales.

"Aunque nuestro enfoque principal es el viajero de terceros países (como los ingleses), también atendemos a españoles y europeos que viajan en los puentes. A los europeos no se les sella el pasaporte, pero hay que comprobar sus antecedentes y controlar a los menores, por lo que también ocupan tiempo y generan colas", recuerdan.

Con la Semana Santa a la vuelta de la esquina, los vuelos empiezan a multiplicarse y los agentes ya se están mentalizando para afrontar "el caos" que se avecina frente a sus cabinas fronterizas.