La Jungla

Correr en calzoncillos, el humillante castigo de una empresa si vendes poco

En la Jungla. Los empleados de un gimnasio han salido a correr en ropa interior, un castigo por no haber cumplido con los objetivos de ventas que su jefe les había fijado. 

Como si se tratara de adolescentes que no paran de hablar en las tiendas de campaña cuando toca dormir en un campamento y sus monitores tuvieran que tomar represalias. Así se ha comportado el jefe de estos 30 empleados de un gimnasio situado en la localidad china de Jiangmen imponiéndoles el castigo de correr en canzoncillos por la noche en plena calle. ¿El motivo? No haber vendido lo suficiente. 

Las insólitas imágenes de este "paseo de la vergüenza" se han grabado durante la noche del pasado 1 de octubre, cuando el grupo de trabajadores fue humillado públicamente por su jefe al no haber cumplido con sus objetivos de ventas, según Pear

Solamente su ropa interior les salvaba de estar completamente desnudos en las calles, pero aun así no sintieron ningún rechazo hacia la pena que se les había impuesto: "con mucho gusto acepto el castigo que me dio la empresa", dijo al mismo medio uno de los hombres, que se encarga de la gerencia del gimnasio. 

Explicó además por qué solamente habían recibido el castigo los empleados hombres y no había ninguna mujer corriendo en bragas: "nuestro personal femenino no hace el camino de la vergüenza, sino que a ellas les toca hacer flexiones".

Humillaciones fuera de la ley

Aunque podría no extrañarnos que en China este tipo de comportamientos de un jefe con su plantilla pudiese estar avalado por la ley, lo cierto es que tal y como explica el Daily Mail, el artículo 88 de la legislación de contratos de trabajo especifica que los empresarios no pueden someter a sus empleados a humillaciones o castigos corporales. 

De hecho, el Gobierno chino insiste en su web  en que si alguno de ellos sufriese algún daño tendría que ser el jefe el responsable de indemnizarlo por lo ocurrido. Sin embargo, parece gustarles el riesgo a los empresarios del país, cuyos castigos ya han trascendido en otras ocasiones: desde comer gusanos hasta arrastrarse por las calles.