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María Cristina, notaria: "En el matrimonio en gananciales, lo que ganes trabajando no es solo tuyo sin importar la cuenta"

La fundadora de la Notaría Buendía habla sobre si el salario es ganancial o privativo.

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En el régimen de gananciales, el dinero que se obtiene por el trabajo de cualquiera de los cónyuges no pertenece en exclusiva a quien lo genera, aunque se ingrese en una cuenta individual.

El salario forma parte del patrimonio común del matrimonio, con independencia de dónde se deposite o de quién figure como titular del banco.

Entender bien cómo funciona la economía matrimonial es clave para evitar conflictos, decisiones precipitadas o problemas fiscales.

En estos asuntos, quienes mejor conocen la normativa y sus matices son los notarios, auténticos especialistas en dar seguridad jurídica a las familias.

Su asesoramiento no solo previene errores, también aporta tranquilidad en momentos importantes como una boda, una herencia o la compra de una vivienda.

En la ciudad de Alicante se encuentra el despacho de la notaria María Cristina Clemente Buendía, que ha apostado por la divulgación para acercar el derecho a la ciudadanía.

A través de sus redes sociales y del pódcast Doy Fe, responde a las dudas más frecuentes sobre herencias, compraventas y regímenes económicos matrimoniales, con un lenguaje claro y directo.

En uno de sus últimos vídeos en YouTube, la notaria profundiza en las claves de los diferentes sistemas que regulan el patrimonio dentro del matrimonio.

Recuerda que, aunque existen comunidades autónomas con normas supletorias distintas, -como Cataluña o Baleares, donde rige la separación de bienes por defecto-, en el territorio de derecho común operan los gananciales.

Sin embargo, subraya que la pareja siempre puede decidir libremente su régimen, porque "lo que rige para todas es el principio de la libertad de pacto".

Uno de los puntos que más interés genera es el impacto de las deudas. La experta explica que no es lo mismo que ambos cónyuges trabajen por cuenta ajena que el hecho de que uno sea empresario o autónomo.

En este último caso, si el negocio genera obligaciones económicas, advierte con claridad que "se están sujetos todos los bienes gananciales todos es todos sin ninguna excepción". Es decir, el patrimonio común puede verse comprometido.

En cambio, si una deuda se contrae fuera del ámbito profesional y sin el consentimiento del otro cónyuge, -por ejemplo, para una compra personal-, la responsabilidad se limita a los bienes privativos del deudor y a su parte en los gananciales. La clave, insiste, está en conocer el alcance real de cada decisión económica.

También desmonta una creencia habitual: que el dinero ahorrado del sueldo es privativo si se guarda en una cuenta separada.

La notaria lo niega de forma tajante y recuerda que "lo que yo adquiero por el ejercicio de mi profesión es ganancial con independencia de a lo que se dedique al otro o que en ese momento esté o no trabajando". La titularidad bancaria no altera la naturaleza jurídica del dinero.

Respecto a los bienes privativos, señala que pueden mantenerse como tales mediante una herencia, una donación o aplicando el principio de subrogación real, es decir, que si se compra un bien con dinero privativo, el nuevo objeto conserva esa condición.

Sin embargo, advierte de los riesgos de mezclar fondos al adquirir una vivienda a nombre de ambos, ya que la trazabilidad es sencilla y la operación podría interpretarse como una donación encubierta, con consecuencias fiscales.

Asimismo, aclara que abrir una cuenta conjunta no convierte automáticamente el dinero en común. El acceso al saldo no implica que cambie su titularidad jurídica.

Y sobre la llamada confesión de privatividad, pide prudencia: aunque puede parecer una solución práctica, puede generar problemas futuros si el cónyuge fallece o si la Administración exige acreditar el origen de los fondos.

En definitiva, la notaria insiste en que comprender bien el régimen económico elegido es esencial para tomar decisiones informadas.

La planificación y el asesoramiento profesional evitan sorpresas y permiten que el matrimonio funcione con reglas claras desde el primer día.