Las crisis –del tipo que sean–, a menudo, ponen en evidencia las carencias del sistema, las grietas que, en tiempos de bonanza, no se perciben –o, sencillamente, no se quieren percibir. Ocurre, en estos tiempos, coronavirus mediante, cuando se mira a la Sanidad Pública, masificada por el contagio y, durante la última década, depauperada o, al menos, no valorada en su justa media; ocurre, por supuesto, cuando se echa un ojo al funcionamiento de las empresas, a la dificultad para teletrabajar en un mundo interconectado hasta coartar la privacidad individual; y ocurre, decididamente, al auscultar el sistema educativo y comprobar que, en efecto, no todos los centros –ni siquiera dentro de la misma comunidad– afrontan igual el hándicap de seguir el curso online. Es más, que las diferencias se acentúan en este ámbito al examinar públicos, privados y concertados.

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¿Quiere decir esto que la educación sea peor en un público o concertado que en un privado? Obviamente, no. La enseñanza no depende, tan solo, de contar con más recursos, sino de otras múltiples variables (profesores, familias, centros, los propios niños…). Pero en este caso concreto, tras el mandato de suspender las clases en buena parte de España, muchos centros públicos se han visto más expuestos que gran parte de los concertados y privados.

Con las contadas excepciones –y sin pretensión de clasismo–, los tres hijos de Elena, inscritos en sendos colegios e institutos públicos de Villaverde, han contado con más dificultades para acceder a un sistema online que las dos niñas de María, que acuden al colegio San José del Parque, un centro privado y católico de Maristas situado al noroeste de Madrid, dentro de la zona residencial Parque Conde de Orgaz. Las primeras, estas semanas, empezaron con papel y boli, como toda la vida; las segundas, en cambio, afrontaron el confinamiento frente al ordenador, siguiendo las pautas de sus profesores.

Públicos, a marchas forzadas

Elena, sobre la marcha, tuvo que llamar a todos los padres del AMPA para comunicarles que instalaran Roble, el sistema integral de educación de la Comunidad de Madrid –el que utilizan para notificaciones, por ejemplo. “Me llamó la directora (tres días después de que se ordenara a los colegios cerrar) y me dijo que íbamos a hacerlo todo a través de internet”, cuenta a EL ESPAÑOL. A partir del lunes pasado, empezaron a usar la red, pero los primeros días, no. 

“Desde el principio nos dijeron que estuviéramos atentos a Roble por si esto se alargaba. Pero, de primeras, lo que hicieron fue mandarnos muchos ejercicios para que los niños los hicieran en casa con los profesores a nuestra disposición en el colegio. Siempre hemos podido llamar y nos han atendido”, cuenta. 

Ejercicios.

Elena tiene tres hijos y todos acuden a sendos centros públicos en Villaverde. El mayor, de 15 años, acude al Instituto Celestino Mutis. “A él le han mandado deberes como para 15 días”, explica. Y a las otras dos, de cuatro y cinco años, matriculadas en el Colegio Navas de Tolosa, hacen lo propio. Todos, en casa, estos días, viven entre los deberes y la concienciación por el coronavirus. “Las pequeñas, sobre todo, no paran de decirnos que nos lavemos las manos”. Mientras, suman, leen o escriben.

La situación de Elena y sus hijos es similar a la de Luis, que estos días teletrabaja desde casa junto a Julia y Darío, sus dos críos, inscritos en el colegio público San Cristóbal, en Bravo Murillo (Chamberí). “Fue todo muy precipitado. Al principio, les mandaron tarea para 15 días y los profesores seguían disponibles en el centro trabajando y colgando los ejercicios en la página web", explica.“Es muy complicado improvisar un sistema online de enseñanza tan rápido: hay que formar gente para el uso de las plataformas, que los alumnos y profesores sepan usarlas..”, finiquita. Pero, tras varios días de confinamiento, el colegio empezó a colgar ejercicios en su web. 

Julia y Dario hacen sus deberes en casa.

Otros, desde el principio, lo han puesto en marcha. En el Ciudad de Badajoz, situado en la zona de Campamento, abrieron un blog para colgar todos los ejercicios y que los niños, desde casa, los pudieran ir haciendo. Dividido en pestañas, de Infantil a Sexto de Primaria, van subiendo las tareas y organizándolas por días. Y, a través de un chat, los profesores hablan con los alumnos. 

Los primeros días, por ejemplo, en Primero, trabajando la comprensión lectora. En el ejercicio, mandan a los niños responder a las preguntas con una oración después de leer un texto. O, en Ciencias de la Naturaleza, con el deber de ver un vídeo sobre los reptiles y hacer las actividades de las páginas 100 y 102 de sus libros. Y así, igualmente, en cada uno de los cursos.

Privados, en streaming

La situación de los colegios públicos contrasta con la de los privados. María Sesma, profesora de robótica, programación e informática, se está dividiendo entre sus clases online y las de sus dos hijas. Una de ellas, Lucía, de 9 años, inscrita en el colegio San José del Parque, un centro privado y católico de Maristas situado al noroeste de Madrid, dentro de la zona residencial Parque Conde de Orgaz. El día que hablan con este periódico, desayunando y, después, poniéndose con la tarea. “La más pequeña se conecta a través de mi correo y la mayor por una plataforma”, explica.

“Los profesores vamos colgando los ejercicios día a día y ellos los van haciendo”, prosigue María. La más pequeña recibe los ejercicios a través del correo; y la más grande, a través de una plataforma online llamada Teams -disponible para los mayores de Primaria. Y, a partir de ahí, con aplicaciones, como Smile and Learn.

Esta aplicación, que también se usa en muchos colegios públicos en igual proporción, ha cedido, desde este mismo lunes, sus contenidos para la nueva programación educativa de RTVE. A través de ella, las hijas de María han aprendido, por ejemplo, el funcionamiento del oído, del sistema digestivo, del respiratorio… “A través de una ruta de aprendizaje, en cualquier dispositivo, van haciendo lo que les vamos mandando: repasar vocales y consonantes, que las dibujen, que hagan sumas digitales… y les van saliendo los resultados”, explica.

Lecciones en Smile and Learn.

Como ocurre, de otro modo, en el Colegio Privado Virgen de Europa, en Boadilla del Monte. “Estamos bastante habituados a utilizar Google Drive, Classroom...”, explican en el centro. Estos días, las clases siguen su curso: los profesores se conectan a través de Google Meet y los alumnos hacen lo propio para seguir las lecciones, tal y como se puede ver a través de su página de Facebook.

En dichas clases en streaming, los profesores dan las lecciones, como si hablaran por Skype con los alumnos, y les contestan a sus dudas en vivo. Y, después, les mandan los ejercicios y les indican dónde y cómo enviarlos para que puedan llegar al docente. 

Concertados, a medio camino

A medio camino, entre las clases online de los privados y los deberes en ‘papel’ de los públicos, el Colegio VillaMadrid, concertado, situado en Villaverde, utiliza un modelo mixto. “A los más pequeños, hasta cuarto de Primaria, los profesores les van mandando ejercicios por mail y ellos los van haciendo en sus casas, pero pendientes de Gestión aula”, cuentan desde el centro. Y los más mayores, que tienen todos sus libros en el iPad, se conectan con sus profesores a través de la aplicación para hacer los ejercicios.

Y en el Colegio concertado Liceo Versallés, en Vallecas, los primeros días hicieron sus deberes mandándolos a través de gmail; y, a partir del lunes pasado, con la plataforma online ya disponible. A través de Google drive, los alumnos irán completando las tareas que les manden los profesores. “Al principio ha sido una locura, faltaban correos electrónicos, los enlaces no funcionaban, pero poco a poco se han ido solventando los problemas y la buena disposición de los profesores hace que poco a poco se vayan llenando las carpetas de archivos escaneados, de Word...”, cuenta Daniel.

Así, con ejercicios online o en papel; con conversaciones de chat o telefónicas... Todos, poco a poco, siguen su aprendizaje en un tiempo "excepcional", sin que un método sea mejor que otro, pero, sin duda, con sus diferencias en lo tecnológico.  

Los hijos de Daniel realizan los deberes.