La Jungla

La buceadora que mete la mano en la boca de tiburones para ser su "dentista"

En la Jungla. Cristina Zenato lleva más de 20 buceando en las Bahamas, donde se ha convertido en una especie de dentista de tiburones.

Es la mujer que susurra a los tiburones. "A Foggy Eye no le sustaba que le tocasen, pero un día apareció con un cable que le salía de la boca. Se me acercó y dejó que le acariciase. Entonces pensé 'voy a entrar', metí la mano en su boca y le saqué el anzuelo. Desde entonces se ha convertido en la tiburón que más le gusta que le toquen".

Cristina Zenato nació en Italia pero creció en el Congo. Se enamoró del mar en un viaje a las Bahamas para aprender a bucear, y allí se quedó. Con el tiempo, se ha convertido en una dentista de tiburones, retirando garfios y trampas pesqueras que se quedan enganchadas en la boca de estos animales.

"Después de aquello, más y más tiburones comenzaron a acercarse para que les quitara más anzuelos y me obsesioné con quitárselos. Me convertí en una dentista de tiburones", cuenta a The Dodo. 

"Cuando veo a un tiburón con un anzuelo, no lo puedo evitar. No me puedo concentrar si no se lo quito". Pero no es un proceso sencillo, no es algo que se pueda hacer al momento. "Hace falta tiempo para que haya confianza. A veces días, a veces semanas".

Cuando Cristina se mete en el agua, estos animales con leyenda negra se le acercan, reposan el estómago sobre el fondo y dejan que les acaricie como si fueran un perrito. "Notas como abren y cierran sus bocas sobre tu regazo, es una de las cosas más maravillosas que puedes sentir".

De pequeña ya soñaba con vivir entre escualos. "Quería ser una guardiana de los océanos, bucear y asegurarme de que estaban protegidos, y mis amigos eran tiburones". Un año viajó a las Bahamas y vio que allí trabajaban con estas criaturas. Al volver a casa lo dejó todo. "Volveré en un año, dije. Han pasado 24".

"La comida es lo que hace que los tiburones se acerquen, y que los pueda acariciar, pero ellos son quienes deciden si quedarse o no". "No son máquinas ni monstruos", dice. "Si sabes entenderlos, creo que es uno de los animales más seguros para estar con ellos en estado salvaje". Con todo, ella lleva una protección de cota de malla, "por si se da el raro caso de que deciden morder. No son criaturas malignas, son... son mi simples, realmente."

"A pesar de todo el miedo que se les tiene, son uno de los animales más vulnerables. Y esa vulnerabilidad hace que quiera protegerles".