Isabel Carrasco

La defensa evoca a los padres de Asunta: "Les pidieron menos años que a quien mata por su hija"

La letrada de la acusación particular dice que Montserrat González "no era tonta ni estaba loca". La autora confesa del crimen declara este martes en León.

Las acusadas Triana Martínez, Montserrat González y Raquel Gago en la Audiencia Provincial de León.

Las acusadas Triana Martínez, Montserrat González y Raquel Gago en la Audiencia Provincial de León. Efe

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Con el rostro escondido en una bufanda oscura y un gorro gris, la supuesta autora del crimen de Isabel Carrasco, Montserrat González, llegó este martes con su hija Triana a la Audiencia Provincial de León.

Dentro la esperaban los nueve miembros del jurado que decidirán sobre su futuro y sobre el de la policía municipal Raquel Gago. El fiscal pide la misma pena para las tres: 20 años por asesinato en concurso ideal con atentado y otros tres por tenencia ilícita de armas. El juicio quedará visto para sentencia en apenas un mes.

Montserrat y su hija Triana están representadas aquí por el letrado José Ramón García, que expuso en la sala los argumentos de la defensa durante su intervención.

García puso en duda que el crimen se hubiera producido a la hora que dice la fiscalía y recordó que había solicitado la nulidad del proceso por la forma en que “unos policías de Burgos” habían arrancado la confesión de sus dos clientas al día siguiente del crimen.

El letrado de la autora confesa del crimen ha dedicado una buena parte de su intervención a relatar la persecución que según él sufrió Triana durante los cuatro años que precedieron a la muerte de Isabel Carrasco.

García ha asegurado que la líder popular frenó el nombramiento de Triana como directora general de Telecomunicaciones del Gobierno regional y ha explicado por qué su clienta no cree que fueran casuales las inspecciones fiscales que recibió.

“Cuando Triana compró su coche, tuvo un problema con Hacienda por las emisiones de carbono e Isabel le dijo: ‘Haz un recurso. No te preocupes que eso se arregla’”, dijo antes de recordar que Carrasco había ejercido un cargo de responsabilidad en la delegación de la Agencia Tributaria en Valladolid.  

García ha citado dos juicios mediáticos recientes: el del caso Noos para decir que la fiscalía no siempre actúa en beneficio de los ciudadanos y el de la muerte de Asunta para decir que a su clienta se le pide una pena mayor que a los padres de la niña: "Se le piden menos años de cárcel a quienes han matado a su hija que a quien ha matado por su hija". 

“Hemos querido traer testigos y todos huyen. ¡Tienen miedo!”, ha dicho después el letrado en una referencia velada a los dirigentes del PP de León que al final no tendrán que declarar.

Justo después, ha declarado Fermín Guerrero, que representa a Raquel Gago, la policía municipal que entregó el arma asesina al día siguiente del crimen. Guerrero ha recordado que su clienta no siente “ninguna enemistad por la víctima” y ha asegurado que no participó en ninguno de los seguimientos que se hicieron antes de su muerte.

“¿Alguien que forma parte de un plan preconcebido entrega la pistola? ¿De verdad casa eso con una intervención premeditada?”, se ha preguntado Guerrero, que solicita la absolución de su clienta, que durante 17 años ha ejercido como policía municipal en la ciudad.

"Matar no es fácil"

A la espera de la declaración de González, que declarará a partir de las cuatro y media, la primera audiencia pública del juicio se abrió unos minutos después de las nueve de la mañana con las intervenciones del fiscal y de los letrados de las acusaciones particulares y de la acusación popular.

El fiscal Emilio Hernández presentó el crimen como el fruto de una conspiración entre las tres acusadas y justificó su decisión de pedir la misma pena para las tres.

“Es un asesinato porque Isabel no tuvo ninguna posibilidad de defenderse”, dijo Hernández unos minutos antes de la declaración de la acusada de disparar contra la presidenta de la Diputación. “Créanme. Matar no es fácil. Ni siquiera a una persona que está tendida en el suelo. Montserrat lo hizo con gran frialdad y disfrazada. Si no hubiera sido por el policía jubilado con el que se encontró en la pasarela, el crimen habría quedado impune. ¿Quién iba a pensar que la mujer y la hija del comisario de Astorga eran las autoras de la muerte de Isabel Carrasco?”.

El fiscal sostuvo que Montserrat llamó a su hija un minuto después de abatir a Carrasco y que la joven telefoneó a su amiga tres minutos después de esa llamada inicial. “Ellas dicen que todo fue por casualidad pero yo no me lo puedo creer”, afirmó. “Aquí estamos para juzgar a Montserrat, a Raquel y a Triana, no a Isabel Carrasco. Aunque se pudiera demostrar que Carrasco perjudicó a Triana, eso no justifica que la maten y menos de una forma tan cobarde”.

"Una inquina inimaginable"

Los argumentos del fiscal los ha subrayado la letrada leonesa Beatriz Llamas, que representa a la hija de la fallecida. “Se hará alusión a que Montserrat padece un trastorno de ideas delirante pero verán con nuestros peritos que ella estaba perfectamente cabal. Todo estaba estudiado. Ella tenía una inquina inimaginable pero no era tonta ni estaba loca”.

Su colega Carlos Rivera recordó el objetivo de la defensa de las acusadas: presentar a Carrasco como una gobernante despótica que se había ensañado con Triana y había lanzado contra ella una persecución fiscal y laboral. “Van a intentar convencerles de que la víctima está bien matada y de que era necesario matarla”, dijo Rivera antes de exhortar al jurado a juzgar los hechos y nada más.

El plato fuerte del día es la declaración de Montserrat González, a la que el proceso judicial ha ido retratando como una mujer ambiciosa e inestable que salía de copas con las amigas de su hija y fumaba ocasionalmente una marihuana que cultivaba en un huerto de Carrizo de la Ribera, un pueblo que se encuentra a 34 kilómetros de León.

Montserrat era la esposa de Pablo Antonio Martínez, que hasta el día del crimen ejercía como comisario jefe de Astorga, una de las ciudades con más habitantes de la provincia de León. El matrimonio guardaba las formas pero vivía por libre desde hacía unos años y la mujer casi siempre estaba en el piso de su hija, un ático abuhardillado en un edificio blanco con persianas oscuras junto a una gasolinera de Repsol.

Montserrat y Triana eran militantes del Partido Popular y estuvieron en el congreso nacional que se celebró en Valencia en 2008. Un año antes, el nombre de Triana había figurado en el número siete de la lista del PP a las elecciones municipales de Astorga, donde trabajaba su padre hasta el asesinato de la presidenta de la Diputación.  

Los detalles del crimen

Isabel Carrasco murió asesinada el 12 de mayo de 2014 en una pasarela peatonal sobre el río Bernesga mientras se dirigía a la sede del Partido Popular de León. La autopsia desveló que había recibido tres disparos de un revólver Taurus del calibre 32: uno en la nuca, otro en la mejilla izquierda y otro en el corazón.

“La mala hierba debe cortarse. Tan sólo he hecho justicia”, dijo Montserrat González unos días después del crimen, al confesar que había matado a la presidenta de la Diputación de León.

Ni siquiera su esposo policía habría reconocido a Montserrat aquel lunes de mayo con las manos enguantadas y el rostro oculto por una gorra, unas gafas oscuras y un pañuelo grande que le cubre la boca y la nariz.

Montserrat disparó supuestamente a la víctima por detrás y desde muy cerca. El primer disparo destrozó el ventrículo izquierdo del corazón de Carrasco y la dejó malherida sobre la pasarela, donde su presunta asesina la remató con un balazo en la mejilla izquierda y otro en la nuca. El último fue el disparo mortal.

Según explicó unos días después del crimen, la presunta asesina le había comprado el revólver a Armando García Oliva, un asturiano con antecedentes por tráfico de drogas que regentaba un bar en un barrio a las afueras de Gijón. A Armando lo habían encontrado muerto en el establecimiento en enero de 2013 con las persianas metálicas cerradas y en avanzado estado de descomposición.