LAS CRISIS

Los 10 abismos a los que se asomó el PSOE en sus 137 años de Historia

Todo empezó en 1872 cuando el mismo Pablo Iglesias fue expulsado del PSOE. La Guerra Civil fue otro escenario de grandes disensiones. ¿Sobrevivirá el partido a la división actual?

De izquierda a derecha: Pablo Iglesias, Largo Caballero, Indalecio Prieto, Rodolfo Llopis, Felipe González, Alfonso Guerra, Josep Borrell, Pedro Sánchez y Susana Díaz.

De izquierda a derecha: Pablo Iglesias, Largo Caballero, Indalecio Prieto, Rodolfo Llopis, Felipe González, Alfonso Guerra, Josep Borrell, Pedro Sánchez y Susana Díaz.

  1. PSOE
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  3. Pedro Sánchez
  4. Susana Díaz
  5. Felipe González
  6. Josep Borrell

¿Estamos ante la crisis más grave de la historia del PSOE? A pesar de que Susana Díaz calificara el pasado jueves de "momento crítico" la situación actual del PSOE ante el Comité Ejecutivo andaluz, hay que echar mano de la Historia para concluir que, a lo largo de sus 137 años de existencia, los socialistas han atravesado turbulencias que han amenazado en no pocas ocasiones la supervivencia de la sigla.

PRIMERA CRISIS

Incluso en la fase embrionaria del PSOE, en 1872, ya Pablo Iglesias fue expulsado de su cargo (junto a Francisco Mora y José Mesa, ambos consejeros de la Internacional) por el contenido de un artículo periodístico, seguido de otro publicado en el semanario La Emancipación que llevó a la expulsión de 9 afiliados de la Federación Madrileña. Estos acabaron fundando la Nueva Federación Madrileña.

Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero Español, junto a Indalecio Prieto.

Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero Español, junto a Indalecio Prieto.

Segunda crisis

La polémica colaboración del PSOE con la dictadura del General Primo de Rivera enfrentó a Francisco Largo Caballero y a Indalecio Prieto, que se opuso al frente del PSOE y la UGT urdido por el futuro "Lenin español" (Largo Caballero). Prieto dimitió de su puesto en el Comité Nacional. El pulso lo ganó Largo Caballero, que consolidó una colaboración del socialismo con el Directorio tras un enfrentamiento fratricida en el PSOE y la UGT, que terminó cuando Largo Caballero consiguió sus objetivos de aislar al resto de formaciones de izquierda y anarquistas que disputaban a los socialistas la hegemonía en la izquierda española. La reconciliación entre ambos sectores llegó en 1928, cuando los militantes de ambas organizaciones dieron por buena la etapa de colaboración con la dictadura.

Tercera crisis

La huelga general revolucionaria de 1934 llevó de nuevo al enfrentamiento fratricida con los mismos protagonistas: "largocaballeristas" y "prietistas", que se saldó tras un referéndum de elevadísima participación en que el secretario general de la UGT y el PSOE, Francisco Largo Caballero, impuso la participación de ambas organizaciones en la fracasada huelga general. Esta acabó en baño de sangre tras la intervención de las fuerzas leales a la República, comandadas por Francisco Franco. El perdedor del referéndum, Indalecio Prieto, acató disciplinadamente el resultado, hasta el punto de autorizar acciones de acarreo de armas y municiones durante la huelga general.

Cuarta crisis

La guerra civil fue otro escenario de disensiones de gran calado entre socialistas: en mayo de 1936, el grupo parlamentario socialista votó –depositando los diputados sus papeletas en un sombrero- contra la formación de un Gobierno encabezado por Indalecio Prieto. Su oponente de la izquierda del PSOE, Largo Caballero, se hizo con la presidencia de la República solo 4 meses después, con el apoyo del Frente Popular y en contra de la posición de los "prietistas". En mayo de 1937 entra en escena Juan Negrín, que divide de nuevo a los socialistas al encabezar un Gobierno de la República apoyado por el Partido Comunista, desplazando a Francisco Largo Caballero. Finalmente, ya en marzo de 1939, Julián Besteiro apoya al coronel Casado al frente del Consejo de Defensa de Madrid, que acaba enfrentado al gobierno del socialista Juan Negrín.

Tras la Guerra Civil, Julián Besteiro fue a la cárcel, donde murió.

Tras la Guerra Civil, Julián Besteiro fue a la cárcel, donde murió.

Tras la derrota de la República, la dirección socialista se divide en el exilio entre los partidarios de apostar por un frente plural de fuerzas políticas antifranquistas –incluídos los monárquicos- y aquellos que apuestan por esperar a la muerte del dictador para reconstruir el PSOE. Simplificando, la dirección del PSOE en el exilio, cuando Rodolfo Llopis accede al cargo de Primer Secretario, considera que al día siguiente de la muerte de Franco el PSOE sería legalizado y se convertiría en el gran partido de la izquierda española, con miles de nostálgicos arremolinándose en las agrupaciones para pedir su afiliación a la organización de Pablo Iglesias.

Quinta crisis

Los escasos dirigentes del PSOE y la UGT que habían sobrevivido a la represión del franquismo y permanecían en el interior no veían realista la estrategia del PSOE del exilio y retaron a la dirección encabezada por Rodolfo Llopis. El enfrentamiento provocó la escisión de 1972, con dos Partidos Socialistas que se reclamaron herederos del de Pablo Iglesias. La Internacional Socialista acabó reconociendo en enero de 1974 la legitimidad del XII Congreso del PSOE, y por tanto dando el espaldarazo al PSOE "renovado" de Felipe González, Nicolás Redondo, Alfonso Guerra... Durante más de 4 años convivieron en la escena del socialismo español el PSOE y llamado PSOE (H), que llega a presentarse con sus siglas a distintos procesos electorales.

Sexta crisis

El psicodrama es una constante en la historia de los socialistas, pero el desgarro del XXVII Congreso, en el que Felipe González decidió renunciar a encabezar la Ejecutiva Federal, probablemente no tiene parangón. El mazazo de la renuncia de González el domingo 18 de mayo de 1979 llevó a la organización a temer por la continuidad del PSOE, dado el enfrentamiento que parecía irremediable entre el ala izquierda y los delegados afines a Felipe González: bordeando la tragedia, el que fuera ministro de Justicia, Enrique Múgica, lloraba por los pasillos desconsoladamente. La derrota de los críticos a manos del tándem Felipe-Guerra llevó la tranquilidad a las filas socialistas durante dos décadas.

Imagen del primer gobierno de Felipe González, en 1982.

Imagen del primer gobierno de Felipe González, en 1982.

Séptima crisis

Un acontecimiento no menor en este recorrido de crisis cíclicas es la huelga general del 14 de Diciembre de 1988 propiciada por la UGT contra el Ejecutivo socialista. La condición de miembros del PSOE, en grado dirigente, de muchos de los "ugetistas" que llamaban a la huelga en toda la geografía española llevó a enfrentamientos personales de una dureza inusitada entre militantes socialistas, en las casas del pueblo y en las sedes "ugetistas".

Octava crisis

La última crisis de calado, excluida la presente, acaeció en 1991, cuando el Presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Felipe González, destituyó a Alfonso Guerra de su cargo de vicepresidente del Gobierno tras varios escándalos desvelados en la prensa. El enfrentamiento entre "felipistas" y "guerristas" condicionó durante años el desarrollo de la organización socialista y, paralelamente, muchas importantes decisiones de los gobiernos de Felipe González.

Novena crisis

Es el resultado del abandono de Felipe González de la Secretaría General del PSOE tras ser derrotado por José María Aznar en las elecciones de 1996. Joaquín Almunia, nuevo Secretario General del PSOE, decide aplicar el sistema para que la militancia elija al candidato que tendría que enfrentarse a José María Aznar dos años más tarde, en 2000. El secretario general del PSOE –candidato “natural” a las primarias-, anima a personalidades del Partido, entre ellas a José Borrell, para que den el paso y decidan disputar la candidatura a la presidencia del Gobierno. Tras dudar varios meses, Borrell acepta el reto, se presenta a competir con Almunia y es elegido –para sorpresa de propios y extraños- como candidato a la Presidencia del Gobierno. Se inicia así un período convulso en el PSOE, bautizado como “bicefalia”, en el que tienen que convivir dos liderazgos, el de Almunia al frente del Partido Socialista, y el de José Borrell, como candidato a la Presidencia del Gobierno.

José María Aznar y Felipe González.

José María Aznar y Felipe González.

El triunfo de Borrell se basó en la vitola de “adversario del aparato del Partido” y en el apoyo de sectores muy concretos: guerristas, Izquierda Socialista y los “aparatos” de las federaciones descontentas con la resolución del Congreso en que fue elegido Almunia al frente del PSOE. Borrell se presentaba como “candidato de las bases”, enfrentado al “aparato de Ferraz”, más a la izquierda que Almunia… y ganó la apuesta.

El resultado de las primarias arrojó un porcentaje del 55% a favor de Borrell (114.254 votos) frente al 45% (92.860 votos) logrados por Almunia. Anticipándose al “choque de legitimidades”, Joaquín Almunia anunció a su círculo de confianza que dimitiría como secretario general del PSOE porque en las primarias se había dado un vuelco a su legitimación. Presionado por dirigentes locales, regionales y del “aparato de Ferraz”, Almunia decide quedarse en su puesto, muy a su pesar. Al principio de la nueva relación, ambos establecen un del buen clima de convivencia unas reglas de juego convenidas.

Josep Borrell saluda a Joaquín Almunia durante el proceso de primarias de 1998.

Josep Borrell saluda a Joaquín Almunia durante el proceso de primarias de 1998.

Almunia, buen conocedor de la “cultura” del PSOE, siempre tuvo la convicción de que aquello no iba a funcionar, y el discurrir del día a día le daría la razón. El periodo de convivencia a medias tuvo un final brusco tras la aparición en El País de una información que relacionaba al candidato con un escándalo de corrupción que habrían protagonizado en la Delegación de Hacienda de Cataluña dos amigos y excolaboradores del Ministro de Hacienda (José María Huguet y Ernesto Aguiar).

La crisis de la “bicefalia” acabó el 14 de mayo de 1999, cuando José Borrell presentó su dimisión como candidato a la Presidencia del Gobierno. A estas alturas Borrell sigue sin identificar la “mano que meció su cuna”, pero lo cierto es que aquella “oportuna” información del diario El País fue determinante para forzar la dimisión del exministro.

Décima crisis

La actual crisis del PSOE, una de las más graves en sus 137 años de existencia, tiene dos escenarios que se solapan: el enfrentamiento orgánico de la mayoría de dirigentes regionales con, tras seis derrotas electorales sucesivas, y la posición contraria del secretario general a que Rajoy sea investido con la abstención socialista tras dos procesos electorales que han derivado en una situación de bloqueo en la política nacional.

Los críticos de Sánchez destacan su incapacidad para hacerse con el control del PSOE, algo que lograron sus predecesores: José Luis Rodríguez Zapatero, de forma casi unánime; y en menor medida Alfredo Pérez Rubalcaba. Las intervenciones del secretario de Organización, César Luena, sin empatía con los dirigentes regionales del Partido; o la destitución de figuras socialistas tan destacadas como el Secretario General de Madrid, Tomás Gómez, han sembrado de minas el camino de Sánchez.

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, conversa con Susana Díaz.

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, conversa con Susana Díaz.

Las derrotas del PSOE en las 6 citas electorales bajo el liderazgo de Pedro Sánchez han dado argumentos suficientes a sus adversarios internos para intervenir en Ferraz hasta lograr la dimisión de 17 miembros de su Ejecutiva Federal, encabezada por Sánchez.

Paradójicamente, lo que ha mantenido “vivo” a Sánchez entre la militancia socialista no es su demostrada incapacidad para ganar elecciones, sino su negativa a investir Presidente del Gobierno a Mariano Rajoy con la abstención de los diputados socialistas. Por su parte, los dirigentes regionales críticos, que representan una abrumadora representación del conjunto de la militancia, quiere cobrarse la “pieza” de Sánchez como secretario general, al tiempo que resuelven la investidura de Mariano Rajoy con una abstención para evitar terceras elecciones.

Los críticos han irrumpido como “elefante en cacharrería” en la hoja de ruta prevista por Sánchez para anticiparse a la consulta a la militancia y desactivar la convocatoria de primarias prevista por Ferraz con carácter urgente. Los dirigentes regionales están convencidos de que si el Congreso y las primarias se celebran dentro de unos meses habrán tenido tiempo para armar una alternativa al actual secretario general del PSOE; y en cuanto a la posición del partido ante la investidura, esperan buscar argumentos suficientes para que la militancia consienta una abstención que propicie la investidura de Rajoy, eludiendo unas terceras elecciones en el peor momento posible para la familia socialista.

Lejos, lejísimos, queda aquel viernes 2 de mayo de 1879 en el que, en una pequeña taberna cercana a la Puerta del Sol (en la madrileña calle Tetuán), se fundó el Partido Socialista Obrero Español a manos del tipógrafo y entusiasta internacionalista Pablo Iglesias.

Exterior de la taberna Casa Labra, en Madrid.

Exterior de la taberna Casa Labra, en Madrid.

Ese día se celebraba la comida de Fraternidad Internacional, en la fonda Casa Labra, donde hoy yace una placa conmemorativa con la fecha de aquella reunión clandestina en la que se sembraba la semilla del partido que hoy conocemos. 

Placa conmemorativa del 2 de mayo de 1879 en Casa Labra (Madrid).

Placa conmemorativa del 2 de mayo de 1879 en Casa Labra (Madrid).