Eliza Zhukova, florista ucraniana y propietaria de Verano Prado, en Vigo

Eliza Zhukova, florista ucraniana y propietaria de Verano Prado, en Vigo S.P.

Comercio

Eliza Zhukova, de trabajar para Zelenski a abrir una floristería en Vigo: "Me siento ambiciosa"

Eliza Zhukova es la dueña de la nueva floristería que conquista a los vecinos del centro de Vigo, donde ha recalado tras huir de su Ucrania natal por la guerra.

Podría interesarte: Manolo y María Jesús cierran la mítica Deportes Albéniz de Vigo: "Hay clientes que vienen desde niños"

Publicada
Actualizada

La inminente ofensiva rusa sobre Ucrania en febrero de 2022 llevó a millones de personas a huir de su país y dejar atrás familia, amistades y recuerdos. Entre ellas se encontraba Eliza Zhukova, que cuatro años más tarde ha rehecho su vida en Vigo como propietaria de la floristería Verano Prado, inaugurada hace poco más de una semana.

Cuando la primera bomba cayó sobre Kiev, Liza no dudó y tomó la decisión de marchar del país. Contactó con una amiga, se montaron en su Volkswagen Caddy y pusieron rumbo a Budapest. Entonces, recibió una llamada de su compañera de trabajo: "Me dijo que iba a cambiar el agua a las flores y yo de camino a Hungría. Yo le dije: 'Estás locas, ¿qué flores?'".

Liza trabajaba en una reconocida cadena de floristerías de la capital ucraniana. Ejercía como florista en una de sus tiendas, que ardió tras los primeros ataques rusos. "Era un negocio, vamos a decir, para ricos. Más exclusiva. Zelenski fue nuestro cliente", afirma desde el local de su nuevo proyecto, Verano Prado, ubicado en la calle República Argentina de Vigo.

Las flores y las plantas son la gran pasión de esta ucraniana de 29 años. Ahora bien, no se dio cuenta hasta la universidad. Liza estudiaba Relaciones Internacionales, pero su habitación del campus no estaba repleta de libros de Henry Kissinger, sino de los colores y aromas que desprendían peonías, rosas y tulipanes. "No había sitio donde poner más", asegura.

Entonces pensó que debía dedicarse a este sector. Comenzó trabajando con invernaderos y plantas de exterior, hasta que logró acceder a un curso de floristería en la "tienda exclusiva" donde acabaría de empleada. En apenas dos años aprendió el oficio y se hizo con la experiencia necesaria para sentirse preparada ante cualquier nuevo reto y oportunidad.

4.000 kilómetros

Establecerse en Vigo no fue el objetivo de Liza. Tras su huida de Ucrania, su padre le recomendó mudarse a dos países: Portugal o Australia. "Yo le dije: '¿Estás de broma?'. Hasta Portugal son más de 4.000 kilómetros, voy en coche y con dos gatos. Y Australia es aún más complicado", señala la florista, que decidió apretar el pedal y probar suerte en el país luso.

Liza y sus amigas recorrieron Portugal de norte a sur. Pasaron por Algarve, Lisboa, Porto y Viana do Castelo en busca de un trabajo y una nueva vida. Los salarios y la calidad de los empleos no encajaban en los planes de estas ucranianas; hasta que llegaron a Caminha, frontera con Galicia: "Encontramos una Vila, un palacete precioso que era como un hotel donde también hacen bodas y eventos".

Allí encontraron su primer hogar en la península. "Mi amiga creó un brunch, se encargó de todo y ahora es un brunch muy exitoso en Caminha", afirma Liza, que pronto se dio cuenta que la vila portuguesa no era su lugar: "Sí, hacía jardinería y flores, pero no se dedican a eso. Se dedican a hostelería, limpieza, preparar comida y todo eso".

Eliza Zhukova, florista ucraniana y propietaria de Verano Prado, en Vigo

Eliza Zhukova, florista ucraniana y propietaria de Verano Prado, en Vigo S.P.

Su jefa las invitó a conocer Vigo, donde residía con su familia. Quedaba cerca de sus amigas de Caminha y, a su vez, le ofrecía mayores posibilidades, así que decidió mudarse y empezó a presentarse en cada floristería de la ciudad. "Encontré trabajo en mi primer día", recuerda. La contrataron en una tienda cercana al hospital Povisa.

De empleada a emprendedora

Liza no tenía ni idea de castellano, gallego o portugués, y aquí "nada de inglés", que era el idioma con el se podía comunicar junto a sus lenguas maternas: ruso y ucraniano. Las primeras semanas en la floristería olívica aprendió las frases básicas, aunque pronto pensó: "Necesito una profesora". Durante los primeros meses, trabajaba de mañana, iba a clases y, a la tarde, volvía a la floristería.

Así, se preparó para "lo más importante" en su vida profesional: conocer y trabajar en Susiflor. Esta empresa ubicada en Gondomar (Pontevedra) es pionera en el cultivo de rosas y organizan eventos y bodas. "Ellos me invitaron a trabajar, hasta que abrí mi floristería", indica Liza, que asegura que esta etapa le sirvió para "coger mucha experiencia".

Encontrar trabajo no fue complicado para esta emprendedora ucraniana afincada en Vigo. Explica que el nivel de las floristerías en Ucrania y en Rusia es el más alto del mundo. Allí se compran las mejores flores y la gente demanda mucha flor y es más exigente. "Hay una competencia tan alta que es casi imposible abrir allí una floristería, que en Ucrania trabajan 24 horas, cinco días a la semana", apunta.

Ahora bien, su objetivo siempre fue abrir un negocio propio, para ganar más dinero e imprimir su estilo en cada ramo o centro que tuviera que elaborar. Así surgió hace dos años su marca: "Trabajaba en la otra floristería, pero Verano Prado ya existía con la web, con pedidos online, repartiendo yo sola".

"En una semana vendí todo"

"Yo sabía que puedo trabajar como empleada, pero dentro me siento ambiciosa", explica Liza sobre la razón que la empujó a abrir su tienda física, a la que dedicarse al 100%. Abrió el pasado 29 de abril de 2025 en calle República Argentina; lugar ideal, afirma, porque "pasa mucha gente": "Hay bancos, oficinas (...) Si abres en el centro la gente te ve todos los días y así puedes vender".

Interior de Verano Prado

Interior de Verano Prado S.P.

Liza está emocionada y contenta por haber logrado abrir su floristería y enfrentarse a este nuevo reto. Al abrir en los días previos al Día de la Madre, trabajo no le faltó: "Al principio tenía cero pedidos, pero la gente empezó a entrar y al final vendí todo de flor", afirma la florista, que se define como "diseñadora floral" —el interiorismo es uno de los servicios que también ofrece—.

El siguiente paso es ganarse la confianza de los vecinos y los trabajadores de la zona, así como conseguir agendar más eventos y bodas de cara al verano. "La gente aún no conoce que hacemos esto. Creo que cuando empecemos y enseñemos las fotos la gente va a pedir más", confía Liza, que también ofrece suscripciones con entregas mensuales y semanales, así como un servicio de florista personal.

"Te obligan a emigrar"

Liza se ha construido un futuro en Vigo, a más de 4.000 kilómetros de su hogar debido a la guerra. En Ucrania aún vive su hermana, que se quedó por su negocio y durante estos cuatro años se casó y tuvo un hijo. "Nosotros decimos que Kiev por el día es Mónaco, con gente con trabajos de alto nivel y paz, y por la noche Afghanistán", afirma Liza.

Los familiares y amigos de Liza continúan con su vida habitual, pese a los bombardeos nocturnos que no les dejan dormir. "Están acostumbrados. Tienen que ir a dormir abajo en el parking, cogen su almohada en el coche y duermen allí. Mañana te levantas y tienes que ir a trabajar", dice sorprendida sobre la capacidad de adaptación del ser humano.

A pesar de estar feliz con su nueva vida en Vigo y no sentirse una refugiada, Liza se emociona al pensar en las consecuencias de la guerra y la migración: "En el puerto hay una estatua en homenaje a la emigración y me da pena, me entran ganas de llorar. Porque tú estás bien, ellos te obligan —a marchar del país—".

Estatua de Homenaje a la emigración en Vigo

Estatua de Homenaje a la emigración en Vigo