Graciela Fernandes.

Graciela Fernandes. Cedida

Alicante

Graciela, venezolana residente en Alicante: "Durante el chavismo ganaba 7 dólares al mes, ahora hay esperanza pero también miedo"

Hoy sus hijos, de 18 y 11 años, viven una realidad donde abrir el grifo y que salga agua o tener luz eléctrica no es un milagro, sino una costumbre.

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Graciela Fernandes, de 42 años, tiene la vida dividida en dos mitades exactas, pero marcadas por una grieta política. "Más de la mitad de mi vida ha sido bajo el chavismo", cuenta desde Alicante, la ciudad que la acogió en 2018.

Antropóloga de formación y gestora de proyectos, Graciela no habla desde el análisis geopolítico frío de tertulia de televisión, sino desde la memoria de quien tuvo que meter su vida en una maleta cuando su sueldo de funcionaria, de apenas 7 dólares al mes, solo le daba para comprar un kilo de queso.

Y es que la noticia de la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos hace apenas tres días ha sacudido a la diáspora venezolana en España.

Pero lejos de las celebraciones eufóricas que a veces se pintan, la realidad íntima es mucho más compleja.

"Son verdades simultáneas, tengo muchos sentimientos encontrados", explica Graciela con una serenidad que estremece.

"No puedo dejar de sentir alegría y esperanza, pero el sábado sentí miedo. No es agradable saber que están bombardeando la ciudad en la que naciste, donde siguen tus amigos y tu familia".

Del miedo a la huida

Para entender el alivio actual, hay que entender el terror que la empujó a irse. Graciela, casada con un médico cubano, vio las señales antes que muchos.

"Tuve la sensación de que Venezuela iba a ser la segunda Cuba de América. En mi familia sabemos lo que es no tener libertad", relata.

En 2017, mientras estudiantes morían en las protestas y la escasez vaciaba las neveras, tomó la decisión.

Llegó a España sola, en marzo de 2018, con 700 euros en el bolsillo y una apuesta vital, que su capacidad intelectual le permitiría rescatar a su familia.

Y lo logró. Hoy sus hijos, de 18 y 11 años, viven una realidad donde abrir el grifo y que salga agua o tener luz eléctrica no es un milagro, sino una costumbre. "Aquí damos por sentado cosas que allá son lujos", reflexiona.

Justicia americana vs. Justicia venezolana

Sobre la operación militar y el futuro inmediato, Graciela se define como una "simple observadora afectada".

Hay esperanza, sí, pero también una cautela aprendida a base de golpes. Reconoce la eficacia de la operación estadounidense, pero no pierde de vista los matices: "Ojalá algún día se le enjuicie no solo por los cargos que EE. UU. le imputa, como son narcoterrorismo o posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, sino por los que los venezolanos le imputamos: las muertes, la corrupción, los presos políticos y la destrucción de las instituciones".

La incertidumbre ahora es la reina. ¿Qué significa que el chavismo siga ahí? ¿Qué implica una transición tutelada por Trump? "Estados Unidos no da puntada sin hilo, sus intereses son económicos, del petróleo", admite, pero ante la historia ya escrita, solo queda esperar que el desenlace sea, finalmente, unas elecciones libres.

"Un futuro esperanzador sería el reconocimiento de los resultados de las elecciones de 2024, o la convocatoria de nuevas elecciones, solo así Venezuela podrá seguir avanzando", asegura.

El derecho a tener un refugio

Quizás lo más conmovedor del testimonio de Graciela no es lo político, sino lo emocional. Al preguntarle si volvería, su respuesta dibuja perfectamente el duelo migratorio.

"No, no volveré a vivir allá". Sus hijos han crecido en España y ella, hija de portugueses, siempre fue "la Portu" en Caracas y ahora es la inmigrante aquí. Una identidad globalizada y a veces dolorosa.

Sin embargo, la caída de Maduro ha sanado algo profundo. "Me ha devuelto la sensación de refugio", confiesa con la voz quebrada. "Es saber que tengo la posibilidad de volver, aunque nunca lo haga. Es como la familia, pase lo que pase, es el lugar al que siempre puedes regresar".

Mientras el mundo debate sobre injerencias y geopolítica, para venezolanas como Graciela, la noticia es algo más sencillo y a la vez más profundo, pues es recuperar la llave de una casa que creían cerrada para siempre.