Operación Astur

La trama de exciclistas buscaba clientes de dopaje en las carreras populares

Usaban pruebas de amateurs para citarse con deportistas y entregarles sustancias estimulantes.

Rubén Castro, en una carrera popular.

Rubén Castro, en una carrera popular.

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La San Silvestre de Salamanca de 2014 no se disputó el 31 de diciembre, como es tradición en todo el mundo, sino el 28, día de los Santos Inocentes. Poco antes de la salida, la megafonía se sumó a la fecha con su propia broma: anunció que los diez primeros hombres y las cinco primeras mujeres tendrían que pasar el control antidopaje al terminar. Según contó La Gaceta de Salamanca, el inesperado anuncio provocó “pánico en algunos corredores” y la desbandada de unos cuantos que decidieron no correr. El premio para el ganador era de 1.200 euros.

La historia de aquella inocentada ha circulado durante meses en los foros de atletismo, donde muchos deportistas se quejan de que en este tipo de pruebas compiten a menudo corredores dopados. Para la trama de exciclistas profesionales desarticulada en la operación Astur por el Grupo Antidopaje de la Policía Nacional, las carreras populares eran un lugar fundamental en su actividad.

Según las investigaciones que obran en poder del juzgado de instrucción número 4 de Salamanca, y a las que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, a la red liderada por los exciclistas profesionales Alexis Rodríguez (ex del Kelme) y Rafael Rodríguez Segarra (ex del Contentpolis-Murcia) este tipo de pruebas les servían tanto para distribuir los pedidos entre sus clientes como para captar otros nuevos.

Días antes de las diez detenciones de la operación, que se produjeron el 27 de marzo de 2015, Alexis Rodríguez contacta por teléfono con uno de sus principales clientes, Rubén Castro Portela (corredor de populares y del club ciclista Cambre), a quien además de proporcionar sustancias dopantes, asesora en los entrenamientos. Castro, que también fue detenido en la operación, le hace un pedido, y ambos quedan en que la entrega sería en el trofeo ciclista Iberdrola, que iba a disputarse unos días después en Zamora. El premio para el ganador era de 90 euros.

En la lista de participantes de la prueba de 151 kilómetros, con principio y final en la localidad zamorana de Muelas del Pan, de ellos dos sólo figura Castro, conocido también como 'Macana', que aparece como uno de los 87 corredores que se retiraron. Alexis Rodríguez, en un principio no quería acudir a la cita y buscó alguien que hiciera la entrega por él, pero finalmente acude y se ve allí con Castro.

Castro, distribuidor

Según la investigación, Castro es cliente de Rodríguez, pero también funciona como distribuidor, con su propia red de deportistas amateurs a quienes revende sustancias dopantes, además de asesorarles. Es un esquema que se repite con varios de los clientes de la trama: compran para ellos y, según las declaraciones de algunos en calidad de testigos, para pasarle a compañeros de entrenamiento, conocidos y familiares.

Rodríguez Segarra, compañero de equipo de Alexis Rodríguez en 2010, y el proveedor que le enviaba desde Elche la EPO, los anabolizantes y la hormona de crecimiento, también utilizaba carreras populares como lugar de contacto con los clientes. Lo relata uno de ellos en su primera declaración como testigo. Se trata de un ciclista federado, que cuenta a los investigadores que el año anterior, en 2014, Rodríguez Segarra le había ofrecido EPO y hormona de crecimiento durante la marcha cicloturista Valle de las Uvas, un recorrido de 98 kilómetros que discurre principalmente por el valle del Vinalopó, en Alicante.

LAS CITAS ERAN EN TIENDAS

La investigación refleja en varias ocasiones el empeño de comercial de Rodríguez Segarra. Otra de las personas identificadas como clientes, federado en triatlón, cuenta en su primera declaración que una vez le dio una sustancia dopante que no especifica “para probar”.

Como sucedía en el negocio de Alexis Rodríguez, algunos de los clientes de Rodríguez Segarra también le ayudaron a ampliar la red de consumidores. Otro de los detenidos reconoce en su declaración que toma anabolizantes y otras sustancias, y cuenta que le puso en contacto con varias personas para que les vendiera a ellas. Y que también le pidió un plan de entrenamiento para un familiar, para poder decirle cómo doparse.

Muchas de las citas y entregas se producen en tiendas de material deportivo (se registraron cuatro en la operación Astur), pero la investigación revela que el público objetivo de la trama de los dos exciclistas se concentraba en las carreras populares, y allí iban a buscarlos y a repartir la mercancía. Pruebas como el trofeo Iberdrola de Muelas del Pan, la marcha del Valle de las Uvas, o la San Silvestre de los Santos Inocentes en Salamanca, donde Alexis Rodríguez terminó en el puesto 436. “Aquello fue una broma que se le ocurrió al speaker -recuerda ahora José Antonio Molinero, director de la prueba, donde nunca ha habido controles-. Nos llevamos una sorpresa cuando vimos que algunos se iban retirando”.