Durante décadas, las vacaciones obedecían a una ecuación previsible: un puñado de días de sol, una playa apetecible, el patrimonio monumental de siempre y la recomendación amable de una agencia de viajes.
Sin embargo, llevamos algunos años en que el motor que mueve los aviones es radicalmente distinto y el año 2026 ha sido un buen ejemplo de ello. Ya no (sólo) cruzamos el mapa para hacernos una foto en algún sitio único, sino ahora también vivir una experiencia que sea histórica y, si puede ser, gregaria.
La consolidación del llamado Turismo de Fandom, impulsado sobre todo por las generaciones Z y millennial, ha ido transformando el sector en una suma de momentos de culto muy lucrativa. De hecho, las llamadas set-jetting (visitar los escenarios reales donde se han rodado series o películas) han dejado de ser algo anecdótico para convertirse en una opción de masas.
La Catedral de Girona que fue utilizada en la serie de Juego de Tronos para ambientar Desembarco del Rey.
Si no, que se lo pregunten a España y Croacia con Juego de Tronos, a Bath con los Bridgerton, a Escocia con Outlander o a Sicilia, entre otras, con White Lotus.
Un informe de Expedia calculó que el impacto de estos viajes en EEUU en 2026 podría alcanzar los 7.220 millones de euros, ya que un 13% de los estadounidenses confiesa que reserva un viaje inspirado exclusivamente por lo que ven en pantalla. A nivel internacional, el turismo cinematográfico supondría unos 56.750 millones de dólares.
Sin embargo, si hablamos de emoción y experiencia como protagonistas de nuestras vacaciones, es el deporte y sus eventos los que provocan la mayor movilización del planeta que podamos imaginar.
Uno de los estadios en los que se jugó el Mundial de Fútbol 2026 en EEUU.
Durante el pasado Mundial de Fútbol de 2026, celebrado entre Estados Unidos, México y Canadá, se calcula que se produjo un impacto turístico directo de 6.870 millones de euros con más de 6,5 millones de visitantes en los estadios que continuaban luego con sus rutas y visitas a las ciudades donde iban sus equipos.
Pero el impacto económico que seguía a un balón no sólo se ha visto en esta parte del mundo. En Madrid, la retransmisión de la gran final entre España y Argentina en pantallas gigantes e instalaciones como la fan zone del Estadio Santiago Bernabéu o el WiZink Center dejaron entre 45 y 55 millones de euros en consumo en bares y restaurantes de la capital en un solo fin de semana, según la propia patronal hostelera.
Es verdad que el fútbol es uno de los ámbitos que más dinero mueven a lo largo del año en el sector del turismo deportivo mundial, en un mercado que supera los 560.000 millones de euros, con unos aficionados que gastan un 46% más que lo hace un turista medio, también durante los 9 meses que suelen durar las competiciones regulares.
La Selección española celebrando el Mundial ante un baño de masas en la plaza de Cibeles.
Pero no es el único. Hay disciplinas como el golf que han hecho renacer algunas áreas gracias a sus campos impulsando un turismo de lujo único. O ciudades como Nueva York, Tokio, Londres o Berlín que se llenan en un fin de semana con un maratón de los que mueven a masas de participantes.
E incluso otros lugares como Madrid, el próximo 11 al 13 de septiembre, que pierden la cabeza y se llenan el bolsillo con el premio de Fórmula 1, ya que el motociclismo es la disciplina con el gasto medio por espectador más elevado, generando un impacto económico local inmediato superior al de la mayoría de finales de cualquier otro deporte.
Así quedará el circuito de MadRing con La Azotea justo encima de la gran curva.
En definitiva, en 2026 viajar ha dejado de ser un mero desplazamiento geográfico. Parece más bien un mapa trazado sobre el calendario de las emociones que genera una película, un libro o un partido que promete marcarnos para siempre.
Y el año que viene se prevé más de lo mismo.