Una de las carreteras de Alicante.

Una de las carreteras de Alicante.

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La carretera más bonita de Alicante: con paisajes preciosos que conectan el mar con la sierra a 1000 metros de altura

Lo especial de esta carretera es cómo evoluciona. Empiezas con la sensación de estar aún cerca del mar, pero en cuestión de minutos el entorno cambia por completo.

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Alicante
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A la hora de coger el coche, conviene mirar bien el itinerario para convertir el viaje en parte del disfrute y destino final.

Una costumbre que si se hace en la provincia de Alicante, puede sorprender y hacer que descubramos paisajes impresionantes desde la carretera.

En la provincia, existe una ruta que reúne lo mejor de la zona en apenas unos kilómetros a base de curvas de montaña, miradores espectaculares y un contraste brutal entre el azul del Mediterráneo y el verde de la sierra.

Hablamos de la CV-70, una carretera que arranca cerca de la costa y se adentra poco a poco en el interior hasta rozar los 1000 metros de altura. Un recorrido que, además de disfrutarse al volante, se queda grabado en nuestra memoria.

Paisaje en cada curva

Lo especial de esta carretera es cómo evoluciona. Empiezas con la sensación de estar aún cerca del mar, pero en cuestión de minutos el entorno cambia por completo. Las montañas empiezan a cerrarse, las curvas se vuelven más pronunciadas y aparecen vistas que obligan a parar.

El tramo que atraviesa el valle de Guadalest es uno de los más impactantes. Desde la carretera se pueden ver embalses, pueblos colgados y sierras que parecen sacadas de otra provincia. Es ese momento en el que te das cuenta de que Alicante no es solo playa.

Hasta el techo de la ruta

A medida que avanzas, la carretera gana altura hasta llegar al Puerto de Confrides, uno de los puntos más altos de la zona. Aquí las vistas se abren por completo y podrás contemplar montañas por todos lados y, en días despejados, incluso el mar al fondo.

Es una de esas subidas que se disfrutan especialmente si te gusta conducir. Curvas enlazadas, buen asfalto y esa sensación constante de estar en mitad de un paisaje que no se acaba.

Más que una carretera

Pero esta ruta no es solo para conducir. Es perfecta para hacerla sin prisas. Parar en miradores, perderse por los pueblos del interior o simplemente sentarte a contemplar el paisaje.

Además, tiene algo que pocas carreteras pueden ofrecer y es que no todos los días puedes pasar en menos de una hora de un entorno completamente mediterráneo a uno de alta montaña. Ese contraste es lo que la hace única.

Si quieres sacarle todo el partido, lo ideal es hacerla temprano o entre semana, cuando hay menos tráfico. Así puedes disfrutar de cada tramo con calma y parar donde te apetezca.