Jordi Évole en un momento del programa.

Jordi Évole en un momento del programa. Salvados Atresmedia

La Jungla Nomofobia

Jordi Évole se va de Twitter dejando 10 polémicas para el recuerdo

En la Jungla. El reportero intentará estar 15 días fuera de la red social por salud y desencanto. "Igual le cojo el gusto y no vuelvo".

Noticias relacionadas

Citando a su entrevistado Zygmunt Bauman, el sociólogo polaco recientemente fallecido, cuando dijo que "somos solitarios permanentemente conectados", Jordi Évole anunciaba durante la retransmisión del último programa de Salvados que se sometía al reto de pasar 15 días alejado de Twitter. "No sé si conseguiré la abstinencia tuitera, pero a lo mejor le cojo gusto y no vuelvo", declaraba a sus seguidores, antes de ilustrar cómo borraba el icono de la aplicación del pajarito azul de su smartphone.

En realidad, pese a que el reto fue lanzado durante la emisión del programa, se trata de una decisión meditada. El reportero había anunciado que se identificaba con el trastorno que ilustraba su última emisión: la nomofobia, o "no-mobile-phobia", la ansiedad que produce el no estar permanentemente conectados. En una entrevista en el periódico El Mundo, Évole llegaba a afirmar que él mismo está pegado al móvil una media de cuatro horas diarias, según le chiva una aplicación.

Pero Évole revelaba otra motivación horas antes en su columna dominical en El Periódico: la reciente manifestación a favor de la acogida de inmigrantes en Barcelona le ha revelado que Twitter es una "burbuja" en la que los debates y las polémicas se magnifican. "Disfruté de la mani, disfruté de las calles repletas de una ciudadanía solidaria, y disfruté comprobando que tiene muy poco que ver lo que pasa en Twitter con lo que pasa en el mundo real (...) Nada que ver con esos micromundos cargados de odio que desgraciadamente hoy colonizan Twitter, como por ejemplo demostraron ayer mismo los que amenazaron de muerte a Oriol Junqueras".

La caída del caballo de Évole no es un hecho menor en absoluto. Si su estilo se caracteriza por no arredrarse con las polémicas en televisión, en las redes sociales se ha mostrado si cabe más beligerante. El que fuera follonero ha ido a la guerra en más de una ocasión en encuentros en los que a veces se han cargado las tintas, contra personajes públicos o contra el público en general. Aquí hay diez ejemplos que podemos rememorar.

"Mal trato" a las compañías eléctricas

En 2012 se emitió Oligopoly, el programa que Évole definió como el "más arriesgado" de la temporada. Su visión crítica sobre el recibo de la luz fue el más visto también y ayudó a asentar el programa en la etapa en la que se convirtió en un fenómeno de masas. También fue el arranque de las polémicas con los estamentos económicos y las acusaciones de parcialidad en la cobertura del programa.

Concretamente, la patronal de la energía UNESA denunciaba que la entrevista con su portavoz, en la que daría su versión de la historia de la situación energética en España, no había sido emitida. Elevaban su queja directamente al presidente del Grupo Planeta, que por entonces era José Manuel Lara, y reclamaban como "compensación" un espacio equivalente en antena.

Évole acudía entonces a las redes para devolver la acusación: la entrevista, afirmaba, nunca había sido grabada: "Simplemente se descartó, algo muy habitual en un programa de 50 minutos". Un año después, con motivo del Salvados sobre pobreza energética. Évole anunciaba preventivamente que UNESA no había querido participar.

Operación Palace: bulo y denuncia

El falso documental en el que Évole destapaba la presunta conspiración que habría montado el 23-F para asentar la democracia en España fue objeto de una enorme controversia. Según el reportero, habían preparado el engaño para denunciar el cerrojazo informativo sobre los hechos que rodean al golpe de Estado. Sin embargo la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (Fape) decidió someterlo a estudio.

Esto molestó especialmente a Évole. Con un mensaje ('Por alusiones: Mi versión de los hechos') emplazaba a leer su columna en la que hablaba de "los aplausos y las collejas"; "Y seguro que todo merecido, porque arriesgar es lo que tiene". Se revolvía contra las acusaciones de que habían perdido su credibilidad: "Que después de Operación Palace alguien piense que lo que se cuente en Salvados será falso creo que no tiene mucho sentido, básicamente porque cuando hemos mentido -como es el caso del falso documental- lo hemos dicho". Concluía que "contra la comodidad no nos queda otra que arriesgar. Y lo seguiremos haciendo". 

La resolución del 'juicio periodístico' llegaba tres meses después: el reportaje no había incurrido en culpa alguna por ser "una patraña, cuyo objetivo y pretensión no es engañar al público, sino llamar la atención, obtener audiencia, inducir una reflexión sobre la manipulación y denunciar los efectos del secreto y la ocultación de documentos que interesan al público para conocer y explicar hechos relevantes". Évole celebraba el fallo en la red social, no sin detenerse con sorna en la elección de términos.

La bandera de España en el canal Clan

Una polémica desligada completamente de Salvados tuvo lugar en un festivo, el 12 de octubre de 2015. Todos los canales de la televisión pública añadieron una pequeña bandera de España para festejar la fecha. A Évole le chocó encontrársela también en el canal infantil Clan. "¿Quién fue el lumbreras que decidió poner una bandera en el canal público infantil? Dejen a los niños en paz" - tuiteó entonces.

Le molestó especialmente que se insinuará que le molestaba la insignia española por catalanismo. "Digo lo mismo con los unos y los otros. Y no quiero callarme".

Inditex en la diana

Fashion Victims reprodujo la polémica que se había producido con las eléctricas, pero esta vez recibió la crítica de gran parte de usuarios que no estaban contentos con el tratamiento a los gigantes empresariales del sector empresarial español. En especial se le acusaba de incidir en el lado negativo y en las malas condiciones de sus trabajadores en el sudeste asiático. Como apuntaba John Müller en EL ESPAÑOL, se trataba de una sola cara de la moneda, ya que la inversión en esos países ha aumentado el PIB de sus habitantes.

"Llamé este lunes a Évole para que me explicara lo ocurrido" - explicaba Müller. "Me confirmó que un realizador y dos redactores de su equipo se trasladaron a Arteixo para grabar una entrevista con responsables de Inditex, pero que en el último momento la compañía cambió de opinión". En la red el reportero aguijoneó la "incomparecencia" de los representantes de la marca; "Las puertas de Inditex están abiertas, aquí y en la cadena de producción" - contestaba Pablo Isla, su presidente. 

La entrevista a Otegi

En ningún caso sin embargo se ha mostrado tan duro Jordi Évole como en sus reproches a las críticas recibidas por dedicar un programa a Arnaldo Otegi. La columna estaba escrita incluso antes de la emisión del reportaje, porque trataba precisamente de eso: de las presiones, insultos y condenas recibidos antes de que se emitiera.

Évole se declaraba "alucinado" por la "cantidad de individuos que han opinado sin ver un solo minuto de la entrevista". Si un periodista no puede entrevistar "a estas alturas" a alguien como "el dirigente vasco", argumentaba, "mal vamos". Continuaba abundando en el contenido de las críticas: "Han presupuesto que le íbamos a hacer un homenaje, o que íbamos a ignorar a las víctimas del terrorismo de ETA, o que no nos atreveríamos a sacar el tema de las torturas policiales".

"Todos esos que han opinado sin ver son los que intentan amedrentarnos para que no nos salgamos del carril. De su carril" - acusaba. "No os esforcéis. No lo vais a conseguir. Por más que os empeñéis, y por más que intentéis difamarnos, no dejaremos de abordar ningún tema por miedo a lo que vayáis a decir de nosotros. Y evidentemente, muchas veces nos equivocaremos. Pero sería mayor equivocación ceder ante los que hacéis del pensamiento único vuestra bandera".

Invitado a Moncloa

Uno de los programas más esperados fue el que le llevó a entrevistar a Mariano Rajoy en abril de 2016. La expectación era enorme, a sabiendas de que Évole tendría por fin a su presa más codiciada al alcance. El resultado no satisfizo a todos, sin embargo, que vieron un tono más neutro de lo habitual para acomodar al presidente del Gobierno y conseguir que se prestase a la entrevista.

Preguntado por qué no le sacó a colación que su nombre no aparecía en 'los papeles de Bárcenas', Évole contestó a EL ESPAÑOL que fue una decisión estratégica: "Se hubiera escabullido".  Similares cuestiones se han podido plantear meses después cuando tuvo ocasión de entrevistar a Juan Luis Cebrián, presidente del Grupo Prisa, cuando al menos diez preguntas quedaron en el tintero.

Los calores de Rivera

La descafeinada campaña electoral del 26-J, un remake para una ciudadanía hastiada del 20-D, tuvo su momento álgido en el cara a cara entre Pablo Iglesias y Albert Rivera que Jordi Évole se encargó de moderar. El debate tuvo momentos álgidos en el que ambos líderes tiraron de espontaneidad, con el líder de Ciudadanos ironizando con que su oponente sacase a colación el término "maduro" y el de Podemos mofándose de la obsesión con "cubazuela del norte".

El encuentro se le dio mal a Rivera. Uno de los aspectos que le perjudicó fue que en el último tercio se le vio sudar profusamente mientras los otros dos protagonistas se mantenían más serenos. A día siguiente el líder de Ciudadanos y su cúpula acusaron al reportero de haber "apagado el aire acondicionado", lo que fue contestado con sorna desde Atresmedia. El propio Évole recomendó a Rivera que en la próxima vistiera de negro. Seis meses después todavía dejaba constancia de que se la guardaba a la formación naranja.

La dura enganchada con Girauta

Precisamente la alusión irónica al cara a cara entre los líderes de Ciudadanos y Podemos desencadenó uno de los enfrentamientos de peor tono en los que Évole se ha visto envuelto. Juan Carlos Girauta, portavoz de Ciudadanos en el Congreso, le había criticado por el programa en el que abordaron el fenómeno Mercadona. Según Girauta, era un "castigo" a la cadena de supermercados por no querer pagar publicidad en la cadena.

El intercambio de reproches derivó rápidamente en alusiones al programa con Otegi. "Pensaba que tardabas más en saltar... Pero no... A la tercera, "Evole=ETA". Ya quedamos otro día... Agur!" - se intentó despedir el reportero. Pero Girauta todavía tenía una advertencia para él: "Estás acostumbrado a que los políticos se te acojonen, pero aquí has pinchado en hueso"; "Mejor dejarlo aquí que esta noche aún acabo pillando" - zanjaba Évole.

"Desprecio absoluto a los trolls"

El choque con Girauta vino tras un fin de semana especialmente crispante para Évole. Se había encontrado bajo fuego por dos motivos: por defender a Fernando Trueba ante el boicot "de los fachas" a su película La reina de España, y por el susodicho programa sobre Mercadona que le puso entre dos fuegos: el de quienes como Girauta le acusaban de querer echar fango sobre la empresa y de quienes le acusaban de ser demasiado indulgente y dar poca voz a las quejas de los empleados y proveedores.

Especialmente frustrado por que los ataque hubieran estado arreciando incluso antes de la emisión se produjera, Évole contestaba con ironía: "¿Por qué no esperas al programa? Luego ya rajas tranquilo... Total, nos vas a criticar hagamos lo que hagamos". El estallido llegaba al término de Salvados, en el que manifestaba su "desprecio hacia los trolls que no dan para más".

La pelea con Rufián

El último incidente es el que, según confiesa Évole, le ha dado el empujoncito que necesitaba para apartarse de Twitter. Invitado a dar un discurso tras el concierto celebrado dentro de la campaña Volem acollir, el reportero, dirigiéndose al palco de autoridades, aseguró que "no se trataba solo de un problema de competencias, sino de incompetencia".

La frase sentó mal en el entorno de ERC y CDC, ya que la campaña tiene un fondo político: reclamar al Estado las competencias para que Cataluña decida su propia política de acogida de refugiados. Gabriel Rufián fue uno de los críticos más mordaces, acusando a Évole de complacencia con otros partidos no independentistas. El contraataque fue mortífero: el reportero exhibió como prueba el vídeo del acto, que probaba que Rufián, en el momento, aplaudió sus palabras. Ambos enterraban el hacha citándose para la manifestación que ha convencido a Évole de que "hay vida más allá de Twitter".