Diana Lameiro y Desiré Vila
Desirée Vila, atleta paralímpica: “La gente veía mi prótesis, pero la parte mental muchas veces quedaba escondida”
La atleta paralímpica gallega repasa el duelo tras la amputación de su pierna, la importancia de la salud mental y cómo aprendió a dejar de exigirse ser siempre una historia de superación
Desirée Vila tenía 16 años cuando una lesión deportiva cambió para siempre el rumbo de su vida. Hasta entonces, la gimnasia acrobática ocupaba gran parte de su identidad, pero una complicación médica acabó provocando la amputación de su pierna. Tras un proceso marcado por el duelo, la aceptación y la reconstrucción personal, encontró en el deporte paralímpico una nueva forma de volver a conectar consigo misma.
Hoy es atleta paralímpica de salto de longitud, conferenciante y embajadora de marcas. Ha participado en dos Juegos Paralímpicos, pero su historia va mucho más allá de los logros deportivos: habla de salud mental, de aprender a pedir ayuda, de aceptar la vulnerabilidad y de dejar atrás la obligación de ser siempre una historia de superación.
Para que la gente te sitúe… ¿quién eres y a qué te dedicas?
Soy Desirée Vila, atleta paralímpica de salto de longitud, conferenciante y embajadora de marcas. Soy una persona con discapacidad física a raíz de una lesión deportiva cuando practicaba gimnasia acrobática. Desde entonces mi vida cambió por completo hasta que volví a encontrar en el deporte una forma de volver a conectar conmigo.
¿Cómo te describirías hoy, en este momento de tu vida?
Como una persona ambiciosa en lo deportivo, aunque me encuentro en una etapa en la que estoy intentando aprender a escucharme más. También soy muy disfrutona; en mi tiempo libre me encanta viajar, practicar otros deportes, ir al teatro, leer y participar en proyectos que salen de mi zona de confort.
Si hoy tuvieras que decir «estoy en un punto…» ¿qué dirías?
En algunos aspectos, como todo lo relacionado con el accidente, estoy en paz. He trabajado muchísimo ese proceso y he aprendido a gestionar mejor mis miedos e inseguridades.
Ahora mismo, ¿cómo estás por dentro?
Estoy en un momento de mayor equilibrio. Sigo teniendo días difíciles, pero me siento mucho más en paz conmigo misma y con mi historia.
Si miramos atrás… ¿cuándo dirías que empezó esa etapa difícil?
En el momento de aceptación, cuando me di cuenta de que mi vida no iba a volver a ser como antes. Lo más difícil llegó cuando el ruido bajó y me quedé a solas conmigo misma.
¿Recuerdas en qué momento pensaste: «esto no es normal, algo me está pasando»?
Sí. Yo siempre había sido una persona muy alegre y, de repente, estaba profundamente triste. Me costaba reconocerme.
¿Cómo era tu día a día entonces?
Mi día a día era un no parar: rehabilitación, ortopedia, seguir estudiando e intentar mantener una vida normal con mis amigos.
¿Qué era lo que más te pesaba en silencio?
Pensar que la gente me iba a mirar siempre desde la pena o desde la diferencia y sentir que había perdido una parte importante de mi identidad.
¿Había algo que te daba miedo reconocer?
Me daba miedo reconocer que estaba enfadada porque parecía que tenía que ser fuerte, positiva e inspiradora todo el tiempo.
¿En ese momento eras consciente de que estabas mal o lo fuiste entendiendo con el tiempo?
Sí era consciente de que estaba mal, aunque estaba tomando antidepresivos y eso hacía difícil distinguir realmente mis emociones.
¿Qué tipo de pensamientos se te repetían más?
La típica pregunta de «¿por qué a mí?».
"Intentaba aparentar que estaba bien cuando no me quedaba otra"
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¿Lo ocultabas o la gente de tu alrededor lo notaba?
La gente veía la parte física, la recuperación y la prótesis, pero la parte mental muchas veces quedaba más escondida.
Creo que no llegué a pedir ayuda como tal; tenía a mis padres, a mis amigos y trabajaba con una psicóloga, por lo que estaba en buenas manos.
¿Te costó pedir ayuda?
Intentaba aparentar que estaba bien cuando no me quedaba otra: en eventos para recaudar fondos para mi prótesis, entrevistas y otras situaciones públicas.
¿Cuál fue ese momento decisivo para el cambio?
Uno fue cuando decidí dejar de esconder mi prótesis y personalizarla. Otro fue descubrir que podía enamorarme y que alguien podía quererme tal y como era.
¿Recuerdas quién fue la primera persona con la que hablaste de verdad?
Posiblemente con mi tía Tania fue con quien primero hablé de verdad.
¿Hubo un día concreto en el que dijiste: «hasta aquí»?
Sí. Empecé a dejar de esconder mi prótesis después de una experiencia en una discoteca y aquello cambió mi forma de relacionarme con los demás.
¿Qué pasó para que algo cambiara?
También fue importante empezar una relación de pareja, porque rompió muchos miedos e inseguridades.
¿Fue un golpe, una conversación o un momento contigo misma?
Fue una suma de experiencias personales que me ayudaron a aceptar mi realidad y dejar de esconderme.
Una vez empezaste a actuar… ¿qué fue lo primero que hiciste?
Lo primero fue aceptar que necesitaba adaptarme a una nueva realidad. Poco a poco fui recuperando rutinas y encontré en el deporte una manera de volver a conectar conmigo misma y de darle un nuevo sentido a mi vida.
¿Empezaste terapia?
Sí. Conté con el apoyo de una psicóloga durante todo el proceso. Además, mi familia y mis amigos fueron fundamentales para ayudarme a seguir adelante.
¿Qué fue lo más duro del proceso?
Lo más duro fue aceptar la realidad: que no me iba a volver a crecer una pierna y que iba a convivir toda mi vida con una prótesis. Ver mi muñón por primera vez también fue muy difícil y enfrentarme a las miradas de la gente.
¿Y qué fue lo que más te sorprendió de ti misma?
Descubrir que podía llegar a querer partes de mí que al principio rechazaba y comprobar mi enorme capacidad de adaptación.
¿Hubo recaídas o momentos de retroceso?
Sí. Hubo recaídas y comprendí que cuidar la salud mental es un trabajo continuo y que nunca hay que bajar la guardia.
"Algunos compañeros del instituto no supieron cómo reaccionar y se alejaron. Nadie enseña cómo acompañar a una persona a la que acaban de amputar una pierna"
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¿Quién estuvo contigo de verdad en esa etapa?
Mi familia, mis amigos y todos los profesionales que me acompañaron fueron un apoyo imprescindible.
¿Y quién no supo estar… aunque quizá no fuera mala intención?
Algunos compañeros del instituto no supieron cómo reaccionar y se alejaron. Nadie enseña cómo acompañar a una persona a la que acaban de amputar una pierna.
¿Qué aprendiste sobre tu entorno?
Aprendí a valorar muchísimo a las personas que permanecen a tu lado de verdad y que te quieren sin condiciones.
Con el tiempo, ¿qué cosas aprendiste sobre tus emociones?
Aprendí que ser vulnerable no es algo malo.
¿Aprendiste a escucharte más?
Sí. Todavía sigo aprendiendo a escucharme y, sobre todo, a saber parar cuando lo necesito.
¿Qué te ayudó más: terapia, deporte…?
A mí me ayudaron mucho el deporte y la espiritualidad. El deporte le dio un sentido a mi vida y la espiritualidad respondió a muchas preguntas. También me ayudaron la meditación y las sesiones con mi psicóloga.
¿Qué te funciona hoy cuando notas que algo empieza a removerse otra vez?
Me funciona meditar, acudir a mi psicóloga y tener proyectos, viajes o eventos que me ilusionen y me ayuden a desconectar.
Si comparas tu vida antes y ahora… ¿qué ha cambiado más?
He ganado madurez. Ya no soy tan impulsiva y he entendido que ni todo es tan bueno ni todo es tan malo; eso me ayuda a afrontar mejor los momentos difíciles.
¿Qué cosas valoras hoy que antes no valorabas?
Valoro la estabilidad y los pequeños avances del día a día.
¿Hay algo que hoy te hace sentir orgullosa, aunque sea pequeño?
Me siento orgullosa de haber ido a dos Juegos Paralímpicos, de atreverme a hacer cosas difíciles y de rodearme de un gran equipo humano.
¿Qué significa para ti hoy estar bien?
Estar bien es poder tener un mal día sin destruirme y sentir que mi vida me pertenece.
Hoy en día, ¿qué haces para cuidarte?
Mantengo hábitos que me ayudan a estar bien, practico meditación, hago deporte y continúo trabajando mi salud mental.
¿Qué cosas ya no negocias contigo misma?
Mi derecho a poner límites, a decir que no y a entender que no puedo llegar a todo ni ayudar a todo el mundo.
¿Qué señales detectas ahora rápido y antes no veías?
Detecto cuándo estoy más irritable y soy mucho más consciente de esos cambios.
¿Cómo te hablas a ti misma hoy cuando tienes un mal día?
Todavía no me hablo bien al cien por cien, pero ahora soy consciente e intento frenar esa exigencia conmigo misma.
Si pudieras hablar con tu 'yo' de esa etapa, ¿qué le dirías?
Le diría: «Tienes derecho a que duela, pero no te vas a quedar aquí para siempre».
¿Qué te habría gustado que alguien te dijera en ese momento?
Me habría gustado que alguien me dijera que no tenía que volver al deporte y convertirme inmediatamente en una historia de superación. Antes de superar algo, también hay que llorarlo y enfadarse.
¿Qué consejo le darías a una persona que está pasando por algo parecido pero todavía no se atreve a pedir ayuda?
No soy nadie para dar consejos, pero pedir ayuda siempre es bueno y necesario.
Y para cerrar… si alguien que nos está leyendo está roto por dentro hoy, ¿qué te gustaría decirle?
Que estar roto hoy no significa que no puedas reconstruirte mañana.
¿Hay algún mensaje final que quieras dejar?
Me gustaría decirle a quien esté pasando por un momento difícil que tenga paciencia consigo mismo. Hay salida, aunque a veces no puedas verla, y apoyarte en otras personas nunca es una señal de debilidad.