Javier Cortés, cogido por el toro 'Mulato'

Javier Cortés, cogido por el toro 'Mulato' Plaza 1

Toros FERIA DE SAN ISIDRO

El reto ganadero con los cachorros del '7': "¿Si somos jóvenes no podemos criticar?"

EL ESPAÑOL pasa una tarde en la grada joven de Las Ventas, discutida en las últimas semanas por sus protestas. Los toros de Rehuelga tuvieron mejor estilo que los de Pallarés, que protagonizaron buenos tercios de varas.

Parte de la Grada Joven de Las Ventas tiene su cuartel general en el bar de partidarios de Roca Rey. "Las copas en El Capote son más baratas y nos tratan muy bien", explica Borja González, que tiene 25 años y viene todos los días desde "Navas del Rey, 120 kilómetros diarios". Junto a él, tres jóvenes hablan de toros una hora antes del reto ganadero. "No han pasado todos los toros. No me fío mucho de Pallarés, lo bueno es Rehuelga", comenta Manu Tierno, militar con 24 años. Gonzalo Basilio, de 22, y Belén Marcos, de 23, completan la tertulia de la previa.

Manu, Gonzalo, Belén y Borja

Manu, Gonzalo, Belén y Borja J.D.M.

"Somos unos 20 en nuestro grupo". El resto está repartido por la grada del 6, mezclados con gente de mediana edad. Espinillas y boinas salteadas. El abono joven para todo el año les ha costado "105 euros" y han levantado polémica por su forma de estar en los toros: "no somos los cachorros del 7", dice Gonzalo. "¿A partir de qué edad se puede protestar? No estamos enfadados contra el 7 pero nosotros también tenemos criterio". Los exigentes senior, para ellos, son la última playa. "Guardan la exigencia de Las Ventas".

El Rosco los llama "hooligans" cuando no siguen su línea editorial. Alfonso Ibarra, un aficionado clásico, se destoca cada tarde para saludarlos. Gonzalo se levanta y hace un gesto con la mano bajando la cabeza con boato adolescente. "Si no lo vemos, nos llama; es ya una tradición".

Han recibido críticas desde Simón Casas a algunos toreros. Cuando se habla de ellos flota la condescendencia. "La empresa se reunió con nosotros en febrero. Había buenas intenciones", recuerdan el encuentro con Joserra Lozano y Nacho Lloret. Pensaba que me iba a encontrar una Alsasua taurina, peña totalmente aislada en los tejados de la plaza. "Los periodistas estáis lejos de la afición", se quejan. "Somos gente normal, aficionados". "En las tardes de figuras hay más polémicas", explica Manu, al que una señora mandó callar hace poco. "Luego pasé toda la tarde pidiéndole permiso para hablar", ríe. Surgen los encontronazos. "Hay discusiones de tendido a tendido pero nunca llegamos a las manos", advierte Borja. "Ni hacemos botellón", levanta el dedo Gonzalo. El torismo los tranquiliza.

En 2016 bajaron de la andanada a la grada, "reunificándonos con el resto. Llegamos a ser casi 600 en el mejor año". Belén señala que ellos son los que vienen "siempre". "La inmensa mayoría no lo hace". Los exámenes tienen la culpa. "Sólo he faltado cinco tardes este año por quedarme estudiando. Y a las siete y media estaba ya delante del televisor", apunta Gonzalo. Belén es la más callada, "es que saben mucho", mira a sus amigos. Gonzalo y ella son de Plasencia. Estudian Ade y Derecho y oposiciones para sacar plaza de docente de Infantil, respectivamente. "Soy aficionada de siempre. Me dijo que viniera a los toros y disfruto, me encanta aprender con ellos".

"Es Iván Vicente, qué quieres"

El primer toro tropieza consigo mismo. Carnaval es de Rehuelga. Las protestas empiezan de inmediato. "Que ese toro está cojo. Qué poca afición", gritan, aplauden y chiflan. La edad máxima es de 25 años. El look: camisas, pantalones de pitillo, sneakers, alguna melena. "Los más exigentes están encima de la boca de la grada", señala Belén. El toro apenas tiene fuerza para seguir la muleta. Iván Vicente lo intenta con la mano izquierda. Pasan los minutos sin que remonte la faena. "Le respetan por que es Iván Vicente". Afianzado el toro, hubo un resquicio al natural. El matador cortó justo ahí. Insólito el saludo en el tercio. "Es Iván Vicente, qué quieres", se escucha desde el fondo. 

El segundo, de Pallarés, duró un minuto en el ruedo. Era un toro guapísimo, cárdeno, con los ojos en un tono más gris, hondo, pero blandeó. Las pezuñas flojas. Los cabestros lo retiraron pronto. El pañuelo verde dio inicio a la merienda. Hasta la salida del sobrero se intercambiaron bandejas de comida —aparto un trozo de chorizo de la pantalla— en una cadena que dio la vuelta a la grada. "Esto no es habitual. Es la segunda tarde que lo hacemos", aclara Borja, también opositor. El ambiente es desentendido. "El vino peleón ni de coña", repitió dos veces Belén.

Javier Cortés decidió correr el turno. Salió Avinado, mucho más ofensivo, fuerte, un pallarés afilado con la curva del morrillo. Se le cruzó a Abraham Neiro en la lidia. Cuando Javier Cortés brindó al público una navaja cambió de manos. ¿La seguridad? Los toros son un espectáculo maravilloso. Cortés se puso a torear en seguida. La series de derechazos tuvieron la velocidad de la hierba en la boca. Templar no era fácil, había otra intención: alcanzar la meta lo antes posible. El toro iba a su aire, con medio muletazo y el celo justo. "Se mueve sin finales", apuntó Borja. "Ni el toro ni el torero", dijo otro. Cortés apuró las distancias.

"¿Dónde están los de '7', los del '7' dónde están?"

En el tendido debajo de la grada se inició una protesta contra las hechuras del tercero, que guardaba la línea sin estridencias en 529 kilos. "¡Está en encaste!", soltó alguien. Un toro bien hecho, abierto de cara, con buena expresión, contenido el trapío. "Un toro para Córdoba", se volvió contra los comentarios a favor del toro Manuel Tierno. Qué fijeza de Mulerito, pendiente de los capotes apuntando con el hocico. Javier Jiménez es el torero que hundió indirectamente a López Simón. La primera arrancada tuvo ritmo. Al toro le faltaba chispa. Agradecía los toques suaves. Jiménez amasó por la mano derecha, tiró de él con la izquierda. En el ocaso de la faena llegaron los mejores naturales. Tres con buen trazo.

Sorprendió la cara del cuarto. "Es un tío". El toro diluía las hechuras desde la badana flameante, el perfil era agresivo. Lo pusieron tres veces al caballo. La última desde el borde de la zona de baloncesto pintada con cal en el ruedo. Los jubilados llamaban al toro. "Eje", gritaban justo delante. Otro levantó el brazo sosteniendo una puya imaginaria. Risas. "Qué bonito", cuando se arrancó al peto desde tan lejos. El toro empujó. Estaba siempre montado. Las dos puntas negras perfilaban la brisa. Tenía suavidad Turquesito y la chispa húmeda. El cambio de mano arropó la embestida y saltaron algunos bienes. Sólo eso. El pallarés salía con la cara por arriba aunque se iba largo. Iván Vicente no apretaba, por él, creo. La faena nunca salió del pozo. "¿Dónde están los del 7, los del 7 dónde están?", canturreaban. El sol encendido detrás de la masa de nubes y el bochorno creaban una atmósfera exótica: toros en Tatooine. Hubo debate:

—¿Aplaudís al toro?

—Ha ido tres veces al caballo.

—Sólo por eso no merece aplausos, ha sido mediocre.

—Si quieres toros perfectos vete a jugar a la play.

Debate. ¿Palmas en el arrastre al cuarto sí o no?

Debate. ¿Palmas en el arrastre al cuarto sí o no?

Salió el sobrero. Husmeó la cal después de aparecer del zulo de corrales. Gordo, había carne para tres generaciones de rohinyas. "Ha sido un toro interesante", seguían comentando el anterior. El picador apretó al jabonero, por el que caían los hilos de sangre como en un cuadro de Barceló. La boca era más oscura y el color de los pitones se camuflaba con la arena. Qué amplio era. Un gañafón rozó el mentón de Cortés. Marcó ahí el toro la distancia hasta el objetivo. Por el derecho soltaba la cara. Lo tuvo entonces a mano: la voltereta fue seca como el pitonazo al muslo. Giró en el aire el torero, cayendo hecho una piedra delante del toro. No se lo pensó Mulato. Otro pitón silbó sobre la ceja. Chocaron las cabezas. Se levantó aturdido Cortés, que quiso meterse entre los pitones y nada, imposible el jodido Mulato. Pinchó al séptimo de Saltillo.

El sexto era un panzer de Santa Coloma. Ni negro ni gris, el tono caliente. Este de Pallarés fue al caballo también tres veces justo desde la misma distancia. Absurdo estando delimitada progresivamente. Agustín Romero picó perfecto. El tercero será el puyazo de la feria. El palo cayó antes de que el toro alunizara en el peto: qué estampa. Se volvía sobre las manos Dichoso. Javier Jiménez cogió bien la distancia. De uno en uno fue metiendo al toro hasta que llegó un momento en el que se paró el trasvase de información. De un muletazo a otro, nada. "¿Viste el mate de Lebron?", "tienen que repetir el examen de selectividad de matemáticas en Extremadura", las conversaciones desanudaban la tarde. "Mejor para mi hermana". Toreaba prácticamente solo Javier Jiménez. El toro hacía tiempo que había muerto.

FICHA DEL FESTEJO

Monumental de las Ventas. Jueves, 7 de junio de 2018. Trigésimo primera de feria. Desafío ganadero de Santa Coloma. Menos de media entrada. Toros de Rehuelga, sin fuerza el 1º y sin chispa el buen 3º, y de Pallarés, 2º bis sin entrega, 4º soso, 6º apagado y uno de José Luis Marca, el 5º que soltaba la cara.

Iván Vicente, de rosa y oro. Estocada arriba algo trasera (ovación). En el cuarto, pinchazo y espadazo caído. Aviso (silencio).

Javier Cortés, de verde Amazonas y oro. Espadazo caído (ovación). En el quinto, tres pinchazos y un bajonazo (palmas).

Javier Jiménez, de corinto y oro. Medio espadazo caído y estocada trasera. En el sexto, tres pinchazos y espadazo caído (silencio).

PARTE MÉDICO

Javier Cortés sufre un puntazo en la cara interna del tercio medio del muslo izquierdo, con contusión del carpo derecho. Pendiente de estudio radiológico.