Victoria Santi Domingo Díaz David Palomo

Se cierran discotecas, se reducen aforos en conciertos, se toman medidas de seguridad en tiendas y supermercados, pero los colegios abren con normalidad. O mejor dicho, abren dentro de la nueva normalidad, desconocida hasta la fecha por la comunidad educativa. Mayte Martín es una de las madres afectadas por esta situación. Sus hijas tienen que volver al colegio en septiembre, con el riesgo de encontrarse en una clase con más de 20 niños y sin ningún tipo de apoyo o medida especial. Su respuesta, como la de tantos otros padres, es la de verse obligada a no llevarlas a la escuela de no producirse un cambio en el plan de retorno a las clases, propuesto en este caso por la Junta de Andalucía. Y es que el caos vivido durante las últimas semanas, con 17 formas de regresar a las aulas, está suponiendo que los progenitores comiencen a plantear este tipo de medidas drásticas como única solución.

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Mayte es la presidenta de la AMPA del colegio Nueva Guadalmar, en Málaga. Esta, junto a otras 199 madres en la provincia, forman parte de la organización AMPAS en Pie, desde donde se ha propuesto una movilización para no llevar a los niños a las escuelas, en principio, durante los días oficiales de comienzo de curso -que serían el 10 y 11 en el caso de Primaria, y 15, 16 y 17 para Secundaria-. Ella, como la mayoría de padres y madres, defiende que el colegio es absolutamente necesario para el correcto desarrollo y socialización de los menores. Y por supuesto dice sí a la vuelta al colegio en unas condiciones adecuadas. Sin embargo, también opina que “no se están cumpliendo con las medidas sanitarias” y que se trata de una “situación muy grave que pone a los niños en peligro”.

Por su parte, la decisión es clara. Si pasados los días de movilización no reciben una respuesta por parte de la Junta, no llevará a sus hijas al colegio. “Mi marido es enfermo pulmonar crónico y yo no puedo poner su vida en riesgo”, explica Mayte. Quien también hace referencia a los problemas que sufren los propios niños con patologías o que conviven con algún tipo de enfermo o persona mayor. “Yo jamás le haría nada malo a mis hijas y por ello no quiero exponerlas al riesgo tan alto que supone ir a clase así”, sentencia Mayte.

“Lo que tienen que hacer es bajar las ratios de las aulas, contratar a más docentes e incorporar personal de apoyo, como ya han hecho en las playas”, denuncia Martín. Y añade, además, la importancia de la presencia de “un enfermero en el colegio”, tal y como proponen desde AMPAS en Pie, para controlar la situación de los menores.

Pero, aparte de ella, son muchos los padres afectados por esta situación, que no saben bien cómo hacerle frente a lo que se les viene encima. “Yo puedo hacerlo porque me encuentro teletrabajando”, comenta Mayte, pero indica también que muchas familias no pueden secundar al completo esta medida debido a los “problemas de conciliación”. “Ningún padre ni ninguna madre quiere poner a sus hijos en riesgo y si lo hacen es porque no les queda otra”, comenta.

Tanto Mayte como la organización alegan no tenerle miedo a los expedientes de absentismo que puedan abrirles, pensados para aquellos padres que presentan algún tipo de dejadez frente a sus hijos o que inclumplen los de derecho del menor. Sin embargo, ellos consideran que su única preocupación es la salud de los niños, y que “si hay dejadez, es por parte de la Junta”, tal y como ha señalado Martín. Por ello, les invitan a “que contraten a trabajadores sociales” para que investiguen la situación y aseguran que no cederán ante las presiones.

¿A qué me arriesgo?

Pero no sólo es Mayte. Millones de padres, estos días, se hacen la misma pregunta: “¿Y si no llevo a mis hijos al colegio por el miedo al coronavirus, entonces qué?”. En principio, todos los que así lo decidan estarían cometiendo una ilegalidad. La “ausencia deberá estar justificada (también este curso)”, precisan desde el Ministerio de Educación y Formación Profesional a EL ESPAÑOL. Es decir, los más de ocho millones de alumnos tendrán que estar escolarizados y deberán acudir a clase obligatoriamente.

De no hacerlo, se exponen a que los tutores den parte de su ausencia y se pongan en marcha los protocolos establecidos por ley. “Si todo sigue igual, el proceso es el siguiente: el profesor da parte al colegio y se forma una comisión de absentismo. A partir de ahí se analiza el caso en concreto: se mira cuál es el entorno de las familias, por qué no acude a clase… y se informa a los ayuntamientos o a los servicios sociales”, reconoce Maricarmen Morillas, presidenta de FAPA (Federación de Asociación de Padres y Alumnos).

El proceso, obviamente, se prolonga en el tiempo en función de la gravedad del caso. “Aunque, a veces, por supuesto, no hace falta siquiera que se llegue a formar la comisión de absentismo”, prosigue Maricarmen. En este caso, sin embargo, es posible que la presión de la comunidad educativa cambie la situación de aquí al inicio de curso, en tres semanas aproximadamente. “Si el 80% de los padres decide que sus padres no van por razones sanitarias, ¿qué van a hacer?”, apoya, indignado, Pedro José Caballero, presidente de Concapa (Confederación Católica Nacional de padres de Familia y padres de alumnos).

Lo que exigen, en cualquier caso, todos, es que las administraciones o los colegios les aseguren la seguridad de sus hijos y acabar con la incertidumbre de todos ellos. “Ahora las familias no tienen ninguna información. No sabemos si hay provisión de geles y de mascarillas, si hay que comprar los libros –el 60% de ellos no lo han hecho–, si necesitamos comprar dispositivos electrónicos...”, prosigue Pedro José Caballero. “Por eso, muchos padres se plantean si llevar o no sus hijos al colegio”, ratifica.

En EL ESPAÑOL hemos hablado con muchos de estos padres que viven con incertidumbre el comienzo del curso escolar.

Padres con dudas

Lorena 

“No sabemos qué nos vamos a encontrar en la vuelta al cole”, dice Lorena. Ella es sanitaria y tuvo el coronavirus. Piensa en la disyuntiva del regreso a las aulas: “Es necesario porque tienen que tener su educación, pero, ¿de qué te vale estar tanto tiempo en tu casa, juntándote con gente de tu alrededor y que luego lleguen al colegio y puedan verse afectados? Te da miedo”.

Habla de los distintos problemas que pueden surgir. “Deberían hacer algún tipo de protocolo, no sabemos qué vuelta al cole nos vamos a encontrar. Hay niños de alto riesgo… Te causa miedo e incertidumbre”, dice.

“Los papás están preocupados por sus trabajos. No se sabe si habrá ayudas para la conciliación, no se sabe nada del comedor, extraescolares ni nos lo planteamos...”. Lorena afirma que el equipo directivo del centro de sus hijos, en Madrid, se ha preparado para lo que pudiera venir. No obstante, todo es una incógnita que se resolverá en tres semanas: “Yo les tengo que llevar porque estamos trabajando, pero a ver en qué situación estamos”.

Rocío 

Rocío tiene un hijo con 11 años y otra con 4. No quiere llevar a sus hijos al colegio. La situación “da miedo”, dice. “Yo respeto y entiendo que haya padres que tengan que llevarlos, pero que den la opción de ir o no ir”, expone.

Cree que las clases deberían volver con videoconferencias: “Igual que hacen los políticos. Si hay algunos niños que tengan que ir por las circunstancias de sus padres, que vayan, pero así no metemos a tantos en una clase”. Entiende que se deberían aportar soluciones destinadas a solventar la brecha digital existentes entre los distintos alumnos.

Se muestra disconforme con que las administraciones no hayan sabido reaccionar: “Han tenido tiempo desde marzo para pensar en cómo actuar. Ahora no pueden tratar de solucionarlo todo en la última semana”. Pide que haya “seguridad para todos” y se pregunta: “¿Cómo es posible que no permitan reunirse más de 10 personas y vayan a meter 25 niños en una clase?”.

En Andalucía, el Consejero de la Junta, Javier Imbroda, ya avisó de que se podrían activar los protocolos de absentismo si los padres no llevaban a los niños al colegio. En este caso, ya lo han mirado. Rocío explica que depende también de la situación en la que se encuentre la zona sanitaria: “No nos pueden denunciar. Según me han explicado, siempre que exista un riesgo de fuerza mayor no tienes que llevar a los niños al colegio y no pueden aplicar los protocolos”.

Los 'obligados'

Elena

Elena tendrá que llevar a sus tres hijos al colegio. “Soy madre soltera, tengo tres niños y no me queda otra”, expone. Reconoce que tiene miedo de hacerlo aunque se hayan tomado medidas: “Como madre tenemos miedo a cualquier situación que ponga en riesgo a nuestros hijos, pero es verdad que dentro del AMPA, me he pasado por el cole para revisarlo y ellos han puesto sus medidas. Yo también he puesto las mías: he comprado mascarillas para mis hijos, ellos llevarán su gel”.

“No nos queda otra que volver”, expone esta madre, preocupada por el avance académico de sus hijos. La educación presencial parece ser fundamental para ella: “Es verdad que al mayor le dicen que lo puede hacer en casa. Yo puedo ayudar a mis hijos hasta cierto punto. Mi paciencia llega hasta un punto, porque no soy maestra, y mi estado físico también. Durante la cuarentena tenía que ayudar por la mañana a las dos pequeñas y por la noche al mayor”.

De todas formas, cree que los colegios abrirán y volverán a cerrar. No sabe cómo lo harán, si por barrios o de otra forma, y avisa de que la situación en el colegio de sus hijos es complicada. En un barrio humilde, el absentismo en época de pandemia se acrecentará casi con total seguridad. La falta de medios y el miedo podría ser un desastre para el avance de muchos niños. Elena cree que si comienzan a faltar niños por cualquier motivo, se activarán los protocolos de absentismo.

Piensa que es fundamental la vuelta a las aulas de manera presencial. “Es un barrio que necesita ir a clase por la gran diversidad que hay. En nuestro colegio hay 39 nacionalidades diferentes, no todos hablan el mismo idioma”, expone.

Regresan pese a todo

Raquel

Raquel afronta la vuelta al con “un poco de cosita”. Entiende que es una “necesidad” que los niños vuelvan al colegio y ella tendrá que llevar a su hija de cuatro. Está sola, su pareja vive fuera, se encuentra en el paro y tiene, además, otra pequeña de 7 meses. “Si no abren, ¿qué hago yo?”, se pregunta.

Dice que aunque no trabaja la tiene que llevar al colegio. No le queda más remedio. Esta situación le impide buscar trabajo. Cree que la mayoría de padres están en su misma situación. “La mayoría quieren llevarles, pero tienen miedo”, afirma.

Cree que las clases online son complicadas de aplicar a niños de 4 años. También la distancia de seguridad. “¿Cómo le dices tú a los niños que no se abracen y no jueguen?”, se cuestiona. No sabe cómo se dará la vuelta al cole, pero cree que “llevamos mucho tiempo de cuarentena” y una niña de la edad de su hija “necesita volver al colegio”.

Miguel

Miguel y Ana Belén cuentan con que sus hijos vuelvan a clase. Ellos son sanitarios -él auxiliar y ella enfermera- y lo creen necesario: "No nos queda otra que vivir con el virus siempre que sigamos las medidas de seguridad", cuenta a EL ESPAÑOL. De hecho, tienen pagado todo: el transporte escolar, el comedor... 

Está previsto que sus hijos acudan al colegio el 9-10 de septiembre, aunque de momento no saben cómo será la vuelta: "Hay una serie de normas que el gobierno tenía que haber previsto y de las que no sabemos nada. En el colegio, el Santo Ángel de la Guarda de Oviedo, tampoco saben nada y están a la espera de las directrices", finiquitan. 

Ellos son partidarios de que acudan al colegio. "Los niños necesitan socializar". Tienen miedo, como todos, pero seguirán -si finalmente llegan- las directrices del Gobierno, de la Autonomía, o de quien guste. 

Ana Belén, Miguel y sus hijos.