Brexit

Entre el 'black dog' y la esperanza

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Hace unos días, en un debate público durante la campaña del referéndum en Reino Unido, dije que mi peor pesadilla sería la de despertarme el día 24 de junio y ver a Nigel Farage, el líder del UKIP, un partido que se nutre de insularidad, intolerancia, y racismo, sonriendo en nuestras pantallas, rodeado de banderas inglesas y proclamando la independencia con un "hemos ganado". Así que hoy me encuentro igual que los otros 16 millones de británicos que votaron remain y perdieron por un margen del 4%, luchando con un profundo sentido de lo que llamaba Winston Churchill en sus peores momentos de depresión como su "black dog" (perro negro).

brexit

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Si cito a Churchill no es por causalidad. Hoy más que nunca hay que recordar que un hombre tenido en gran estima por su nación fue un gran europeo liberal, un heroico británico que supo unir lo mejor de su pueblo para, en sacrificio colectivo, salvar no solo al país sino a Europa entera del nazismo.

En estos momentos es difícil recuperar el sentido de solidaridad e interconectividad internacional que inspiró lo mejor de nuestra campaña contra el brexit: que el amor es más fuerte que el odio, que somos una isla que reconoce lo bueno y lo noble y que tiende puentes, y que no perderá fácilmente la memoria de Jo Cox, una política ejemplar martirizada por un individuo que gritó "Britain first" (Británico antes que nada).

Ignorar a los perdedores aceleraría la desintegración territorial del Reino Unido, desde Belfast a Edimburgo

La realidad es que en el día de hoy el Reino Unido es una país dividido entre los deprimidos y los eufóricos; entre los que se sienten encogidos y reducidos, y los que se sienten liberados y engrandecidos; los que piensan que van cayendo en un abismo político y económico, y los que se ven con la capacidad de construir un país mejor con el ideario de paraíso nacionalista e independiente, una Arcadia anglosajona que podrá determinar unilateralmente la manera en que conecta, de ahora en adelante, con el resto del mundo.

Si miramos el detalle del resultado del referéndum no hay duda de que supone un cambio sísmico en el panorama político, dentro y fuera de las fronteras del Reino Unido, que abre la caja de Pandora de la incertidumbre, pero no, a mi modo de ver, acaba con la esperanza.

La victoria del brexit tiene en su contra al 48% de que los votaron, entre los que están una gran mayoría de la población residente y trabajadora en Londres, Escocia e Irlanda del Norte. Ignorar el sentimiento de estos bloques en lo que se negocie y  decida políticamente en los próximos meses pondría en serio riesgo no sólo la salud económica y financiera de país -mas allá de la turbulencia que ya se está sintiendo- sino que aceleraría una desintegración territorial dentro del Reino Unido, desde Belfast a Edimburgo.

Entre los ganadores están los que creen que la falta de empleo, de casa y salario digno se debe al enemigo exterior

Por otro lado está el hecho cierto de que un 52% votó por el brexit en contra de los mejores consejos de un mayoría de parlamentarios británicos, líderes sindicales, economistas, expertos en seguridad, académicos, los editoriales del Financial Times y The Guardian, y no pocos religiosos moderados. Entre esos votantes están los seguidores del UKIP, no todos extremistas, aunque eso sí, gente trabajadora que siente un orgullo de (falso) patriotismo por el que achaca la falta de empleo, casa decente y salario digno a un enemigo exterior.

Ha ganado el brexit gracias a la distorsión de la realidad económica y social que han proyectado unos iluminados en lugares de Inglaterra donde la cuestión de identidad se ha reducido a una definición miope de lo que es ser británico. Esa definición se enfrenta con la realidad multicultural y mutuamente dependiente  de los que, como yo, siempre nos hemos considerado orgullosos de ser británicos pero asumiendo la diversidad cultural y racial que forma parte inseparable de nuestro ADN.

Como ciudadano británico nacido en Madrid de madre castellana y padre escocés soy consciente de lo incierto que es el futuro al cual me enfrento a partir de hoy: los amigos españoles que tengo en Londres, los amigos británicos que viven en España y mis amigos gibraltareños están preocupados por los comentarios poco acertados de  gallos nacionalistas y soberanistas que han tardado poco en salir a lucir sus plumas.

El proceso pasa ahora inevitablemente por una gran reforma de la EU y de un proceso político en el Reino Unido

Es un tiempo para no precipitarse, para que en vez de gallos tengamos buenos estadistas que cuiden del bien común. Quiero seguir creyendo que hay mucho más que une a nuestros pueblos, y que podamos aprender de cada uno, y que en un futuro no muy lejano la división dé paso a un consenso democrático, tanto en el Reino Unido como el en resto de Europa. Parecemos pasajeros de un barco que está a punto de naufragar. En vez de tiranos al agua, debíamos de intentar salvarnos juntos, ser pacientes, imaginativos, y comprensivos.

El proceso va a pasar inevitablemente por una gran reforma de la EU y de un proceso político en el Reino Unido que nos salve tanto de los extremistas de Le Pen como de los del UKIP, y que reemplace su populismo destructivo por un sentido de patriotismo, no nacionalista, abierto al mundo.

No va a ser fácil. El terremoto del referéndum ha dejado a los dos partidos mayoritarios en Reino Unido -Conservadores y Laboristas- en un situación de crisis existencialista, con muchas de sus figuras destacadas quemadas tras haber luchado contra el brexit y ser ignorados por una mayoría de los votantes. Entre ellos, Cameron. Al anunciar su dimisión ha tomado un decisión honorable aunque inevitable. Le echan la culpa los partidarios del remain por sacrificar la estabilidad de Europa, y los partidarios del brexit por no ser lo suficientemente soberano. Por lo menos Cameron, aunque tarde, ha actuado pensando en el interés de su país y de su partido.

Ahora veo un proceso muy complejo de reajuste político en el Reino Unido, donde los del UKIP intentarán convertirse en la fuerza mayoritaria de extrema derecha -dentro o fuera del partido conservador- apoyando la ruptura con Europa y empujando al país hacia la división y la violencia. Pero confío que habrá resistencia de una mayoría del país, incluyendo a un declarado hincha de Churchill -Boris Johnson-, que defenderá los principios democráticos y una relación constructiva con la UE y el resto del mundo.

Aún creo en la capacidad del Reino Unido de contribuir a una Europa mejor, sin formar parte de su destrucción.

*** Jimmy Burns Marañón es periodista y escritor. Su último libro es 'Franciscus: Papa de la Promesa' (Stella Maris).