La procesión de Santa Cruz en Alicante.

La procesión de Santa Cruz en Alicante. Ayuntamiento de Alicante

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Ni la Madrugá ni los Salzillos: la procesión más sobrecogedora recorre calles del siglo XVIII en pleno casco antiguo

La Hermandad de Santa Cruz convierte el Miércoles Santo en Alicante en un desfile íntimo y vertiginoso, entre calles empinadas, saetas y tronos llevados a pulso.

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Alicante
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Ni la Madrugá sevillana ni los Salzillos murcianos. En Alicante, el Miércoles Santo tiene un nombre propio que se abre paso entre calles empinadas, balcones encalados y un silencio que se rompe en forma de saeta: la procesión de la Hermandad de Santa Cruz.

Es, probablemente, la cita más sobrecogedora de la Semana Santa alicantina. No por su tamaño, sino por su intensidad. Aquí no hay grandes avenidas ni amplias carreras oficiales: hay cuestas imposibles, callejones estrechos y un barrio que se vuelca como si cada paso fuera el último.

Y ahí reside su fuerza. En la cercanía. En el esfuerzo de los costaleros al subir y bajar escalinatas imposibles. En el eco de las voces que se cuelan entre fachadas con siglos de historia.

La procesión serpentea por el barrio de Santa Cruz, uno de los rincones más antiguos de la ciudad. Un entramado urbano con raíces documentadas desde el siglo XVIII, donde cada rincón parece diseñado para amplificar la emoción.

El desfile recorre calles estrechas y empinadas que desembocan en la plaza del Carmen, en un itinerario que convierte cada metro en un desafío físico y visual.

El público, prácticamente a centímetros de los tronos, acompaña el recorrido en un silencio que solo rompen las saetas y los aplausos espontáneos.

El alcalde de Alicante, Luis Barcala, en la celebración de la procesión en 2023.

El alcalde de Alicante, Luis Barcala, en la celebración de la procesión en 2023.

Los cuatro pasos, -el Cautivo, el Cristo de la Fe, la Virgen de los Dolores y el Descendimiento-, avanzan a pulso, sin artificios, en un ejercicio de esfuerzo colectivo que define el carácter de esta procesión.

Las levantás, ejecutadas con precisión casi ritual, se convierten en momentos de máxima tensión. Y cuando el sonido rebota en las fachadas antiguas, el barrio entero parece contener la respiración.

La otra gran cita

Lejos del carácter multitudinario de otras procesiones, Santa Cruz se presenta como una experiencia más íntima, casi visceral. Es la 'otra' gran cita de la provincia: menos conocida fuera, pero profundamente arraigada entre los alicantinos.

Aquí, la Semana Santa se vive en vertical. Desde los balcones hasta las escalinatas, todo sucede en distintos niveles, con el mar asomando al fondo como telón de fondo inesperado.

No es casualidad que muchos la definan como una de las procesiones más singulares de España. Su mezcla de tradición, esfuerzo físico y cercanía la convierte en una postal única de Alicante.

Su historia

Según explican en el libro '75 años de Pasión de la Hermandad-, la actual procesión hunde sus raíces en el siglo XIX, cuando ya existían referencias documentales a la participación de Santa Cruz en el Santo Entierro con el paso de la Crucifixión.

Sin embargo, su historia moderna comienza tras uno de sus momentos más duros. En 1931, durante los disturbios de la II República, el paso fue destruido y las procesiones quedaron prohibidas.

Hubo que esperar a 1945, en plena posguerra, para que la Hermandad fuera refundada. Aquel primer año, sin imágenes disponibles, la procesión salió con una simple cruz cubierta por un sudario bajo la lluvia, en una escena que simboliza el espíritu de resistencia del barrio.

Un año después, en 1946, llegó el primer gran hito: el estreno del paso del Descendimiento, obra del imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci. Portado por trabajadores del puerto, marcó el inicio de una tradición que no ha dejado de crecer desde entonces.

En sus primeros años, la procesión ya mostraba algunas de sus señas de identidad actuales: las saetas que obligaban a detener el cortejo, las calles abarrotadas y el protagonismo de los vecinos, muchos de ellos costaleros por devoción más que por obligación.

Con el paso del tiempo, la Hermandad fue incorporando nuevas imágenes, consolidando su estructura y ganando reconocimiento. En apenas una década,su singularidad ya había traspasado fronteras, con grabaciones que llegaron incluso al extranjero.

Hoy, más de siete décadas después de su refundación, la procesión de Santa Cruz sigue siendo fiel a sus orígenes. Mantiene ese carácter popular, casi familiar, donde los varales pasan de padres a hijos y el barrio entero se convierte en protagonista.