El momento de la pitada.

El momento de la pitada. RTVE

La Jungla

La pitada a Carmena divide a las redes: ¿fue cosa de "la gente" o de "los niños ricos del tenis"?

En la Jungla. Para unos, el abucheo a la alcaldesa en el Mutua Madrid Open fue una expresión de descontento popular; para otros, un escrache "clasista".

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La instantánea extradeportiva que deja la final del Mutua Madrid Open 2017 es la de la pitada sufrida por la alcaldesa de Madrid al levantarse para entregar los premios al finalista, Dominic Thiem, y al vencedor, Rafa Nadal. Manuela Carmena se levantó junto a Manolo Santana, director del torneo, para desplazarse al centro de la pista, momento en el que empezaron los pitos. Así se pudo comprobar en la retransmisión en directo de RTVE.es, y en el vídeo a partir del minuto 1.30.

Visiblemente apesadumbrada, la primera edil aguantó el chaparrón que se alargó durante un minuto. Carmena dejó incluso escapar un hondo suspiro, como captaron las cámaras. La secuencia se ha difundido en las redes en las últimas horas desatando el debate. ¿Quienes eran los que pitaban a la alcaldesa? ¿Madrileños descontentos con su gestión o detractores políticos?

Efectivamente, el episodio ha rearmado un debate no exento de de tópicos sobre la mayoría social, a la que Podemos llama "la gente" en contraposición a "la trama" en su discurso, y sobre el tenis en sí, al que los estereotipos caracterizan como "un deporte de ricos". Del lado de tomar la pitada como una expresión del descontento popular se pone Percival Manglano, concejal del PP de Madrid, que ironiza sobre el término. 

De otro lado, quienes acusan al público de Mutua Madrid Open de "clasista", "pijo" o "niños ricos", cuya principal animadversión hacia la alcaldesa sería de tipo ideológico. 

¿Hay una tercera posibilidad? Sí, que el descontento del público venga desmotivado por la turbulenta gestión del torneo, que el Ayuntamiento de Madrid denunció a la Fiscalía Anticorrupción justo antes de su inicio. También a las decisiones tomadas por el Consistorio como las de eliminar palcos reservados y subir el precio del parking, que ya le costaron otro abucheo a Carmena en la pasada edición.