Carlos Osorio, migrante colombiano en busca de regularizar su situación en Galicia

Carlos Osorio, migrante colombiano en busca de regularizar su situación en Galicia S.P.

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Carlos fue escolta de políticos en Colombia, huyó de Suecia amenazado y pide los papeles a Sánchez tras dos años ilegal

Tras dos años indocumentado, lejos de su familia y como solicitante de asilo, Carlos Osorio siente esta regularización de inmigrantes como "volver a nacer"

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Amenazas de muerte, explotación laboral y precariedad han definido los últimos diez años de la vida de Carlos Osorio, migrante colombiano que busca obtener la regularización para "volver a nacer" en Galicia. Este "milagro" le ha permitido reencontrarse con su familia y espera con ansias obtener la residencia para trabajar y "aportar al país".

En 2017, Carlos abandonó su Colombia natal y se trasladó a Suecia, el paraíso nórdico de la socialdemocracia europea. En el país latinoamericano trabajaba como escolta de políticos: "Por eso fui víctima de amenazas hacia mi vida y tuve que salir".

Al contrario que en España, nada más pisar territorio sueco le dieron un documento que le permitió trabajar y "buscarse la vida". "En Suecia nunca estuve de manera ilegal, siempre trabajé de manera legal", afirma Carlos, que se sacó el curso de carretillero y comenzó a bregarse un futuro en el sector de la construcción.

Este colombiano afincado ahora en Ourense se hizo miembro de Solidariska byggare, uno de los sindicatos más antiguos de Suecia. "Empecé a convertirme en un referente para la comunidad hispanohablante, tratando de luchar contra la explotación laboral de la cual eran víctimas los trabajadores indocumentados", afirma.

Carlos explica a Treintayseis que en el país nórdico hay "monopolios" integrados por personas latinas que "llevan 15 o 20 años viviendo allá" y han montado sus empresas, desde las que se aprovechan de personas que no hablan ni inglés ni sueco. "Por obligación" se ven obligados a pedirles trabajo y son explotados por estos grupos que, según Osorio, se autodenominan como "mafia".

"Todo el mundo tiene un concepto de que Suecia es como un paraíso, de allá es lo mejor y nunca sucede nada. Lo que pasa es que la sociedad sueca trata de no darle mucha visibilidad a sus conflictos", asegura Carlos, que pronto se convirtió en "un problema para esta pequeña mafia". Entonces, volvió a ser amenazado de muerte por estos "explotadores" y se vio obligado a abandonar el país.

Dos años en España como solicitante de asilo

Gracias a sus "hermanos" del sindicato CGT, pudo trasladarse a España el 4 de marzo de 2024. "Mi sindicato en Suecia habló con ellos y dijeron: 'Díganle a él que venga que le vamos a echar una mano'", recuerda Carlos. Su primera parada fue Madrid, donde estuvo un año haciendo labor social porque "no podía trabajar, no tenía documentación".

Carlos pidió asilo un 12 de marzo de 2025, debido a la alta demanda. La entrevista individual es el siguiente paso para conseguir la documentación necesaria para comenzar a trabajar, una cita que "automáticamente" quedó agendada para el año 2027. "Son dos años perdidos tanto para la persona como para el país", afirma el migrante colombiano.

Durante ese tiempo, Carlos ha vivido de forma irregular en España, lo que le ha impedido conseguir una vivienda, abrirse una cuenta del banco y trabajar, ante la imposibilidad de percibir una nómina. Finalmente, la entrevista se realizó antes de lo previsto, en enero de este 2026, con el "milagro" de la regularización extraordinaria de migrantes al caer.

Vivir en la calle

Un año después de su llegada, Carlos recibió una oferta de un voluntariado en un pueblo de Galicia. No puede dar muchos detalles tras llegar a un acuerdo con la entidad correspondiente, pero allí vivió episodios de explotación laboral y agresión sexual. Tras la intervención de las autoridades se marchó con un "compañero de El Salvador" a Vigo en mayo de 2025.

"Llegamos y empezamos a pasar muchas necesidades", recuerda Carlos, que durmió varias noches en la calle y en los pocos albergues para personas en situación de sinhogarismo de los que dispone la ciudad olívica. Su amigo salvadoreño sufrió una pancreatitis, por lo que vivieron durante 10 días en el Hospital Álvaro Cunqueiro hasta que lo operaron.

Carlos se encontraba en uno de los peores momentos de su vida. Padece estrés postraumático, ansiedad generalizada y depresión, condiciones por las que también fue ingresado en el centro hospitalario vigués. "Estuve tres días y, cuando salí, Accem me consiguió un piso de acogida de emergencia en Vigo", explica el solicitante de protección internacional.

Su delicada salud le empujó a tomar la decisión de traer a su mujer y su hija de Colombia. Pudo reencontrarse con ellas y ahora viven juntos en una vivienda de Ourense, gracias a Cruz Roja y ya dentro del dispositivo del Ministerio del Interior como solicitantes de asilo. Comparten piso con dos chicos africanos y una pareja venezolana.

"Volver a nacer" en Galicia

La regularización extraordinaria de migrantes llega en el momento ideal para Carlos y su familia. Tras años en situación irregular y a la espera de avanzar con los trámites de asilo, el procedimiento aprobado por el Gobierno de España le permite acelerar procesos y tener la oportunidad de tener una vida digna.

"La palabra que usaría es milagro, porque realmente no estaba en los planes de nadie", afirma Carlos, que recuerda la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) de 2024 que contó con el voto a favor de todos los grupos parlamentarios menos Vox: "Lo habían archivado y no se sabía cuándo o si lo iban a hacer en algún momento".

Así, este migrante colombiano siente que la regularización es "como volver a nacer". "Por lo menos en nuestro caso, que somos colombianos, no nos gusta que nos regalen nada. No venimos aquí a pedir ayuda. Por nuestra cultura, somos personas de trabajo, el trabajo dignifica al hombre", asevera.

Carlos quiere volver a sentir que "aporta al país y a la sociedad", como ya hacía en Suecia desde el sector de la construcción. Por eso, espera que el resto de inmigrantes también utilicen esta oportunidad para "ganarse su estadía y la de su familia, aportando a la Seguridad Social, a las pensiones". "Así seremos personas dignas", concluye Carlos, que está estudiando un curso de competencias básicas para poder cursar los estudios que le permiten acceder a un empleo.