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La turismofobia es no es un mal menor porque el efecto que la causa no es un mal menor. Pero, a su vez, para países dependientes del sector turístico es un fenómeno inasumible, como también lo es el menoscabo que sufren los habitantes de zonas tensionadas.

Barcelona, Mallorca, Canarias, Venecia o Dubrovnik, siendo tan distintas, adolecen de un mismo problema: el exceso de viajeros y de un turismo que extrae más de lo que aporta.

La belleza de lugares como Dubrovnik y la paz de sus gentes se ve alterada por la masificación turística asfixiante.

La belleza de lugares como Dubrovnik y la paz de sus gentes se ve alterada por la masificación turística asfixiante. Diego F. Parra

El dilema no tiene fácil solución, pero hay que encontrarla. Y los primeros en hallarla son los propios viajeros que buscan alejarse de estos centros atestados de visitantes y huir hacia los confines del globo.

Los números hablan alto y claro

Según datos de la Organización Mundial del Turismo, el 80% de los turistas internacionales se concentra en apenas el 10% de los destinos. Históricamente, en España, cinco comunidades han sido el foco de la mayoría de las visitas que se hacían a nuestro país. ¿El resultado? Una trampa en forma embudo que atasca aeropuertos, plazas, playas y monumentos.

El solo traveler es de los primeros perfiles en busca destinos fuera de las rutas convencionales.

El solo traveler es de los primeros perfiles en busca destinos fuera de las rutas convencionales. Cotton Bro

Frente a esa saturación, el informe Unpack '25 de Expedia revela que el 63% de los viajeros estadounidenses ya manifiesta interés por destinos menos conocidos, alejados de los circuitos tradicionales. Y según Global Rescue, el 53% de los viajeros afirma tener planes concretos de evitar destinos masificados en sus próximas escapadas.

Lo que está emergiendo tiene nombre en inglés —off the beaten path travel— aunque la idea sea tan antigua como la curiosidad humana: ir donde no hay camino hecho. Y hacer camino al andar, como diría el genial Machado.

El Chimborazo, en Ecuador, ofrece paisajes sin viajeros y te acerca al punto del planeta más próximo al cielo.

El Chimborazo, en Ecuador, ofrece paisajes sin viajeros y te acerca al punto del planeta más próximo al cielo. iStock

El Chimborazo, ejemplo de la geografía de lo inesperado

Hay destinos que en la inmensidad más remota empiezan a captar la atención de aquellos que eligen hacer caminos nuevos. Un buen ejemplo es El Chimborazo que, aunque no es tan alto como el Everest, es el punto de la superficie terrestre más alejado del centro de la Tierra y más cercano a la galaxia.

Hoy, de manera muy reducida, se ofrecen experiencias que emulan el viaje del explorador británico Edward Whymper, el primero en coronarlo, en 1880. Quienes lo conocen lo describen como una de las experiencias más sobrecogedoras de los Andes. No es un secreto bien guardado: es un lugar que todavía no ha sido devorado. Y así debería seguir.

Junto a El Chimborazo, hay otros destinos que comparten esa condición de grandeza casi virgen. En el archipiélago de Svalbard, entre Noruega y el Polo Norte, hay más osos polares que habitantes humanos.

El Cañón de Charyn, en Kazajistán, es un lugar mítico para los amantes del jogging en solitario.

El Cañón de Charyn, en Kazajistán, es un lugar mítico para los amantes del jogging en solitario. Thomas Ten

En Kazajistán, los lagos Kolsai —tres espejos de agua turquesa encajados en un valle de abetos del Tian Shan— o el Cañón de Charyn, apodado el "Gran Cañón del Asia Central", acumulan una belleza geológica que rivaliza con cualquier postal conocida.

La remota isla de Socotra se perfila como el Dorado de los viajeros que buscan aislamiento total.

La remota isla de Socotra se perfila como el Dorado de los viajeros que buscan aislamiento total. Andrew SvK

La isla de Socotra, en el Índico, frente a las costas de Yemen, es tan aislada biológicamente que el 37% de sus plantas no existe en ningún otro lugar del planeta. Sus árboles drago, con forma de paraguas invertido, parecen diseñados por un ilustrador de ciencia ficción.

Pero, independientemente de lo que lejos que viajemos o lo aislados que pretendamos estar, la preservación del entorno, sus habitantes y sus costumbres es lo único que asegurará, en el futuro, un turismo más sostenible y destinos sin masificar.