Inmigrantes encaramados en la verja de Melilla frente a golfistas en octubre de 2014.

Inmigrantes encaramados en la verja de Melilla frente a golfistas en octubre de 2014. José Palazón Prodein

La Jungla Solidaridad y fotografía

El autor de la "foto de la vergüenza" en Melilla lucha por su vida tras un infarto cerebral

En la Jungla. El estado del activista y fotógrafo José Palazón, ingresado grave el viernes, ha pasado a estable en los últimos días.

Antes de que Donald Trump elevase la problemática de los muros fronterizos a debate global y antes de que la imagen del pequeño Aylan Kurdi, muerto ahogado en su intento de escapar de la guerra, sacudiera la conciencia de Occidente, la cámara de José Palazón logró que se avergonzara Europa. En octubre de 2014 el fundador de la ONG Prodein captaba a catorce inmigrantes encaramados en la verja de Melilla; frente a ellos, indolentes, varias personas disfrutaban de un campo de golf que, para colmo, había sido pagado con dos millones de euros de fondos europeos destinados a "corregir desequilibrios".

La imagen irrumpía en plena oleada de saltos a la valla, en un mes particularmente intenso en el que se reproducían a diario las imágenes de inmigrantes que no habían conseguido atravesar el perímetro e intentaban resistir encaramados el cansancio, el hambre y el asedio de la guardia civil. Cuatro meses después se produciría la tragedia del Tarajal en la que 15 personas murieron al intentar acceder a nado a Ceuta. Únicamente las conversaciones entre Marruecos y España terminaban por poner freno a la presión migratoria.

La imagen supuso un fenómeno viral, con investigadores aficionados tratando de dilucidar si se trataba de un montaje con Photoshop o no. Palazón ganó el Premio Ortega y Gasset de Periodismo Gráfico 2015, pero la mayor recompensa fue el compromiso por parte de la comisaria de la UE responsable de la concesión de fondos Feder de revisar mejor los proyectos a los que serían destinados. "La foto consiguió que no se financiasen nunca más campos de golf" - recordaba hace unos días el activista en Diario de Ibiza con ocasión de una retrospectiva.

Palazón también reflexionaba sobre la dificultad de llevar a cabo su trabajo al denunciar violaciones de derechos humanos en la frontera melillense. "Te ponen a parir, te confiscan cámaras, te denuncian... Intentan hacerte la vida imposible, pero cuando es un continuo te acabas acostumbrando"- reflexionaba. El activista confirmaba que se había creado un clima de rechazo social en su contra por sus implacables denuncias. "Nos quejamos del acuerdo entre la UE y Turquía sobre los refugiados, pero el que hay entre España y Marruecos es mucho peor (...) No tiene nada que ver la violencia que hay aquí con ese muro que plantea Trump".

Un clima de suspicacias que se ha transformado en un movimiento colectivo de solidaridad desde que se tuvo noticia del infarto cerebral sufrido por Palazón el viernes. Las primeras noticias eran alarmantes: el activista había ingresado en estado "grave" y los médicos de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Comarcal trataban de estabilizarlo. El fotoperiodista Jesús Blasco de Avellaneda informaba a la prensa de su evolución revelando que la familia estaba recibiendo "enormes muestras de cariño" por parte de "gentes de todas las culturas y religiones", así como de compañeros en el activismo y el periodismo.

Un apoyo que no ha parado de crecer y ha rebasado fronteras, según el último comunicado de la familia de Palazón, en el que notifican que sigue en estado "grave" aunque "estable y sin complicaciones" y agradecen los "cientos de mensajes de cariño" recibidos desde todo el mundo.

Desde la mañana del viernes, cuando José Palazón sufrió un infarto cerebral, la sala de espera del Hospital Comarcal de Melilla no ha dejado de recibir visitas. Menores extranjeros que encontraron en José Palazón y Maite Echarte, alma de la ONG Prodein, una familia. Abogadas y amigos llegados desde distintos lugares del país, vecinos de Melilla que quieren transmitir personalmente a la familia su afecto y admiración por Palazón. El dueño de una cafetería cercana al hospital hace saber que cuenten con su cocina a cualquier hora. Es su forma de mostrar su afecto.

La red de amigos de Jose y Maite preparan camas y colchones para los amigos que han avisado que están viniendo desde distintos rincones de la Península. Centenares de personas envían mensajes desde lugares tan distintos como Ecuador, Bangkok, Estados Unidos, Italia y Francia. Taxistas que llevan a los conocidos al hospital le piden que transmitan su respeto y aprecio por Jose a su gente. 

Un amigo define cómo Palazón ha generado todo un movimiento, el "palazonismo", que ha sembrado el mundo de "palazonitas" que han aprendido gracias a su ejemplo a defender los derechos humanos de las personas en situación más vulnerable.