Un carnívoro cuchillo

El burkini mueve montañas

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Una vez en Estados Unidos un señor muy conservador y muy liberal, liberal en el sentido que esta palabra tiene en el mundo anglosajón, se enfrentó al gobierno de su país en defensa del matrimonio gay. La cosa chocó un poco al principio a sus amigos, conocidos y no digamos correligionarios. Pero en breve nuestro hombre aclaró su posición con un argumento francamente difícil de rebatir: “Si yo estoy en contra de que el gobierno meta demasiado sus narices en la política y en la economía, ¿cómo voy a estar de acuerdo con que el Estado decida con quién es posible casarse y con quién no?”. Touché. No hay leyes contra los matrimonios de conveniencia o directamente por dinero. A ningún hetero le obligan a justificar su elección conyugal, por qué prefiere desposar a Pepi y no a Juani. ¿Por qué los homo tienen que dar explicaciones ni convencer a nadie de lo pertinente de su inclinación?

Una paradoja paralela se da con esto del burkini. A mí personalmente esa prenda me deprime y no me imagino usándola, mucho menos por imposición. Pero tampoco me resulta simpática ni demasiado lógica la idea de prohibir que otra gente la lleve. No es como lo del velo en las escuelas, al fin y al cabo allí hablamos de menores de edad y los centros educativos tienden por naturaleza al código uniformizador, a facilitar el pastoreo de los educandos y la imitación feroz entre ellos. Pero cuando hablamos de gente adulta en una playa o en una piscina el tema se complica y mucho. Al final todo se pega menos la hermosura… y el sentido común. De la libertad ya ni hablamos. Para qué.

No hace tanto en una población italiana se prohibió el uso de biquini a las mujeres que no estuvieran suficientemente de buen ver. Me pregunto cómo aquilataría el tema la ordenanza, hasta qué punto hilaría fino. ¿A partir de qué nivel de michelines, varices, etc, se consideraría un imperativo legal el bañador de una sola pieza, mejor con pareo, o quién sabe si directamente con escafandra? La dictadura del destape puede ser tanto o más feroz que la del proletariado. Si a mí me sobraran veinte quilos, ¿qué me daría más vergüenza, exhibirme en burkini o en tanga? ¿En cuál de los dos casos la reacción social podría ser más devastadora y más cruel?

No es oro todo lo que reluce ni es fácil ser liberal con lo que nos inquieta, ni siempre es Mahoma el que va a la montaña. A veces la montaña va a Mahoma sin ni darse cuenta de que se ha movido de sitio. Amén.