Algunos de los contenedores cargados de excrementos que están parados hace meses en Parrish, Alabama.

Algunos de los contenedores cargados de excrementos que están parados hace meses en Parrish, Alabama.

La Jungla

Toneladas de caca de Nueva York se agolpan en Alabama por esta absurda razón

En la Jungla. ¿Qué harías si en mitad de tu pueblo hubiese un tren parado durante meses y cargado de excrementos? Los vecinos de esta localidad estadounidense están apestados y desesperados.

Vivir en el pequeño pueblo de Parrish, en Alabama, se ha puesto muy complicado para sus 982 vecinos. Hace meses que el primero de los trenes cargado con los excrementos de los habitantes de Nueva York y Nueva Jersey quedaba parado en mitad de sus vías. Ahora, los vagones que no han parado de llegar, acumulan 45.390 toneladas de heces humanas según la CNN.

El ambiente es absolutamente irrespirable para los dueños de las casas cercanas y las instalaciones deportivas colindantes a las vías han tenido que dejarse de usar por el fétido olor que emana de los contenedores, que siguen acumulándose. La empresa de desechos Big Sky Environmental es la encargada del transporte de tan peculiar mercancía, que debía de acabar en el vertedero de Adamsville, en el mismo estado.

Un vacío legal

El problema, explican también en el Newsweek, es que el pueblo de West Jefferson ha interpuesto un recurso con el objetivo de que los trenes malolientes no pudieran cruzar por su jurisdicción. Así, las autoridades de Parrish no han encontrado todavía el mecanismo legal que impida que su pueblo se convierta en la fosa séptica de EE.UU.

La localidad no posee leyes que impidan la llegada del cargamento que, al principio, solamente iba a permanecer allí durante unos días. Después de meses, según su alcaldesa, la peste inunda dos terceras partes del pueblo y todo tipo de bicherío ha hecho acto de presencia en la zona. 

"Que no llegue el calor"

Aunque las autoridades sanitarias han dicho que no entraña peligros para la salud, su olor repugnante es a todas luces insoportable. La empresa responsable ha echado balones fuera y las dos ciudades que mandan sus heces tampoco han dicho que dejarán de hacerlo, con lo que el futuro de Parrish puede oler todavía peor.

La alcaldesa ha contactado con congresistas y senadores, llegando a escribir incluso al propio Donald Trump para pedir ayuda, pero hasta el momento todo sigue igual. "Dios nos ayude si llega el calor”, dicen los vecinos, esperando a que alguien mueva ficha y los libre de una pestilencia que lleva meses acompañándolos.