Desde tiempos ancestrales el té y el budismo viajaron entre el Tíbet, China e India con total naturalidad. El sabor y las propiedades de la infusión le dieron fama y, desde Asia, el té se extendió por todo el mundo. A principios del siglo XVII, un embajador chino se presentaba ante el zar de Rusia con un cargamento de té. Pocos años después, los rusos adoptaban la bebida como uno de sus mayores deleites. Por las mismas fechas, el té llegaba a Europa para quedarse.

China y el origen del té

Yunnan posee la mayor extensión del planeta en jardines de viejos árboles de té. Aún hoy se realizan peregrinaciones hacia el árbol de té más viejo de la montaña, allí se reza a los guardianes de los ancestros del Espíritu del Té a ritmo de tambores.

Pero, Yunnan también esconde uno de los monasterios más famosos de lo que fue el Tíbet, Songzanlin. Una ciudad monástica de aire medieval, con tres templos principales y una casa en la que residen los monjes. Edificios, banderas rojas, amarillas, verdes, aroma de incienso y velas de manteca de yak.

Y como “banda sonora” las campanillas y los “mantras” repetidos constantemente por los lamas de la túnica roja y azafrán. Songzanlin es el monasterio budista tibetano más grande de Yunnan. Se encuentra cerca del condado de Shangri La, el mítico enclave de la “sociedad perfecta”.

Sichuan

Cuenta la leyenda que, casi tres mil años antes de Cristo, el emperador chino Shen Nung se encontraba bajo un árbol de té. Siguiendo las instrucciones que daba a su pueblo, hervía agua para consumirla. En ese momento, varias hojas del árbol cayeron sobre el agua en ebullición. El emperador quedó sorprendido por el aroma que desprendía aquella infusión y la probó.

Cierta o no, la leyenda inicia la larga historia del té en China. Nacía una infusión que, milenios después, se extendería por el mundo. Su sabor, y sus propiedades medicinales, la han convertido en una de las bebidas más consumidas en el planeta.

Las condiciones climáticas de esta próspera provincia china propician, además del té, una agricultura intensiva y grandes recursos minerales. Es una tierra “de abundancia”.

Tradición y cultura rusa del té

Desde aquel regalo del embajador chino al zar ruso, hace cuatro siglos, Rusia adoptó el té y lo adaptó a su cultura. Esa adaptación pasó por el empleo de un original recipiente metálico en forma de cafetera alta que dispone de una chimenea interior con infiernillo, el samovar. Los rusos lo toman dulce, caliente o frío y, desde luego, muy fuerte.

La capital, Moscú, se extiende alrededor de su centro histórico. Desde el puente flotante del parque Zariadie se disfruta de la mejor vista del Kremlin. El recinto amurallado del Kremlin, residencia de antiguos zares y sede del Gobierno ruso, incluye cuatro palacios y cuatro catedrales. Los restos del estado soviético se dispersan por toda la ciudad.

El Kremlin y la Plaza Roja, con su Catedral de San Basilio, constituyen el centro geográfico y espiritual de la capital rusa. Otra de sus grandes atracciones es el magnífico metro de Moscú, el transporte por excelencia de la ciudad. Fue bautizado como una red de “palacios subterráneos” y exhibe altos techos decorados con pinturas, molduras y lámparas espectaculares. Es todo un museo aunque no el único.

Moscú es una de las grandes capitales mundiales de las artes clásicas, del teatro, el arte y la cultura. El Teatro Bolshoi no sólo es un magnífico edificio, también da nombre a su gran compañía de teatro, danza y ópera.

India

India también pasó a ser un importante destino comercial en la ruta del té. Desde el Tíbet, las caravanas de té recorrían la ruta hasta el Paso de Nathu La, un agreste camino de montaña en el Himalaya que se utilizaba para dirigirse hacia Calcuta. Té y sal, a cambio de trigo y arroz.

Calcuta es hoy, una ciudad especialmente activa y aparentemente caótica. Es el principal centro comercial y educativo de la India Oriental. La ciudad más atractiva de la India mantiene sus toques coloniales, herencia de su pasado británico.

Muy cerca de Calcuta se encuentra un famoso templo hindú dedicado al culto de la diosa Kali, protectora de la población. Daksineswar consta de un templo principal dedicado a la diosa, otro a Radha Krishna y doce pequeños templos en honor a Shiva. Además, dispone de un elemento fundamental para alcanzar su posición como centro de peregrinación, el río.

Y el té de las cinco llegó a Europa

A partir del siglo XVII las Compañías de las Indias Orientales, holandesa y británica, se encargarían de extender el té por sus colonias. Pero fue, finalmente, la Compañía Británica la que se hizo con el monopolio gracias a ciertos trucos y una poderosa flota.

El nacimiento del británico té de las cinco tiene su origen en el siglo XIX. La Duquesa de Bedford, amiga íntima de la reina Victoria, pidió a su sirvienta que le llevara unos sandwiches y algo “de picar”, con el té de media tarde. La costumbre creó la excusa perfecta para tomarlo con familiares y amigos, el momento más social del día.

No es extraño que la reina Victoria adoptara el “Afternoon Tea”, como el momento de descanso, en el Buckingham Palace. El magnífico edificio que ella misma convirtió en residencia oficial de la monarquía británica en Londres.

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