La Jungla

Tengo un patinete eléctrico y vengo a darte envidia

En la Jungla. Los patinetes eléctricos comenzaron siendo una anécdota y poco a poco están poblando las aceras y carriles bicis de las grandes ciudades. ¿Cómo es circular con ellos? Te lo contamos.

Hasta hace poco la única manera de circular por las ciudades de manera motorizada implicaba echar más humo que una docena de puros; ahora las cosas están cambiando con la llegada de los vehículos eléctricos. Los coches y autobuses van migrando a los modos no contaminantes de forma lenta, su precio sigue siendo exagerado. De ahí que estén triunfando unos vehículos, también eléctricos, que consiguen recorrer la ciudad tras cargarse igual que un móvil: son los llamados patinetes eléctricos. Seguro que los has visto, se reproducen como conejos. Y yo tengo uno.

Ya sea porque amas la tecnología, porque quieres desplazarte de manera cómoda y barata, porque apuestas por la ecología o por todo a la vez, si pones un patinete eléctrico en tu vida seguramente aciertes. Son vehículos muy cómodos de utilizar, también divertidos. Recorren más kilómetros con una carga de los que crees y te permiten sustituir el coche ahorrando gastos, tiempo y humo. No son todo ventajas, como mencionaré más adelante, pero sí que elevan la balanza del lado de las bondades.

Hay muchos modelos de patinete, algunos mejores que otros (como es obvio); el precio suele rondar de los 300 euros en adelante; y el gasto en electricidad que suponen por cada carga es bastante menor de lo que consume tu tele en unas 4 horas (la media por carga está en torno a los 20 km de autonomía). Haz números y averigua si te merece la pena: en el caso de que te muevas principalmente por la ciudad la respuesta será un sí. Encima los patinetes eléctricos se pliegan y apenas ocupan espacio, por lo que puedes subirlos a la oficina, a casa y hasta al metro. 

Tengo un patinete Xiaomi M365, muy habitual en la ciudad donde me muevo, Barcelona. Llevo meses con él y no puedo hacer otra cosa que recomendarlo. No es perfecto y alberga ciertas incomodidades, pero sus ventajas eclipsan a los inconvenientes. Empezando por una: supone un ahorro enorme para aquel que se mueva solo por la ciudad (en soledad y solamente, en este caso "solo" funciona como adjetivo y como adverbio).

Como te subas una vez ya no querrás bajar: es terriblemente divertido

Sí, sí, no contamina y ahorra mucho dinero, pero vamos a lo importante: con un patinete eléctrico regresarás a cuando tenías once años. La sensación de tener un juguete además de un vehículo de transporte es constante, de ahí que sea tan divertido moverse por la ciudad montado en patinete. Acelera y sentirás esa sensación de regreso a la niñez, la libertad de sentir el aire y el movimiento como si descubrieras la velocidad por primera vez. Es muy parecido a ir en una moto con el mismo carenado de una mantis religiosa: nulo. Cualquier golpe lo recibes directamente, es el contrapunto a la diversión.

Recuerdo la primera vez que me subí al "cacharro". Suele haber cierto respeto, como si te enfrentases a lo desconocido. Por un lado no es más que un patinete, por el otro tiene un motor eléctrico que oye, corre lo suyo (la velocidad máxima suele estar entre los 25 y 30 km/h). Así que allí me subí. Puse un pie encima, di algo de empuje con el otro pie, accioné el acelerador y me dejé llevar por el éxtasis. El movimiento es fluido y silencioso, como circular sobre una alfombra voladora equipada con un manillar. Y es rápido, muy rápido. Un descuido y casi cruzo por el paso de cebra en rojo.

Los patinetes eléctricos tienen cierto peligro precisamente por su engañoso aspecto de juguete. Y claro, una vez se popularizan aparecen los problemas. Yo siempre voy por los carriles bici, Barcelona ha apostado fuerte por ellos. También son cómodos para circular por las aceras, incluso por las que no son muy anchas. Eso sí, con precaución. Porque hay otra ventaja enorme: no solo son ligeros, también puedes arrastrarlos sin esfuerzo. Incluso siguen funcionando cuando se les agota la batería, basta con darle a la pierna.

"¿Me lo compro?". Yo te diría que sí. Con peros

Mi experiencia es muy positiva: no solo he desterrado el coche y la moto al ir por Barcelona, también el transporte público y hasta el Bicing (el servicio público de alquiler de bicicletas). El patinete eléctrico resulta cómodo en distancias cortas, también en distancias largas. Incluso se puede llevar en el metro, autobús o en el tren sin demasiado problema: basta con plegarlo y listo. Eso sí, llevarlo encima mucho rato acaba cansando.

No son baratos, pero pueden ahorrar bastante dinero en transporte. No contaminan y, como decía antes, montarse en ellos es una experiencia tan divertida que luego te tienen que obligar a bajar. Así ocurre siempre que se lo dejo a alguien: no hay manera de que me lo devuelva. Algunos hasta me han ofrecido cambios muy suculentos por él (lo siento, Pedro: se queda).

Si bien a nivel personal es gratificante, su masificación conlleva cierto riesgo. Con un uso consecuente no habría problema, pero ya sabemos que no todo el mundo los utiliza con idéntico cuidado. ¿Son el futuro? Yo diría más bien el presente. No solo se están popularizando a nivel personal, también hay empresas que ofrecen servicio de alquiler de patinete eléctrico. Sin cierto control corremos el riesgo de convertir las aceras en un riesgo para los peatones, hay que tenerlo en cuenta.

Mi recomendación es la de apostar por él. Te ahorrará dinero en transporte, dejarás de contaminar y tendrás un vehículo que te llevará a cualquier sitio de la ciudad sin que luego tengas que romperte la cabeza aparcándolo. Por el precio que tiene un patinete eléctrico la amortización suele llegar a los pocos meses. Eso sí, siempre que te lo compres para utilizarlo como lo que es, un vehículo de transporte. Por más que también parezca un juguete...