“Cada maestrillo –dicen– tiene su librillo”. Y, ciertamente, así es. No hay ninguna razón para poner en jaque al refranero popular. Sin embargo, la afirmación tiene un matiz: cualquier estilo, enseñado de una u otra forma, no modifica el contenido. Todos, absolutamente todos los alumnos, a final de año, comparten conocimientos y objetivos. Algo que, sin duda, aprenderían Isabel Celaá, ministra de Educación y Formación profesional, y Manuel Castells, ministro de Universidades, en el colegio. Pero que, a juzgar por lo comunicado en las últimas 24 horas, parecen haber olvidado. ¿La razón? La diferencia de criterio final entre ambos a la hora de organizar la vuelta a las aulas de los estudiantes en septiembre.

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Pero, para entenderlo, pongamos orden. Isabel Celaá, el pasado miércoles, hacía públicas sus intenciones de que “todos los alumnos” volvieran a colegios e institutos (desde Infantil hasta Bachillerato) el próximo curso. Pues bien, 24 horas más tarde, Manuel Castells hacía caso omiso a las recomendaciones de su homóloga instando a las universidades, que tienen autonomía propia, a que calculen el coeficiente de ocupación de cada actividad docente e investigadora para que, con el objetivo de mantener la distancia de 1,5 metros, unos estudiantes den las clases presencialmente y otros las sigan desde casa.

¿Por qué esa diferencia a la hora de organizar la vuelta? La pregunta, del todo pertinente, de momento, carece de respuesta. Lo cierto es que entre Celaá y Castells hay más diferencias que las mencionadas. Ella es ministra por el PSOE; y él, por Unidas Podemos. Ella, en estos meses de cuarentena, a pesar de insistir en que el estado de alarma no suprimía las competencias de las Comunidades Autónomas, se ha reunido con sus homólogos regionales para ofrecer recomendaciones. Él, en cambio, ha sido criticado, entre la comunidad educativa, por su poco intervencionismo a la hora de organizar los exámenes de Selectividad y, en definitiva, por dejar hacer a cada región. Y sí, aunque pueda parecer mentira, forman parte del mismo Gobierno. 

Unos alumnos acuden a clase en el País Vasco bajo la "nueva normalidad" para preparar Selectividad.

Grupos de 15 sin mascarilla

Así, ambos han llegado a esta recta final con dos planes diferentes para volver a las aulas. Isabel Celaá ha apostado por la presencia de los alumnos en las aulas durante el próximo curso como norma general, aunque con diferentes reglas. Hasta cuarto de Primaria, su recomendación a las Comunidades Autónomas es que se organicen “núcleos convivenciales” de entre 15 y 20 alumnos, que no tengan que guardar necesariamente la distancia de 1,5 metros y que puedan estar en el aula sin mascarilla –siempre que no se relacionen con miembros del resto del colegio.

Todos estos alumnos, los más pequeños, de hecho, tendrán prioridad a la hora de seguir acudiendo al centro en caso de que se produzca un rebrote. Muy al contrario que los más mayores, de quinto de Primaria a segundo de Bachillerato. Ellos sí estarán obligados a mantener la distancia de 1,5 metros y tendrán que usar mascarilla cuando estén más cerca de sus compañeros.

Isabel Celaá, antes de la rueda de prensa para explicar los 14 puntos del plan de retorno a los colegios. EFE

Para que todos puedan acudir a colegios e institutos, los centros tendrán que habilitar espacios (gimnasios, bibliotecas, salas de reuniones…) para garantizar que se cumplan las medidas higiénico-sanitarias. Además, para asegurar la distancia de seguridad, el ministerio da vía libre a las autoridades educativas para que instalen mamparas o elementos de separación.

Turnos rotatorios

Manuel Castells ha sido más taxativo que su homóloga. En su momento, se reunió con los sindicatos (CC.OO, CSIF y UGT), con los estudiantes y los rectores para hablar de la vuelta a los centros en septiembre. Entonces, todos creyeron que los volvería a llamar, pero no ha sido así. Esta semana les envió a todos un documento de 24 páginas ya cerrado. El diálogo, en su caso, no ha sido tan extenso como el de Celaá con las Comunidades Autónomas.

El ministro de Universidades, Manuel Castells. EP

En dicho documento, el ministro de Universidades deja claro que todo lo escrito son recomendaciones, que las competencias y la autonomía para adaptar las reglas corresponde a las universidades. No obstante, sí que hace hincapié en lo que que él ha bautizado como “presencialidad adaptada”. Es decir, que cada centro calcule cuál es el espacio del que dispone para dar cada asignatura, vea cuántos estudiantes pueden acudir a clase en persona y envíe al resto a sus casas para seguir la asignatura online.

Sugiere, además, que se readapten las instalaciones de los centros –en esto sí coincide con Isabel Celaá– para convertir en clases las bibliotecas o cafeterías. Y, a su vez, es más estricto que su homóloga en cuanto al uso de mascarillas –obligatorias salvo cuando se pueda mantener la distancia de 1,5 metros de distancia. Descarta doblar clases ante “la escasez de recursos a corto plazo” y porque supondría una “sobrecarga insoportable para el cuerpo docente”.

En el documento incide, a su vez, en las medidas de limpieza (se desinfectarán una vez al día las instalaciones y tres los aseos), en que los exámenes sean rotatorios y en que los sistemas de ventilación se oxigenen. Pero no concreta, por ejemplo, qué deben hacer las universidades a la hora de realizar las prácticas, si se deben celebrar congresos, si está permitido que la cafetería abra o si se seguirán organizando entrenamientos en los equipos (fútbol, baloncesto, rugby…) de las universidades.

Cambio de criterio de Celaá

¿Quién ha cambiado de criterio? Si le preguntan a Manuel Castells, probablemente, crea que lo ha hecho su compañera en el Gobierno. ¿La razón? Isabel Celaá, hace un mes, en una entrevista con 20 Minutos, expuso un plan bastante parecido al que seguirán las universidades, confesando que, probablemente, no todos los alumnos podrían regresar a las aulas en septiembre.

Limpian las mesas antes de que lleguen los alumnos de un colegio de San Sebastián. Reuters

“Si todos los niños acuden a la vez, no podremos salvaguardar la distancia obligada (…) Si no hay remedio, los centros tendrá que estar a la mitad de su capacidad. Eso obliga a que unos alumnos trabajen presencialmente y otra parte, telemáticamente”, reconocía en aquella entrevista, alertando a la comunidad educativa.

Un mes más tarde, sin embargo, ha llegado a un acuerdo con todas las Comunidades Autónomas –excepto Madrid y País Vasco, cada una por razones diferentes– en seguir una hoja de ruta resumida en 14 puntos de cara a reiniciar las clases presenciales de todos los alumnos el próximo curso. Justo el mismo día que Manuel Castells, por su cuenta, recomendaba a las universidades utilizar un sistema híbrido para el regreso en septiembre.

Dos ‘maestrillos’, con dos ‘librillos’, pero con nulo consenso a la hora de poner en práctica las recomendaciones sanitarias. Algo más de caos para un sistema con 17 modelos educativos, 17 reglamentos para el regreso y dos ministros con dos propuestas diferentes.