Natalie Kunicki, de 23 años, sufrió un infarto tras  romperse una arteria vertebral. Foto: Facebook.

Natalie Kunicki, de 23 años, sufrió un infarto tras romperse una arteria vertebral. Foto: Facebook.

Sucesos

Una joven de 23 años, paralizada y a punto de morir tras un estiramiento de cuello

Natalie Kunicki se encontraba viendo una película con un amigo, cuando se desplomó y sufrió un infarto cerebral. 

Natalie Kunicki, de 23 años y natural de Australia, se encontraba en su casa tras salir de fiesta. Mientras veía una película con un amigo en su salón, se estiró el cuello y escuchó un fuerte crujido. Al principio no le dio importancia, aunque su vida a partir de ese momento corrió un serio riesgo, según han publicado medios locales. "Me estiré el cuello y pude oír un 'crac, crac, crac, crac'", recordó la joven y agregó: "Mi amigo me preguntó: '¿Eso fue tu cuello?' Pero todas mis articulaciones hacen esos ruidos, así que no le presté mucha atención. Solo me reí".

Minutos después se levantó del sofá y cayó desplomada: "Me levanté, traté de caminar hasta el baño y me tambaleaba por todas partes. Miré hacia abajo y me di cuenta de que no estaba moviendo la pierna izquierda y me caí al suelo", ha comentado Natalie. Tras este grave suceso, la joven le quitó importancia y decidió no llamar a los servicios de emergencias: "Al principio pensé que estaba borracha o que me habían drogado, pero luego supe que algo más estaba mal".

Horas más tardes, Kunicki fue trasladada al University College Hospital de Londres, donde confirmaron que había sufrido daños en su arteria vertebral, por lo que tuvo un derrame cerebral con un coágulo que derivó en un accidente cerebrovascular (ACV). Debía ser operada de urgencia y fue trasladada al Hospital Nacional de Neurología y Neurocirugía, donde la intervinieron durante tres horas.

Tras la cirugía, su estado comenzó a mejorar lentamente, aunque no podía mover los dedos índice ni pulgar de su mano izquierda, ni doblar su pierna. "Mi movilidad era peor y no podía despejar el coágulo", ha comentado. Con el paso de los días y a base de ejercicios, Kunicki mejoró el control de la parte izquierda de su cuerpo, aunque el recorrido para volver a la normalidad será largo. "Puedo caminar, pero no más de cinco minutos. Soy muy torpe. No puedo abrochar botones, me resulta muy difícil. Puedo sentir calor y frío ahora, pero todavía me siento un poco adormecida".