Picalagartos

Sevillanas del juzgado

La industria engrasada de la paguita de la Junta, el funcionariado como meta de las clases medias de Jerez y de Antequera, el interventor que avisa y al que, presuntamente, ni flores. Coche oficial en San Telmo hasta para sacar al perro, Mercasevilla, el chófer de la cocaína, el conseguidor, la gente humilde con sueldazo y estudios básicos -o ni eso- en la Sierra Norte de Sevilla.

Reptiles en el fondo del Guadalquivir y en el último cajón de la Consejería de Empleo, el trolley jubilado de la juez Alaya, el taconeo apartado de la juez Alaya, el juzgado de Sevilla en el telediario, la testa de Manolo Chaves que gana una cierta elegancia con los años. La "foto de la tortilla" en los pinares de Isla Mayor con Chaves por los suelos y Felipe pelando algo a navaja. El cortijo andaluz que es granero de las esencias socialistas. La deuda histórica del Estado con Andalucía. Y Andalucía por sí, por España y la Humanidad.

Andalucía se puede cosificar en estas imágenes que yo relato y que forman parte ya de la mitología de su autonomismo, del folclore tan comodón de ser el vagón de cola. Andalucía es una feria de viejos que aplauden al partido que les puso el ambulatorio, esos viejos que no cambian de voto en la tormenta, que son carne y carnet del PSOE-A y que tienen a un nieto en la Junta que sí, que les arregló un sueldecillo y ya deben fidelidad eterna a Manolo Chaves, a Griñán, a su Susana de ahora: a lo que ponga el partido único coincidiendo, si se puede, con las generales.

Andalucía tiene ocho provincias y dos ex presidentes investigados que en la mañana del miércoles hicieron verbo del silencio y se negaron a declarar. Andalucía tiene ocho provincias y una comparsa gritona que llamó "chorizos" a los dos ex presidentes en la puerta de los juzgados de Sevilla, mañana del miércoles, doce grados con humedad, y yo que me conozco a mis clásicos del Sur. Pero sucede que aquellos que silbaban a Chaves y Griñán no son representativos de Andalucía, ni mucho menos. Cuatro gatos de la PAH.

En el imaginario de los pueblos de la campiña sevillana, a la hora del dominó en la agrupación socialista, hay un acuerdo en la marca del anís y en que corrupción de verdad es lo de Valencia. Quórum en la Casa del Pueblo.

Freud ha pasado por Andalucía. Susana Díaz bautizó a su niño en Triana y mató al padre -Griñán- que la parió para la política y los navajazos desde cría. Era Miércoles de Dolores en los juzgados de Sevilla. Poco más.