A hombros David de Miranda el día de su confirmación

A hombros David de Miranda el día de su confirmación Efe

Toros FERIA DE SAN ISIDRO

David de Miranda se lleva el gordo de los viernes: Puerta Grande elevándose con 'Despreciado'

Undécima de feria.- Un toro extraordinario de Juan Pedro Domecq, lidiado en sexto lugar, salva el desastre y permite al confirmante salir a hombros en Madrid.

De la plaza se fueron algunos antes de que saliera el sexto. Las cenas reclamaban los whastapps, perdida la tarde por una corrida desigual, sin entrega, y el viento, los huracanes que recorren el ruedo de Las Ventas como si fuera Marte. Los chiqueros guardaban un premio gordo: Despreciado. Y la piedra otro: los borrachillos de los viernes. Despreciado le salvó la tarde a Juan Pedro Domecq, a resguardo junto a Ponce y el Rey, y la gente que lubrica el invento de Plaza 1, a Simón Casas, consagrando el San Isidro de la oportunidad. David de Miranda, vestido de blanco y oro, apurada la sangre en la taleguilla, los manchurrones de la gloria, salió a hombros rodeado de amigos felices, borrada la voltereta mortal, la maraña de cervicales que lo tuvieron postrado a un milímetro de la vida detenida: la imagen más bonita del toreo.

Despreciado saltó al ruedo con los 605 kilos bien repartidos. Había armonía en los zancos, en la cara degollada, ni brillaba la agresividad en la cara bien colocada. Completaba el lote con el bonito primero que no se sostenía. David de Miranda se encontró con el toro de su vida en dos tijerillas, despreciando al viento. Rearmó el saludo, yéndose por las verónicas tropezadas. Siempre hubo un buen remate a lo largo de su tarde. Crecía Despreciado con el temple de los elegidos. Abierto en los medios el torero con un puñado de estatuarios, aumentaron los decibelios. Ya había gente en pie cuando se soltó el de pecho.  La faena fue ligera, dentro de la firmeza. Surcaba el mar de buenas embestidas David de Miranda zarandeado por el viento. No le importó irse a los medios. Ligando, por pura convicción, el acontecimiento iba tomando forma.

El viento no dejaba planchar las embestidas, que tenían un tempo extraordinario por el pitón derecho, y más reposado por el izquierdo, para esperarlo. El toro humilló como ningún otro. Miranda lo toreó más rápido con la derecha, en tandas que le consumían la gloria a ritmo de revolución. La gente estaba entregada. Por el izquierdo giró la muñeca, consumando el salto del muro. Al otro lado, se colocó para las bernadinas, cambiado el viaje. Hay un público devoto de estos finales, para ellos fue la consumación de un monumento. Miranda se la jugó en el jardín de los privilegiados. A esas alturas la espada sólo tenía que entrar. Cayó desprendida, pero no importó. A la seriedad, ginebra. Y a los jóvenes, alegría. Le gritaron “torero, torero”. Un sueño

Del primero sólo se puede decir que le confirmó la alternativa Juli. Un agosto, se la dio en Huelva José Tomás. Cualquiera sabe qué pasará, pero ya tiene tres fotos extraordinarias para enseñar de viejo. Incluso esa tumbado sobre los salvajes que esperan a los matadores en Alcalá.

Pase de pecho de David de Miranda al buen 'Despreciado'

Pase de pecho de David de Miranda al buen 'Despreciado' Efe

A Ureña lo recibieron batiendo las palmas, como si la plaza estuviera a punto de echar a volar. Al menos lo vi más serio que otras veces, como si hubiera tirado las emociones plastificadas. El quite al toro del Juli se le había arrugado, esas gaoneras cortas por culpa del viento. Ureña brindó al público, devolviendo la reverencia. El inicio de faena fue eléctrico en los terrenos calientes del 5. Dos doblones entre derechazos y un buen pase de pecho. Humillaba sin irse el toro, que no descolgaba. Por dentro, un derechazo redondo, que cayó como una pluma sobre el colchón del público. Bajó mucho la mano al natural. Se cruzaba con la elasticidad de Boomer. Roncaron los oles. Revoloteaban los papelillos cuando se perfilaba: quedó colgado del pinchazo. A la segunda enterró la mano en el morrillo. Disfrutó de la vuelta al ruedo.

Fue difícil manejar al quinto con el ventarrón encendido. Fue bueno el quite por tafalleras de Miranda. Ureña se estrelló con el muro colorao. O eso parecía al principio, con la muleta haciéndole eses a la embestida. Las ganas del matador escurrían al toro, sacándole muletazos de uno en uno. Descompuesto el juampedro si no había suavidad. Cómo iba a verla, si ni siquiera se sostenía la muleta. Hacían falta telas en calma para convencerlo. Ureña tiró de él, afianzado, regateándole las vueltas interiores. Las manoletinas hicieron el trabajo sucio, rematada una por abajo. Y el espadazo caído fue insuficiente. La oreja supo a medalla de guerra, el premio a toda la tarde.

El Juli sustituía a Enrique Ponce. Soplaba el viento como si el Rosco hubiera traído a la plaza ventiladores industriales cuando cogió la muleta, convertida en un polvorín. El toro se gastó en un momento, esfumado. Juli se tiró a matar como siempre.

Después, se le arrugaba el capote en los tobillos a Soler. Garatero era un castañazo con clasecilla, bien hecho, quizá más zambombo que rematado, con el perfil pobre. Cogió Juli la muleta y el toro tenía la pata rota. Lo normal hubiera sido matarlo. Le pesaba la Puerta Grande de Roca Rey a Juli cuando miraba al palco o le planteaba faena al toro quebrado: lo devolvieron de forma ilegal. Es fullería, trampa. Trinidad se alió con el matador, regalándole un toro saltándose el reglamento. El artículo 84. 2. “Cuando una res se inutilizara durante su lidia y tuviere que ser apuntillada, no será sustituida por ninguna otra”. A lo que le obligan a uno, maltratando así las crónicas. ¿Habría hecho lo mismo con David de Miranda?

Y el sobrero de Algarra fue anunciado entre improperios. Que era basto. Los Lozano están más entretenidos con Toledo por estas fechas. A punto de cumplir los seis, venía de la milla verde de Florito. Muy simple. Trató de montar Juli el laboratorio portátil con el que se pasea por las plazas para sacar lo mejor de los toros. No le hacían caso. Y le pegó muletazos a la farola con pitones que se movía sin gracia. Lo mató fatal, claro. 

FICHA DEL FESTEJO 

Monumental de las Ventas. Viernes, 24 de mayo de 2019. Undécima de feria. No hay billetes. Toros de Juan Pedro Domecq, desfondado el 1º, 2º no humilló, 3º sin recorrido, el 5º sin entrega, gran toro el 6º y uno de Algarra, el 4º bis simple.

El Juli, de verde oliva y oro. Pinchazo hondo caído (silencio). En el cuarto, dos pinchazos y espadazo bajó saliéndose de la suerte. Aviso (silencio).

Paco Ureña, de lila y oro. Pinchazo y buena estocada (vuelta al ruedo). En el quinto, espadazo caído (oreja).

David de Miranda, de blanco y oro. Media estocada caída (silencio). En el sexto, espadazo perpendicular (dos orejas). Salió a hombros